No cabía un alfiler. Ni en el escenario, ni en el patio de butacas. Siete coros con sus 400 voces unieron ayer sus talentos en el Auditorio Príncipe Felipe en una reivindicativa interpretación de la cantata 'Carmina Burana', de Carl Orff. La Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, la Coral Polifónica de Asturias Cruz de la Victoria, la Coral Polifónica Gijonesa Anselmo Solar, el Coro Universitario de Oviedo y los tres coros de la Fundación Príncipe de Asturias -coro de jóvenes, de adultos y de niños-. En el escenario, el coro infantil y el de adultos de la Fundación, con la Orquesta Filarmonía Ciudad de Oviedo y los solistas Milagros Poblador, Jordi Domenech y Ángel Ódena, bajo la dirección de Marzio Conti.
En el patio de butacas, puesto en pie para la música y en apoyo a la capitalidad cultural de Oviedo, distribuidos por cuerdas y mezclados estratégicamente entre el público, los restantes coros protagonistas de esta peculiar edición de 'Música Participativa', ideada por la Fundación la Caixa. El resultado fue de una monumetalidad casi catedralicia y siempre envolvente, especialmente en las páginas de mayor densidad coral, como el archifamoso 'O Fortuna', el final de 'Primo Vere' con 'Si todo el mundo fuese mío' o el 'Ave formosissima'. Tal vez, la distribución de coros hubiese estado mejor en el anfiteatro, ya que hubiese equilibrado más la sonoridad. De todas formas nada restó un ápice de brillantez y éxito a esta experiencia coral participativa.
El director Mario Corzi llevó una versión de gran fuerza dinámica. Con mucho sentido del timbre, del color, tiempos generalmente muy animados, pero tratados con naturalidad y cierta flexibilidad. Respecto a los solistas, los tres estuvieron francamente bien. Ángel Ódena en su difícil papel de barítono, mostró claridad y amplia tesitura. Milagros Poblador, muy lírica y con gran sentido del fraseo ligado, y Jordi Domenech, sentido de la ironía y una línea melódica continua en las difíciles tesituras impostadas.
'Carmina Burana' es una obra de una coralidad prismática, organizada en gran coro, coro de niños y pequeño coro, lo que da a la obra una gran variedad de contrastes de timbre y registros. Esto fue lo más espectacular. Los niños en sus intervenciones de una afinación y empaste perfecto. Los otros coros, muy compactos y con un sentido individualizado en las cuerdas y al mismo tiempo concertantes con los solistas. El resultado, una espectacular sonoridad y una ovación que hizo salir al elenco a saludar hasta cuatro veces.