La Biblia encierra grandes misterios. Algunos no han podido explicarse todavía y puede que permanezcan así indefinidamente, otros pueden discutirse de forma racional en un marco histórico y arqueológico. Ciertos misterios bíblicos aparecen de manera recurrente en los medios de comunicación, especialmente en internet: El jardín del Edén, Sodoma y Gomorra, Moisés y el Éxodo, El Arca de la Alianza, etcétera. Desgraciadamente, se han publicado montones de basura seudocientífica sobre estos temas y no precisamente por historiadores o arqueólogos profesionales, sino más bien por aficionados a estas disciplinas que abogando por una causa -como poner a priori la infalibilidad de la Biblia- obvian el proceso de investigación, ignoran las evidencias en contra o se olvidan de que hay grandes debates abiertos en diferentes campos dentro de los estudios bíblicos, la historia antigua y la arqueología que deberían afectar a sus 'investigaciones', y que comprenden aspectos tales como la validez de las fuentes, la precisión de la datación del carbono 14 o la misma crítica bíblica. Un ejemplo extremo de maximalistas bíblicos que consideran a la Biblia infalible y también de arqueología 'fantástica' es el de ciertos grupos evangélicos, como es el caso de la reciente expedición chino-turca que afirma haber encontrado restos del Arca de Noé en el Monte Ararat en Turquía. Aseguran que la datación por carbono 14 realizada a los restos de la estructura de madera hallada da una antigüedad de 4.800 años y creen que hay un 99,9% de posibilidades de que se corresponda con el Arca de Noé. Sin embargo, todo parece apuntar hacia otro fraude monumental, pues unos restos de madera de tal antigüedad ya se habrían reducido a polvo hace mucho tiempo, dejando muy pocos rastros tras de sí. Únicamente, si los restos del Arca hubieran quedado, por ejemplo, en las arenas de Egipto donde se han encontrado barcos de la época faraónica perfectamente conservados, o en el fondo del mar donde hay poco oxígeno y el material orgánico se puede conservar bien, en tal caso, sería factible. También es una posibilidad muy remota esperar que el Arca se haya conservado en el hielo de un glaciar, como fue el caso de los mamuts encontrados en Siberia. Por otra parte, hay otros aspectos relevantes dignos de ser considerados, como la localización del Monte Ararat, pues el relato bíblico menciona que el Arca de Noé «reposó en las montañas de Ararat» (Génesis 8:4) no en la cima del monte Ararat, aunque algunas traducciones prefieren la versión «los montes de Armenia». Estas montañas estarían en la antigua región de Urartu cerca de la actual Armenia y parece ser que sólo hace pocos siglos que el Monte Ararat de Turquía pasó a denominarse así. Esto ha llevado a otros investigadores a buscar otras localizaciones para el arca, como Irán, por ejemplo. Otro aspecto interesante es que nos encontramos con varias versiones del diluvio y similares a la historia de Noé. La más antigua que se conoce proviene de los sumerios y data del tercer milenio a. C., siendo el héroe de este relato el rey Ziusundra. Posteriormente, aparecen nuevas versiones, como la de principios del segundo milenio a. C., y el nombre del héroe cambia a Atrahasis. Hacia el 1800 a. C. aparece la 'Epopeya de Gilgamesh', rey que gobernó la ciudad de Uruk y en la que el superviviente del diluvio, Utnapishtim, le cuenta sus peripecias. En todas las versiones del Diluvio anteriores a la Biblia, los dioses acuerdan exterminar a la raza humana, no por su maldad o corrupción, sino porque eran demasiados, hacían mucho ruido y no dejaban dormir a los dioses. En la Biblia, el Diluvio se envía por razones morales, no por trivialidades. He aquí una diferencia importante. También, de acuerdo con los estudiosos de los textos bíblicos, parece que en la historia de Noé se mezclan dos versiones que se contradicen en algunos detalles: duración del diluvio, el número de animales, etcétera. Para concluir con el Arca y el Diluvio, hay algunos investigadores que plantean la hipótesis de que pudo haberse producido algún tipo de catástrofe natural en aquella zona del mundo y que hubiese permanecido en el recuerdo colectivo, aunque nunca de carácter universal. En 1998 dos geólogos de la Universidad de Columbia publicaron que habían encontrado evidencias de una gran inundación, desbordándose el Mar Negro y anegando partes de Turquía y quizás incluso más al sur hacia el 5500 a. C., aunque estudios posteriores han rebajado notablemente esta datación. También existen indicios de que cierto número de diluvios, de distinto tamaño e intensidad, tuvieron lugar en Mesopotamia y otros lugares del mundo antiguo. En cualquier caso, quedan todavía muchos interrogantes. Como sostiene la investigadora Molly Dewsnap Meinhardt, de la Biblical Archaeology Society: «el mayor reto al que se tiene que enfrentar cualquier investigador que intente resolver un misterio bíblico, es que en la Biblia se entremezclan, a veces en una sola frase, lo histórico y lo teológico, lo místico y lo verificable». La Biblia, como todos los libros sagrados, encierra una gran sabiduría, aunque, como toda obra humana, no está libre de defectos, contradicciones, errores y mezclas, pero, por otro lado, responde con un lenguaje de imágenes y parábolas a muchos interrogantes que ya por aquel entonces preocupaban a los seres humanos, y que siguen siendo muy importantes para las personas de hoy en día. Muchas de esas preguntas afectan al principio y a la esencia del mundo y del hombre y, utilizando estas metáforas y analogías sacadas de la vida de aquella época, es como el hombre precientífico podría explicar la actividad creadora de Dios.
Por otra parte, otra noticia sorprendente son las últimas declaraciones del físico Stephen Hawking sobre la vida extraterrestre, al afirmar que es lógico aceptar la existencia de vida inteligente fuera de la Tierra y que los humanos deberíamos evitar el contacto con ella, pues el resultado de ese choque de civilizaciones sería devastador para nosotros. Asombra que un científico de la categoría del genial Stephen Hawking haga este tipo de declaraciones, y, o bien tiene información privilegiada que desconocemos, o puede que se le «haya ido la olla» a este buen hombre. ¿Por qué dice esto ahora? Y en lo que respecta a que los humanos evitemos su contacto, ¿a qué se refiere Hawking? ¿Cree posible que podamos viajar más allá de nuestro sistema solar en un futuro próximo? Misterios y más carnaza para esos programas tan 'científicos' de determinadas cadenas de radio y televisión que fomentan las nuevas 'religiones' basadas en el ocultismo, lo paranormal, lo esotérico, o los 'millones' de avistamientos de OVNIS, contactados, y otras maravillas.