Arte o ciencia oculta con que se pretende producir resultados contrarios a la leyes naturales. Eso es la magia, según el diccionario de la Real Academia Española. Aunque a las personas que ayer acudieron al Albergue Cano Mata Vigil para ver al ilusionista José Armas, poco les importaban las definiciones o descripciones de los académicos. Ellos fueron a pasar el rato. Primero, estaban un poco escépticos, luego totalmente sorprendidos por los trucos. «Yo mañana juego a la primitiva a ver si pasa los mismo. Y eso que no me gusta el juego», bromeaba uno de los asistentes tras un truco en el que el mago dio con la carta que él estaba pensando.
Era la segunda sesión que Armas ofrecía en el albergue de San Lázaro. Y había quien repetía. «Me gustó mucho lo que hiciste con las palomas, así que vuelvo a verlo», decía un joven, que puntual, a las 17.00, aguardaba a las puertas del comedor, donde se desarrolló el 'show'. Fue precisamente con las palomas con las que el mago se ganó la primera atención de los presentes. Una doblez por aquí un pliegue por allá, y quedó una perfecta obra de papiroflexia. El mago metió la paloma de papel en un libro y al abrirlo salió una de verdad, una de carne y pluma, que se dio un paseo por la sala. Aplausos y los espectadores ya estaban en el bolsillo.
De una sartén con fuego voló otra paloma, que luego fue prensada en una pequeña caja y atravesada por cinco mini espadas. Salió indemne. Casi corrió más peligro cuando uno de los asistentes, todos usuarios del albergue, la agarró al vuelo por la cola.
Luego llegó el turno de las cartas. De las 52 de una baraja de póquer invisible, convertida más tarde en real, Armas consiguió acertar justo la que se había imaginado Manolo. «Era esa, el diez de corazones», repetía incrédulo. Todo halagos para el mago, que en algún momento le toco tragar saliva dos veces. Un voluntario sacó una carta de la baraja, la enseñó al público y barajó insistentemente. El ilusionista eligió una carta y desechó el resto. Cuando llegó el turno de comprobar la puntería, el público se hizo un lío entre los rombos y las picas. «Era el cuatro de picas», decían. Pero el mago tenía en sus manos en cuatro de rombos. Tras un momento de confusión, había acertado de nuevo.
«Que se rían»
«Lo importante es que estas personas sin hogar se rían y lo pasen bien con estos espectáculos a los que de otra forma no podrían asistir», explicó Armas. De hecho, además de actuar para los usuarios del Albergue Cano Mata Vigil, el mago ofrece su espectáculo a niños enfermos de cáncer, discapacitados y personas mayores internas en residencias. Desde que hace unos cuatro años se dedica a la magia de forma profesional colabora con Cáritas, que gestiona el albergue.