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Saramago en los infiernos

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Saramago en los infiernos

No puede replicar al Vaticano, porque su cuerpo son ahora cenizas

10.07.10 - 03:11 -
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Saramago: «El cielo tiene cuentas pendientes conmigo que algún día pretenderá ajustar, en el Juicio Final, quizá mandándome al infierno». Pero no ha llegado el Juicio Final, que algunos lo sitúan ya al alcance de la mano: el 21 de diciembre de 2012. Sobre Saramago, con ocasión de su fallecimiento, se oyeron otros juicios, los elogios rituales 'post mortem'. En ellos se habla de las excelencias del difunto, de lo bueno que era. Son valoraciones, a veces mentiras, piadosas. Sirven para llenar los silencios en las conversaciones de tanatorios, como cuando se habla del tiempo en un ascensor; acompañan a las siempre difíciles palabras de pésame; cuando el difunto descuella sobre el común de los mortales, ayudan a los políticos en sus declaraciones, incluso a los que no leyeron ni una de sus líneas o un día lo confundieron con la pintora Sara Mago.
En los periódicos los juicios sobre el fallecido vienen incluidos en una nota necrológica. La del 'Osservatore Romano' era malvada y rebosante de rencor: «Anclado hasta el último momento en su obstinada confianza en el marxismo (.), puesto lúcidamente de la parte de la cizaña en el campo de grano evangélico». Es una excomunión en toda regla, algo así como enterrar al muerto maldito extramuros del camposanto.
De cizaña y de trigo algo sabía Saramago. En su discurso de aceptación del premio Nobel escribió: «Muchas veces, a escondidas de los guardas, fui con mi abuela, de madrugada, a recoger en los rastrojos la paja suelta para lecho del ganado». ¡Cizaña! Dos significados metafóricos tiene: a) Vicio que se mezcla entre las buenas acciones y costumbres, b) Cualquier cosa que hace daño a otra maleándola o echándola a perder. En la parábola evangélica se dice que la cizaña son los hijos del maligno, que es el diablo quien la sembró y que, en el fin del mundo, será echada al horno de fuego y que allí habrá llanto y crujir de dientes.
El infierno de Saramago es otro, el de la insolidaridad y el de la falta de amor: «Al infierno, señores, al infierno de los hombres, / allá donde no hay hogueras, sino desiertos. / Venid todos conmigo, hermanos o enemigos, / a ver si poblamos esta ausencia / llamada soledad. / Y tú, claro amor, palabra nueva, / que tu mano no suelte mi mano».
Por otra parte, José Saramago no pude replicar directamente al Vaticano, porque su cuerpo ahora son cenizas y éstas son silenciosas. Pero podemos hacerlo sus lectores con las palabras que nos dejó. Por ejemplo, éstas: «El silencio es la tierra negra y fértil, el humus del ser, la melodía callada bajo la luz solar. Caen sobre él las palabras. Todas las palabras. Las palabras buenas y las malas. El trigo y la cizaña. Pero sólo el trigo da pan».
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