Hasta ahora, las autovías del Cantábrico (A-8) y la Oviedo-Grado-La Espina (A-63) avanzan con trazados paralelos pero sordos entre sí. La ausencia de una vía de alta capacidad que comunique el corredor de la costa y el del suroccidente condena a los conductores a seguir itinerarios absurdos. Quienes viajan desde el litoral y quieren llegar a Oviedo, por ejemplo, acaban tomando un rodeo por Avilés y volcando más presión sobre la principal arteria de la región: la autovía 'Y' Oviedo-Gijón-Avilés.
El Ministerio de Fomento, responsable de estos ejes, previno el problema. Por eso, el 27 de marzo de 2006 dio la orden de definir una solución entre La Espina y Canero. El 16 de mayo de 2007 el Boletín Oficial del Estado publicó que tal encargo recaía en la empresa Fulcrum, que percibiría 935.000 euros a cambio de entregar el estudio informativo un año más tarde.
Han pasado ya tres, el asunto no está ya en los Presupuestos Generales del Estado y, pese a las evidencias, cuando se pregunta al ministerio, los portavoces aseguran que «se encuentra en fase de redacción». Así se lo escribieron al diputado socialista Álvaro Cuesta, cuando, en 2009, hizo un tímido intento de recuperar el asunto a través de una pregunta parlamentaria. El tema ha desaparecido definitivamente del debate político y tampoco el Principado hace por recuperarlo. Durante los últimos años, ha preferido centrar su presión en exigir la prolongación de la A-63 hacia el sur, mediante la vía rápida entre La Espina y Ponferrada.
Pero, donde la Administración no pone solución, la acaban encontrando los conductores. De momento, es cierto, los vehículos rehusan circular entre La Espina y Canero. Los 30 kilómetros de la vetusta N-634 que une ambos puntos se antojan tan duros y serpenteantes que apenas 614 vehículos diarios se atrevían a internarse en esa calzada, según registros de 2008.
Sin embargo, hay automovilistas que están encontrando el modo de cruzar los corredores costero y suroccidental a través de Pravia. Las calzadas a las que recurren son la AS-16 (Soto del Barco-Pravia-Cornellana) y su apoyo Pravia-Grado, ofrecido por el pavimento de la AS-236 y AS-237.
El complejo forma una especie de 'Y' invertida cuyo tronco central (la AS-16, Soto del Barco-Pravia) concentra los mayores niveles de tráfico: 11.332 vehículos al día, dicen los datos de 2008.
Seis alternativas valoradas
La Consejería de Medio Ambiente e Infraestructuras se ha fijado en este punto para diseñar una pieza con la que armonizar el Occidente y el área central. La idea es abrir una nueva autovía entre Soto del Barco y Pravia que capte «no sólo tráficos de la zona, sino también de largo recorrido entre la zona interior y central de Asturias con la costa». Así consta en el estudio informativo realizado al respecto. El trabajo examina seis alternativas de trazado cuya inversión oscila entre los 76,6 y los 165,5 millones.
Los expertos de Tecnia Ingenieros, contratados al efecto, se decantan por una traza de 5,6 kilómetros, con dos carriles de 3,5 metros para cada sentido y cinco viaductos. La nueva vía tiene una pendiente máxima del 5% y permitiría elevar la velocidad de los turismos desde los 60 kilómetros hora actuales hasta los 80. El estudio estima para esta opción una inversión de 77,8 millones: 48,7 se irían en la obra, 4,2 por las expropiaciones y el resto se reparte entre gastos, impuestos y beneficio empresarial.
La nueva autovía empieza en el enlace que la A-8 tiene en Soto del Barco, junto al pueblo de Casas del Monte, continúa por los parajes de La Rozona y El Rabucu y salva el arroyo del Cuñelau con un viaducto. Luego continúa por la zona conocida como El Controzu, cruza la actual AS-16 y la línea de Feve mediante un segundo viaducto, atraviesa después La Requexada y se interna por dos veces en las 'S' que forma el río Nalón.
El mayor reto que enfrenta el proyecto es que en la zona «se encuentran algunas de las vegas más importantes de Asturias, con un ecosistema fluvial bien conservado, en parte debido a las importantes crecidas del río, con especies de animales de gran interés y muestras de vegetación fluvial muy valiosas».
No siempre será posible evitar el daño. Los técnicos ya anticipan impactos «severos» en el suelo y paisaje, y «moderados» en el agua, fauna y los espacios protegidos.
Cuidado ambiental
Cabe señalar que el trazado propuesto «cruza prácticamente toda la vega, alterando la zona conocida como La Isla», rica en plantaciones de kiwi. Es un área donde «se concentran especies protegidas, por lo que se verán afectadas, si bien pasado cierto tiempo tras las obras, no se esperan efectos notables», dicen los expertos.
Tras recibir las instrucciones de la consejería, los técnicos han calculado que «la intensidad para el año de puesta en servicio, 2015, sería de 15.216 vehículos al día», superándose los 18.700 en 2020. Es un volumen que obligaría a instalar pantallas acústicas porque hay viviendas que si no, recibirían más decibelios de los permitidos en franjas de hora punta y por la noche.
En todo caso, a la hora de valorar los costes y beneficios de la infraestructura, los técnicos prevén una ganancia para la sociedad estimada en 156,7 millones (entre ahorros de tiempo, combustible y reducción de accidentes) frente a un desembolso de 72,8 millones (cifra ésta que incluye los costes de expropiación, obra y el mantenimiento durante 15 años).