Traían a mujeres extranjeras, brasileñas o de los países del Este de Europa, y las sometían a unas condiciones laborales inaceptables. Algunas, las menos, sabían que venían a ejercer la prostitución, las otras simplemente pensaban que iban a trabajar en un centro social. Pero todas eran vejadas, 'multadas' por supuestos comportamientos inadecuados, como asomarse a la ventana o beber alcohol, y además estaban retenidas entre las paredes del Cub Jardín de Eva en Santa Marina de Piedramuelle. Este era el supuesto centro de operaciones de una red de prostitución que también operaba en pisos de la ciudad. Lo hizo, presuntamente, durante los años 1999 y 2000.
Ahora, el Ministerio Fiscal pide 154 años de cárcel para los siete imputados, que estaban liderados, supuestamente, por el propietario del Club Jardín de Eva, A. G. N. , de 41 años. En su escrito de acusación, el fiscal destaca que el acusado junto con su esposa, M. S. E. R., de 38 años, que se ocupaba de las cuentas, captaban a mujeres extranjeras y «aprovechándose de su penuria económica las obligaban a prostituirse». Tenían que hacerlo para pagar su deuda, la del dinero que A. G. N. les enviaba a través de unas oficinas dedicadas a las transferencias monetarias ubicadas en la calle Posada Herrera.
Las mujeres llegaban a diferentes ciudades, como Madrid, Zaragoza o París. Nada más bajarse del avión tenían que entregar el dinero que no habían usado. Se lo daban a R. A. C. o a J. C. C., otro de los dos acusados, quienes se ocupaban de los traslados de las mujeres. A su llegada a Oviedo, las chicas se alojaban en pisos de las calles Covadonga, Gil de Jazz y la plaza Primo de Rivera. Allí, eran obligadas a ejercer la prostitución durante varias semanas hasta que saldaban sus deudas. Las cuantías variaban en función, supuestamente, de la voluntad del cabecilla de la trama. Pagaban de las 80.000 pesetas que tuvo que recuperar una ciudadana polaca a los 2.500.000 que pagaron dos chicas brasileñas. Pero cuando alcanzaban la cuantía fijada aleatoriamente por A. G. N., no se acaba el suplicio.
Según relata el texto del Ministerio Fiscal, las mujeres eran trasladadas al Club Jardín de Eva, donde seguían ejerciendo la prostitución de forma obligada y 'multadas' por el propietario. «Las mujeres no llegaban a recibir prácticamente dinero alguno por su actividad» y eran «vigiladas y controladas», por el resto de implicados en la red, para que no abandonaran el local. El fiscal narra seis casos, la historia de seis mujeres que recibieron el mismo trato, una logró escaparse por una ventana.
Por los hechos descritos, el fiscal acusa a los siete implicados de un delito contra los derechos de los trabajadores y de seis delitos de prostitución. Cada uno de los inculpados se enfrentará a 22 años de cárcel. El juicio se celebrará mañana en el Juzgado de lo Penal número 4. En la vista oral testificarán los acusados, así como los policías encargados de la investigación.