La capital de Parres amaneció ayer completamente anegada de agua como consecuencia de las fuertes lluvias que desbordaron no uno, sino los tres ríos que rodean Arriondas: el Piloña, el Sella y el Chico. Una enorme riada cruzó sin piedad la localidad llevándose por delante mobiliario urbano y vehículos, y entrando a presión en numerosos bajos comerciales y viviendas.
La situación generó temor y desolación entre los vecinos que tuvieron que abandonar sus viviendas, como Begoña Labra y Javier Fernández, de El Barco, uno de los barrios más afectados. Allí el agua alcanzó más de un metro y medio de altura en apenas veinte minutos y se llevó por delante parte de sus vidas. «Cuando vi que el río iba a desbordarse saqué a los niños para llevarlos a casa de mi madre. Cuando regresé, ya estaba entrando el agua en casa. A mí me tuvieron que sacar por la ventana porque la puerta ya no abría», relata angustiada la mujer al tiempo que recoge de la calle fotos de sus hijos y otros objetos personales que el río le arrebató en apenas unos minutos.
Más impresionante fue el desalojo de la residencia de la Castañera, junto al hospital de Arriondas, en la que vivían un total de 31 ancianos que tuvieron que ser evacuados en piragua. Ya realojados en un hotel de Arriondas, Ángeles Noriega, de 81 años, relataba la experiencia vivida aún aturdida por los acontecimientos. «Quien me iba a decir a mí que me iba a subir a una piragua a estos años. Pero nunca más, pasé mucho miedo». Pese a su edad, jamás había visto nada igual en Arriondas. En realidad, nadie lo había visto nunca.
Fue el río Piloña el primero en desbordarse entorno a las nueve de la mañana y, aunque los vecinos y comerciantes de Arriondas trataron de sellar sus locales con toallas y sacos de arena, tuvieron que acabar abandonando sus propiedades a su suerte al comprobar que en apenas unos minutos el nivel del agua alcanzaba en algunos puntos hasta los dos metros de altura. Natalia Suárez, propietaria de la tienda REgalos Miravalles de la calle Ramón del Valle, es una de las más afectadas. «Todo está inundado, los daños son incalculables», sentencia. No fue la única que tuvo que salir corriendo. El personal del centro de salud de Arriondas tuvo que abandonar las instalaciones por la ventana.
Aunque a mediodía cesaron las lluvias, no fue hasta bien entrada la tarde cuando muchos de los afectados pudieron entrar nuevamente en sus domicilios y comercios.
La zona educativa, el parque de La Concordia y el de La Llera tardarían varias horas más en recuperar su normalidad, y el suministro eléctrico no se restablecería hasta las nueve de la noche. Comienzan ahora las labores de limpieza que, seguramente, se prolongarán durante días. Al menos, no hay que lamentar víctimas.