Habida cuenta de su conocida querencia por los atuendos deportivos, las apuestas estaban diez a uno a que el concejal de Deportes, José Ramón Tuero, aparecería sin corbata a su boda con su novia de años, Isabel Crespo. Y no fallaron. Ayer, al filo de las seis de la tarde, Tuero se presentó en la plaza Mayor sin la tira de tela que marca el protocolo para estos casos. Pero no sólo eso: compareció en una bici de GijónBici y en mangas de camisa. Porque la americana del primer traje de su vida y también espera que el último, como él mismo confesaría poco más tarde, venía en una bolsa de plástico colgada del manillar.
Cerca de 200 invitados esperaban al triatleta -porque lo del deporte no es de boquilla- y a su futura esposa, que llegó, blanca y atacada por los nervios, minutos después a bordo de un espectacular Mercedes y con un vestido con escote palabra de honor de Rosa Clará, ramo de rosas blancas y el pelo prendido con un broche en un semirrecogido. Ella, muy clásica.
Sólo faltaba la madrina y hermana del contrayente, y la cosa se retrasaba, con el consiguiente apremio de la concejala de Medio Ambiente, Dulce Gallego: «La jefa nos va a poner pingando. Teníamos que estar arriba ya».
Y «la jefa» tomó el bastón de mando y no defraudó. «A estos chicos del deporte les gusta mucho el sport», empezó Paz Fernández Felgueroso regañando al contrayente. «Ya le había amenazado con que, si venía sin corbata, no lo casaba. Y, por lo tanto, ha desobedecido a la autoridad competente. Pero, al menos, me voy a vengar y la va a tener en la mano», le dijo, mientras le entregaba una. Cedió luego el testigo a José Manuel Sariego, quien dedicó un poema de Lope de Vega a la novia, y al equipo de gobierno -con la única ausencia de Pilar Pintos, de viaje-, que consiguió arrancar las lágrimas del novio con la lectura compartida de una composición de Felpeyu: «En ellos poso el corazón/ en ellos pongo la esperanza/ la grana azul del futuru/ y la flor de la acordanza». Su autor, Ígor Medio, fallecido en un accidente de tráfico en 2006 y alma mater de la mítica banda de folk, era primo de Tuero.
«No se oyó. ¡Cobarde!»
«Estamos todos muy emocionados y no sé por qué, la verdad», quitó tristeza al recuerdo la alcaldesa, quien le recordó a su concejal que la corresponsabilidad entre la pareja de la que habla el Código Civil «no consiste sólo en poner la lavadora». Así que, para cuando Tuero pronunció el «Sí, consiento», las sonrisas ya habían vuelto al Salón de Recepciones. «¡No se oyó. Cobarde!», gritó alguien, pero Felgueroso sí lo había escuchado y, en nombre de amigos y familiares, les deseó amor eterno. «Amor eterno sí, pero la bici tienes que devolverla en dos horas», apostilló José María Pérez, alias 'Josechu'.
Del Consistorio se fueron al BAL Hotel, de Quintueles, cuyo restaurante gerencia el padre de la novia, Vicente Crespo. Y la luna de miel serán 16 días en Argentina y Uruguay «ya de sport».