«Con vuestro esfuerzo, conseguiréis todo lo que os propongáis». El mensaje que la Princesa de Asturias transmitió ayer a los congregados en el teatro de El Entrego con motivo del Día del Emprendedor estuvo cargado de optimismo y de constantes referencias a unporvenir alentador. Y es que Doña Letizia Ortiz no se cansó de valorar la «apuesta por el futuro» que se ha realizado con el Programa de Cultura Emprendedora del Principado de Asturias, un proyecto que se encarga de incentivar la generación de propuestas empresariales en los jóvenes escolares. La iniciativa vivió ayer su clímax anual en el concejo de San Martín del Rey Aurelio con la celebración de los actos centrales de una experiencia que cumpe su quinto año de vida y que precisamente se dedica a eso, a dar vida a las ideas de los más jóvenes, de los herederos de una sociedad y de un sistema económico que no atraviesan su mejor momento.
La Princesa quiso destacar, en la parte final de un discurso leído con cadencia periodística, el «orgullo»· que supone «comprobar como este esfuerzo colectivo da ya sus frutos en tantos jóvenes que están comprendiendo que emprender, mediante el conocimiento, la creatividad y por su puesto al tecnología como gran aliado, es la mejor garantía de futuro». Una vez más, una alusión a lo venidero. Pero en su visita a El Entrego, la Princesa de Asturias también encontró tiempo para recorrer un mercadillo realizado por los jóvenes y
atender a las reivindicaciones de los trabajadores de Venturo XXI, que acudieron a plantearle la difícil situación que afronta su empresa.
Antes que Doña Letizia cerrara las intervenciones, Manuel Campo Vidal, brillante conductor de la pequeña gala, fue dando paso a los discursos de los demás ponentes, que no fueron otros que el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, la secretaria general de Industria, Teresa Santero, y el alcalde en funciones de San Martín del Rey Aurelio, César Núñez. En el escenario también estuvo durante todo el evento el consejero de Industria, Graciano Torre, aunque no subió al estrado en ningún momento.
Areces centró su discurso, del mismo modo que los otros dos políticos que tomaron la palabra, en la necesidad de «una nueva cultura empresarial» que ponga freno a la actual crisis económica. Esta nueva casta de empresarios tiene el deber, según el presidente asturiano, de estar comprometida «social y medioambientalmente» con el objetivo de poner fin «al ajuste de los mercados». Además, el jefe del ejecutivo asturiano hizo balance de sus once años en el poder , en los que se han creado, según sus cuentas, «25.241 nuevas empresas», sin incidir en cuántas de ellas permanecen ahora mismo activas.
La secretaria de Industria, Teresa Santero, realizó una breve intervención en la que se mostró «enormemente satisfecha» con el resultado del programa de emprendedores asturiano, que debe «exportarse a las demás comunidades españolas». Además, Santero calificó a los propios emprendedores como «el combustible que mueve la actividad económica» ya que, «las máquinas solo son ingredientes que fracasan en su labor si no se tienen ideas». Por último, la política del PSOE sentenció que «la prosperidad de un país requiere gente preparada y es deber de los gobiernos y de la sociedad preparar a los jóvenesque recogerán el testigo a todos los niveles, ya que ellos serán el pilar fundamental del futuro».
El alcalde en funciones de San Martín del Rey Aurelio, César Núñez, estuvo en su papel al recordar que su concejo está «dejando atrás los tiempos de la industria de la minería» y que afronta nuevos retos con la diversificación y «la apuesta por las TIC, el sector servicios y el turismo», para lo que es necesario «un tejido económico dinámico». «Las tres palabras que mejor defines a los habitantes de San Martín son trabajadores, reivindicativos y solidarios», señaló el improvisado primer edil, para justo después recordar, para quien quisiera escucharle, dos proyectos muy importantes para el municipio que permanencen en el olvido: El centro de empresas TIC del pozo Entrego y el parque empresarial en los antiguos talleres de Santa Ana.
Una vez acabada la breve ceremonia, que Campo Vidal cerró con un judicial «se levanta la sesión», comenzó el paseo de la princesa por las inmediaciones del teatro. En el parque de La Laguna se apostaban ejércitos de jóvenes dispuestos a entablar conversación con la verdadera protagonista del día. 59 cooperativas escolares formadas al amparo del programa de emprendedores y dos carpas en las que se expusieron proyectos durante todo el día fueron el destino de Doña Letizia antes de abandonar la localidad cabecera de San Martín a eso de la una y media de la tarde.
Antes, la esposa de un Príncipe al que la gente tampoco echó tanto en falta como se esperaba, se dio el habitual baño de multitudes con los cientos de personas que se agolpaban en las vallas publicitarias dispuestas a saludarla o a intercambiar unas breves palabras con ella. Tras pararse con varios jóvenes, Doña Letizia encontró la mirada de Marichu Fernández, una entreguina que ya «había saludado a su marido varias veces» y que le recordó que «cuando los papás de Felipe eran príncipes ya había hablado con ellos en la inauguración del polideportivo municipal». En los corrillos de gente, generalmente formados por señoras o jóvenes, los comentarios eran casi siempre los mismos: «Está muy delgada» y «le faltan dos o tres kilinos» y «está más guapa en persona que por la tele» fueron los más escuchados, si bien algún veinteañero, como el ovetense David Lobeto, no dudó en reconocer que lo único que le había faltado en el breve diálogo que mantuvo con la Princesa fue «pedirle el teléfono».
Bromas aparte, la Princesa fue atravesando los puestos con el séquito político detrás suyo, una comitiva que comprobaba la conexión de Doña Letizia con los chavales, que no dudaron en pedir una y otra vez hacerse una foto con ella, un deseo que siempre fue cumpido. Para acabar, justo antes de que se montara en el coche oficial, se vivió uno de los momentos más destacados del día. Aurelio Suárez, camarero de la sidrería La Conda, requirió la atención de la Princesa para escanciarle un culete de sidra. Ni corta ni perezosa, y como le había prometido ateriormente a Arurelio, se acercó a la valla y esperó a que el emocionado camarero le sirviera lo prometido. La Princesa bebió, se lo agradeció y se montó en su oscuro coche oficial, rumbo a una nueva cita.