La Semana Grande ya está aquí: «Felices y divertidas fiestas de Gijón, durante la Semanona y durante todo el año», grito Paz Fernández Felgueroso desde el balcón del Ayuntamiento después de escuchar el pregón de Ladislao de Arriba y apenas unos segundos antes de que Víctor interpretara desde el escenario 'Gijón del alma' y 'Asturias patria querida'.
La inauguración oficial de las fiestas de Begoña se hizo con poco público en la plaza y con el sabor de la despedida de la alcaldesa, que, tras tres mandatos, dice que afronta su última Semanona con una sensación agridulce, con una mezcla de alegría y tristeza. «Siempre hay morriña, pero afronto la Semana con alegría porque la próxima voy a estar ahí abajo, voy a escuchar el pregón desde la plaza Mayor». Y es que la alcaldesa lo tiene más claro que el agua: «A mí no se me quita delante tan fácilmente, voy a seguir participando activamente».
Con esa morriña y con «la alegría de haber vivido tantos años el pregón siendo alcaldesa de una ciudad tan cariñosa, tan activa y tan atractiva», brindaba por última vez en el salón de recepciones del Ayuntamiento con Ladislao de Arriba, al mismo al que escuchó y acompañó y con quien rió en el balcón durante su lectura de un pregón que dirigió a los «gijonesesy gijonudas, playos y foriatos, aves de paso y vecinos, neños, guajes y rapacinos». O sea, a todos, y que arrancó al grito de «¡Salud!».
Comenzó Ladis por presentarse, por recordar que nació hace 86 años entre el Humedal y Fomento, en el mismo lugar donde vivía 'El Presi', por rememorar sus origenes familiares y su gijonismo «con genes melquiadistas y cenetistas», por viajar por sus tiempos de estudiante y por evocar a sus amigos de Somió, El Llano, La Arena y el Natahoyo... Dijo ser un gijonés «muy raru» y se explicó con creces. Ama la ciudad en la que no vive desde hace 60 años, bebe sidra y no la escancia, pero, eso sí, «prefiero los oricios al caviar y les llámpares a les ostres».
Por fin llegó el momento de hablar de la misión encomendada por la alcaldesa de pregonar las fiestas en honor de Begoña y lo hizo dejando claro que la crisis «esti mes va de vacaciones», porque lo que importa es la fiesta, pero siempre con mesura. «Acordaos: comed con medida, bebed sin faltar, cantad sin desbarrar y bailad lo que el esqueleto dé de sí», señaló, no sin antes recordar que el suyo es el último pregón que encarga una alcaldesa que «fartucose de nosotros y piensa dedicase a los sus nietos. Fai bien».
Pidió, por último. al público, que gritara dos vivas para dar inicio a la fiesta, y en ese momento se produjo la anécdota. «¡Viva Gijón! y ¡Viva la Virgen de Covadonga!», dijo, confundiendo en un lapsus verbal a la virgen de Asturias con la de Gijón, la de Begoña, que era la que estaba correctamente escrita en los papeles que le guiaron en su discurso.
Fue entonces cuando la alcaldesa puso el colofón al pregón pidiendo diversión y cuando Víctor cantó con el coro de voces de la plaza el 'Gijón del alma'. Claro que antes de que Ladis y la alcaldesa se asomasen al balcón, en el escenario instalado en la plaza Mayor ya había sonado otra música. Se escuchó 'Cuantu me gusta Gijón', una pieza que le canta precisamente a la Virgen de Begoña, y se observaron los bailes de los grupos folclóricos Covadonga, Azabache, Los Xustos, Flor de Xaranzaina, La Alegría, El Xiringüelu y Jovellanos.