Cuando el Gobierno español anunció el resultado del concurso convocado conjuntamente con Francia para crear autopistas del mar entre ambos países informó de la aprobación de dos proyectos: uno con cabecera en Gijón y otro, en Vigo. El referido concurso no limitaba en sus bases el número de propuestas susceptibles de obtener subvención, de forma que no había motivo para pensar que fuera una sola la naviera favorecida. De los tres proyectos presentados fueron seleccionados dos, ninguno de los cuales cumplía rigurosamente, por cierto, las bases del concurso.
Con dos autopistas del mar aprobadas, era fácil prever que al reto que de por sí supone abrir un nuevo mercado se añadiría el problema de una dura competencia, no tanto por precios como por el 'hinterland' o ámbito geográfico de influencia. Sin embargo, GLD Atlantique, el consorcio naviero de Grimaldi y Louis Dreyfus que pone en marcha la autopista del mar de El Musel, no está teniendo en cuenta al hacer la comercialización de su línea la posibilidad de que exista otra en Vigo, al menos a corto o medio plazo. Galicia es región incluida entre las que pueden utilizar el barco que hará escala en Gijón y aspira incluso a llegar al Norte de Portugal. El proyecto vigués se encuentra parado, por el momento, aunque el ministro de Fomento, José Blanco, pronostica que sí entrará en servicio este año.
Incertidumbre
A los responsables de GLD Atlantique no les gusta valorar la incertidumbre que afecta al proyecto de Vigo, pero actúan como si no fuera a llegar nunca esa competencia y no hay muchos motivos para pensar que se equivoquen. Ni la naviera concesionaria (Acciona Trasmediterránea), ni la Autoridad Portuaria de Vigo apuntan novedades sobre un proyecto del que se desconoce paso alguno desde finales del pasado mes, cuando el presidente de Acciona, Jorge Vega-Penichet, evitó compromisos en unas jornadas organizadas por la Autoridad Portuaria de Vigo para debatir sobre el futuro de esa iniciativa.
¿Por qué esa incertidumbre y cuál es la razón por la que una naviera pasa de presentar una oferta en un concurso a supeditarla, una vez admitida, a unos estudios de mercado que habrían de realizarse durante este año y/o a alcanzar acuerdos con otras compañías del mismo sector?
Cuando Acciona Trasmediterránea optó a una autopista del mar realizaba un tráfico regular entre Vigo y Nantes de vehículos nuevos de Peugeot-Citroën. Dicho movimiento habría de servir de base para hacer sostenible la línea o, al menos, para reducir el riesgo que implica la necesidad de hacer tres escalas en cada puerto, lo que, en el caso de Vigo, obligaría a poner en juego un segundo barco.
El caso es que Acciona perdió ese tráfico de coches nuevos y el proyecto vigués se quedó entonces sin ocupación garantizada, es decir, con menores ingresos previsibles, y, sin embargo, el doble de gastos, por el citado segundo barco. La autopista del mar de Gijón, además, supone una seria competencia, ya que reduce el tiempo de navegación en aproximadamente siete horas respecto a Vigo.
En esas condiciones, la naviera espera a captar tráficos o a pactar con otras compañías que ya los tengan; el puerto admite que la pelota está en el alero de los armadores y el Estado urge a hacer efectiva la concesión otorgada, de momento con poco éxito.
Abrir mercado
No obstante, a día de hoy, ni Acciona Trasmediterránea ha renunciado a la concesión ni los gobiernos francés y español han retirado la misma, así que el proyecto sigue oficialmente vivo, por muy aletargado que se muestre.
Consiguientemente, GLD Atlantique se beneficia de un 'hinterland' mayor para la autopista del mar de El Musel, pero también asume el riesgo de realizar un esfuerzo importante para abrir mercado y encontrarse al cabo de varios meses, cuando los cargadores se hayan acostumbrado a utilizar el barco, con una línea competidora y un mercado dividido entre dos puertos.