Seguiremos colgando las banderas de colores sobre las pistas de baile y la luna y el sol continuarán fabricando para nosotros las luces más centelleantes. Por eso la vida es cómica y triste, por eso el realismo duele y hace reír. Los reflejos de las luces regaladas, que son como fama de ceniza, brillan sobre la pared donde recuestan su mediocridad los personajes de Empar Moliner. La pared se desploma y a ellos los brillos les parecen vómitos. En el libro de esta autora sin género (como aquella Djuna Barnes de 'El bosque de la noche'), sin vergüenzas, sin certezas y sin nacionalidades, los sentimientos andan tan expuestos a la luz que parecen fotografías recientes y los seres se arrastran por las cunetas de la contradicción intentando formar parte de la élite de los normales. Hay una maquilladora que sueña desde el escombro de su ignorancia, una escritora que opina y vomita obras maestras salpicadas de polvo blanco, una enfermera que quiere legitimar 'lo suyo' para ser hada normal y no muñeca perdida, los dueños de un restaurante que hacen con su agonía un disfraz, un filólogo periodista que realizará la entrevista de su vida sin saber cómo ni por qué se realizan las preguntas, un matrimonio de psicoterapeutas asqueados y civilizados y «para nada normales», una presentadora insignificante sobre la que se desploma el paramento implacable de la soledad y que bien podría haber sido hija de una princesa secuestrada y de un traficante de armas, un hombre bajito y resentido y optimista (todo a la vez) que tiene una mujer que lo mira sin esperanza y un hijo que no para de llorar, un solitario traductor de la 'Eneida' que hace de la rutina una profesión y del amor un pleonasmo (desde la cita previa al accidente fortuito), una cajera que se maquilla como si siempre fuera de noche y a quien los sueños se le derriten como chocolate al sol.
Estos son los personajes que ha creado Empar Moliner en este libro editado por Acantilado, 'No hay terceras personas'. Una obra magnífica repleta de realismo, de ironía, de tristeza y de comicidad contada con ingenio y sutileza y, desde luego, con las palabras precisas. Un libro entretenido, meritorio y sincero.