Este mes de septiembre se pone en marcha la primera autopista del mar que conectará el Arco Atlántico entre España y Francia. Una conexión que se realizará a través de los puertos de Gijón y Nantes, y que responde de manera clara a la tendencia de la política marítima europea orientada a desviar el tráfico de las carreteras hacia el mar como forma de afrontar la saturación terrestre y como medio para reducir la contaminación.
Los puertos españoles están experimentando cambios importantes desde hace algunos años. Transformaciones orientadas a lograr un mejor posicionamiento con vistas a la mejora de las estrategias comerciales. En este contexto se encuentra la apuesta por el transporte intermodal puerta a puerta, un servicio definido por los criterios de rentabilidad, sostenibilidad y calidad, y con una alta frecuencia de recogida y servicio. La Red Transeuropea de Transporte (TEN-2020), presentada por la Unión Europea en 2005, incorpora, como proyecto innovador, la Red Transeuropea de Autopistas del Mar. Un reto que los gobiernos de Francia y España asumieron optando al concurso, y sumados a la propuesta Ro-ro rail Atlantique 2008 presentada por un consorcio hispano-galo en el que participan los armadores CMA-CGM y Grimaldi-Louis Dreyfus Lines (GLD Lines), así como los puertos de Nantes y Gijón. La selección de esta propuesta conlleva, además de una ayuda de 30 millones de euros otorgada por los Estados español y francés, un respaldo de cuatro millones de euros procedentes del programa europeo 'Marco Polo' para apoyar la que será la primera actuación en el oeste de Europa bajo el paraguas del concepto de una autopista del mar de alta frecuencia y alta calidad de servicio. Orientada a captar tráfico de mercancías y viajeros, para lo que empleará un buque ro-pax, su establecimiento es una gran oportunidad para los cargadores europeos, que conectarán la Península Ibérica, desde el puerto de Gijón, con Centroeuropa, vía Nantes, desde donde podrán transbordar a otros países por carretera o ferrocarril.
La Política Marítima Europea nos orienta hacia la intermodalidad, un concepto que los puertos españoles aplican desde hace tiempo, muy ligados al uso de la carretera y el ferrocarril, con notable inclinación a la primera. La autopista del mar suma un nuevo potencial a esta apuesta intermodal, ya que permitirá a El Musel tener una oferta diferenciada, que lo posicionará en el mapa logístico nacional y europeo, al facilitar un tránsito portuario de mercancía más eficiente y económico, y que, consecuentemente, mejorará la competitividad de los sectores del transporte y de la industria. Y no sólo para la comunidad autónoma asturiana, sino para todas las regiones a las que da servicio: Asturias, Castilla y León, norte de Portugal y sur de Galicia. No se puede obviar que el posicionamiento del puerto gijonés en el centro del sur del Arco Atlántico lo convierte en un lugar particularmente atractivo, al igual que el hecho de encontrarse muy bien posicionado en el eje África-Europa que cada vez está adquiriendo mayor importancia.
El tránsito marítimo nocturno -14 horas de viaje, frente a las 24 por vía terrestre-, unas tarifas de 450 euros para los camiones con trailer, que se traducen en un ahorro de más del 50% frente al viaje por vía terrestre, y de 100 euros para un coche con dos ocupantes, son oportunidades claras para los cargadores y una posibilidad de incrementar el radio de actuación para los transportistas al poder realizar más viajes, con menor coste.
Finalmente, quiero recordar que el concepto de las 'autopistas del mar' responde a uno de los criterios introducidos en la nueva Ley de Puertos, recientemente aprobada. En ella se aboga por las alianzas entre puertos como parte de su inserción en las grandes rutas marítimas o en la formación de nuevos corredores que permitan captar mercancías del 'hinterland' terrestre, así como tráficos del 'foreland' marítimo.