Begoña, 2. Edificio en pleno centro de Gijón. Entorno peatonalizado... Las referencias suenan atractivas. Sin embargo, la entrada al inmueble lleva tiempo tapiada con enormes bloques de hormigón y sus cuatro plantas completamente desocupadas, mientras el tiempo sigue gastando los ornamentos que cubren su fachada, original del año 1915. Según el nuevo Plan General de Ordenación (PGO), que hace sus estimaciones a partir de la ausencia de consumo eléctrico, en Gijón existen actualmente 7.098 viviendas vacías, 1.619 de ellas en pleno centro. En muchos casos estos datos no se refieren sólo a pisos temporalmente desocupados dentro de un inmueble, sino a portales completos que, por una u otra razón se han quedado sin vecinos y, poco a poco, van deteriorándose pese a su ubicación, en ocasiones, privilegiada.
Este abandono, no obstante, no se limita a los edificios de viviendas. La desaparición de usos industriales en el casco urbano por el traslado de empresas a los polígonos del cinturón de la ciudad o, simplemente, por el cese de actividad, ha dejado el callejero de Gijón salpicado de naves abandonadas, condenadas, en muchos casos, al derribo.
En bloques como el de la calle de Ezcurdia 16, en primera línea de playa, las señales de abandono son evidentes. No sólo por la madera desgastada de sus grandes miradores ni por el óxido que recubre todos los elementos metálicos de la fachada, expuestos a la acción del salitre. Tampoco por el polvo que oscurece sus cristales. Lo son, sobre todo, por un portero automático del que sólo quedan la caja y un manojo de cables pelados, y por la cadena asegurada con candado que ata las dos hojas de una puerta desconchada de madera, que muestra la cerradura reventada. En uso hasta no hace muchos años, su deficiente estado de conservación ha empeorado aún más tras quedar deshabitado. Pero ni su importancia arquitectónica -que ha llevado a los técnicos municipales a catalogarlo como patrimonio arquitectónico merecedor de protección integral- ni su ubicación en pleno Muro de San Lorenzo parecen suficientes para atraer la atención sobre este inmueble y devolverle la vida.
No hay que ir muy lejos para encontrar casos similares: apenas a unos metros, la situación de abandono se repite en los portales 32 y 34 de la propia calle Ezcurdia. Estos dos edificios también miran cara a cara al Cantábrico pero, mientras sus vecinos acometen notables lavados de cara dentro del plan municipal para acristalar y asear el Muro, ellos malviven en silencio, sellados uno con candado y el otro, casi ya sin cristales, con gruesos tabiques de hormigón que ciegan por completo la puerta principal y las ventanas del bajo. En Jacobo Olañeta 12 el acceso lo impide un gran tablón de madera y el desamparo lo constatan los botones ausentes del portero automático.
En el centro de la ciudad son más los ejemplos que se repiten, pero quizás uno de los más significativos es el caso, por su tamaño y situación, de los números 2 y 4 de la calle del Marqués de Casa Valdés. De un estilo ecléctico con influencias del modernismo, la enorme fachada azulejada de estos dos edificios diseñados en 1914 por Juan Álvarez Mendoza no pasa desapercibida a los ojos de los transeúntes. Juntos ocupan una parcela de casi 600 metros cuadrados en pleno corazón urbano, pero todo parece indicar que llegarán deshabitados a la celebración de su centenario. Sus últimos moradores se alojaron en 'régimen' de ocupación, hasta que después de varios incendios se decidió tapiar los accesos.
La 'okupación', bien por la mera búsqueda de un techo o bien con carácter reivindicativo, es en muchas ocasiones el destino de estos bloques mientras no vuelven al mercado inmobiliario. El caso más reciente fue, en La Calzada, el asentamiento durante once meses de un grupo de jóvenes en la gran nave abandonada por Flex a finales de los años 90, junto a la avenida del Príncipe de Asturias, que fue utilizada como Centro Social Okupado Autogestionado (CSOA) y rebautizada como La ReFLEXón hasta que en junio de 2009 se produjo el desalojo por orden judicial. Tras una década de abandono, la redacción del PGO anticipa su próxima desaparición, con la transformación de esta zona industrial en un espacio eminentemente residencial, con 240 viviendas.
Abandono en El Natahoyo
Como en el caso de la nave de Flex, hay otras edificaciones en estado ruinoso cuyo futuro está determinado por los planes especiales recogidos en el futuro Plan de Ordenación. Una de ellas es la antigua Jabonera de El Rinconín, que agoniza desde hace décadas convertida en escombros y cuyo derribo ya está en trámite, dentro del futuro desarrollo de la zona, que prevé el desalojo de las edificaciones más próximas a la costa desde el Restaurante Bellavista hasta el Sanatorio Marítimo. En la misma situación que esa vieja instalación industrial se encuentra la discoteca Rocamar, que desde que cerró sus puertas en 2002 ha sufrido un grave deterioro, especialmente a consecuencia del gran incendio registrado en 2004 y que se relacionó con su abandono .
En El Natahoyo otro plan especial (PE-03) hará desaparecer el barrio que se enmarca entre las calles de Agustín Suárez y de Coroña, junto al 'tallerón' de Duro Felguera. En esta zona existen una veintena de casas de planta baja o de tan sólo dos alturas, la mayoría de las cuales están deshabitadas. De muchas de ellas tan sólo quedan ruinas vigiladas por las palomas que toman por decenas sus ventanas. La intención de este plan es reordenar el área para crear una nueva fachada marítima que dé continuidad al parque empresarial previsto en Naval Gijón y conecte con los nuevos terrenos del PERI del Santa Olaya. El ámbito de este plan especial incluye también otro gran bloque abandonado, que es el que forman los portales 56, 58, 60, 62, 64 y 66 de la calle de Mariano Pola.
Por el resto de la ciudad se diseminan decenas de edificios deshabitados más. En ocasiones, pequeñas construcciones que en su momento resistieron la presión inmobiliaria que les rodeó de grandes bloques. También hay casos paradigmáticos, como el de la Torre Valdés Bandujo, en Roces, aislado del mundo en lo alto de una colina por el trazado del enlace de Porceyo.