Cada vez es más difícil encontrarse con universitarios que no hayan optado a una beca Erasmus y cada vez son más habituales los lamentos de los que no tuvieron la oportunidad o no pudieron aprovecharla. Sólo con pronunciar la palabra Erasmus, saltan a la cabeza fiestas, cervezas, viajes y el estudio mínimo. Incluso kilos de más. Porque es bastante habitual que los estudiantes regresen a sus casas un poco más rollizos. Eso es lo que se dice. Un tópico, que ayer medio centenar de alumnos de intercambio quisieron rebatir. Lo hicieron concinando platos típicos de sus países en el concurso organizado por el Ayuntamiento, Abaco, AEGEE y Hostelería de Asturias.
«Yo he aprendido a cocinar en Oviedo», «es la segunda vez que cocino el plato en mi vida y las dos han sido mientras estaba en la ciudad» o «intentamos cocinar con el poco dinero que tenemos», son algunas de las explicaciones de los jóvenes. De hecho, la idea de realizar un concurso de cocina partió de ellos. El Consistorio solicitó a los diferentes colectivos universitarios ideas para incluir en las actividades de difusión de la candidatura a Capital Europea de la Cultura. Ésta fue la que prosperó. En total, en la improvisada cocina instalada en la plaza de Trascorrales, compirtieron 18 equipos de países como Italia, Francia, Alemania, Mexico, Perú, Polonia, EE UU, Palestina y Jordania, entre otros.
Los 'erasmus' regresan a sus países en las próximas semanas, así que, cuentan, «es la fiesta de despedida». Aunque el premio también hizo apetecible la actividad. El ganador se llevó 400 euros, 300 el segundo clasificado y 200 el tercero. Porque lo que sí que no es un tópico, según los chicos, es que de Erasmus se pasan canutas. Viven con lo poco que les dan las instituciones de su país de origen. «Si nos cae el premio no nos vendría nada, pero que nada mal», confesaba José Manuel Peláez, de Perú.
Los estudiantes se lo tomaron en serio. Con los 50 euros que les facilitó la organización compraron los ingredientes, se pintaron la cara con la bandera de su país y buscaron trajes típicos. Algunos incluso colgaron una cartulina con información de su país. «En Polonia no hay osos polares, ahora hay 35 grados», decía una. Parece que el curso en la ciudad les ha marcado, porque entre sus personajes célebres colocan al piloto de F-1 Robert Kúbica, conocedores de la afición asturiana por Alonso. Lo que fuera para ganarse al jurado. Incluso un piropo en polaco. 'Siema laska!'. O lo que es lo mismo: Hola guapa. Aprenden rápido.