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El 'Principio de incertidumbre'

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El 'Principio de incertidumbre'

Einstein rechazó la idea bíblica de Dios, pero no fue más allá. Él aseguraba que la ciencia sin religión estaba coja y que la religión sin la ciencia estaba totalmente ciega

18.09.10 - 03:07 -
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Cada cosa son dos cosas, decían las abuelas. Con este refrán resumía la sabiduría popular el pensamiento de cuantos filósofos afirmaron que, refiriéndose a cualquier asunto, siempre se puede demostrar una cosa y también la contraria. Si la cuestión se refiere a la existencia o no de Dios o a la posibilidad de otra vida después de la muerte, entonces, tanto el refrendo filosófico como el refrán de las abuelas, adquieren conformidad y garantía más que notables. En uno de los muchos periódicos viejos que tengo por casa leo una noticia en cierta manera sorprendente y que quiero evidenciar junto con otra de manufactura reciente. Los periódicos viejos procuran una ventajosa y entretenida manera (ya trasnochada, desde el invento del internet) de viajar por el tiempo de los sucesos históricos y de las contradicciones humanas. Tienen el olor polvoriento del tiempo perdido y el color azafranado de los recuerdos tristes. Pues en uno de esos periódicos, fechado el 21 del abril de 1976, en la primera página y en letras bien destacadas, reza este titular: «Sin sombra de duda. Hay otra vida después de la muerte. Ésta es la conclusión científica a la que llegó la doctora norteamericana Kubler-Ross». Esta doctora, de nombre Elisabeth (ahora sí recurro a internet) fue una prestigiosa psiquiatra suiza muy laureada (recibió 23 doctorados honoríficos) y experta en la muerte, los cuidados paliativos y los moribundos. Ella murió de apoplejía en el 2004. Contrasto, como dije al principio, esta vieja noticia de primera página, de hace treinta y seis años, con otra de este mismo mes de septiembre aparecida también en las primeras páginas de todos los periódicos del mundo: «Stephen Hawking descarta la existencia de Dios para explicar el origen del Universo». Efectivamente, el conocido científico británico, que tanto hizo con aquel magnífico libro, 'Historia del tiempo', para que los profanos medianamente entendiéramos los principios de la Física y las leyes que rigen el Universo, pues este sabio singular de figura trágica y serena, acaba de asegurar que la Física moderna excluye la posibilidad de que Dios crease el Universo.
Primero fue aquel «loco y atrevido» Charles Robert Darwin, del condado de Shropshire, quien con sus teorías eliminó la posibilidad de un creador en el campo de la biología (ya no se precisaba la explicación del soplo divino sobre el hombre de barro en el paraíso), y ahora es otro inglés, éste de Oxford, el que asegura que las nuevas teorías científicas hacen redundante el papel de un creador del Universo y que el Big Bang (la gran explosión que dio origen al mundo) fue consecuencia inevitable de las leyes de la Física. En el libro aludido, Stephen Hawking hablaba de una futura teoría completa que habría de ser comprensible para todos (filósofos, científicos y gente corriente) y con la que podríamos contestar a las preguntas de por qué existe el Universo y por qué existimos nosotros. Encontrar esta teoría, decía él, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios. Ahora, el científico va más allá y descarta la necesidad o la utilidad de ocuparse de ese pensamiento creador y divino, pues las leyes físicas contienen todas las respuestas.
Sin duda, Hawking está siendo más arrestado que sus antecesores en sus conclusiones, a pesar de reconocer que su teoría no es más que una consecuencia de todos los estudios previos. Einstein rechazó la idea bíblica de Dios, pero no fue más allá. Él aseguraba que la ciencia sin religión estaba coja y que la religión sin la ciencia estaba totalmente ciega. Galileo Galilei, al entender que la Biblia entraba en conflicto con el sentido común, pretendió colocar las leyes de la Física en una dimensión independiente de Dios, y por ello fue encarcelado y condenado. Para el afable Isaac Newton, el Universo no puede haber surgido del caos gracias sólo a las leyes de la Naturaleza, sino que tuvo que haber intervenido Dios en su creación, aunque esto último parece ser que no lo dijo tanto por convicción como por evitarse dificultades. Esa «intervención necesaria» de la que hablaron tantos científicos y filósofos en clave religiosa es la que ahora Hawking (considerado el mayor genio del siglo XX, después de Einstein) pretende explicar recurriendo únicamente a la física.
Cada cosa son dos cosas. O tres. Filosofía, religión y ciencia. Todos buscan la verdad. Nuestra conciencia sufre alteraciones que determinan, sin que seamos conscientes de ello, nuestras actitudes peculiares. Esas alteraciones no pocas veces proceden de la experiencia de lo numinoso, es decir, de todo aquello que tiene relación con cierta manifestación de poderes mágicos. La mayoría de la gente sigue mostrándose más dispuesta a explicar el misterio de la trinidad que el asunto de los 'agujeros negros', más la expulsión de Adán y Eva del paraíso que el Big Bang, más la resurrección que la Teoría de la Relatividad. Respetamos poco a la ciencia, nada a la filosofía y demasiado a la religión. Heisenberg formuló en 1926 el 'Principio de incertidumbre', que con una libre interpretación por mi parte, podría querer decir, más o menos, que nunca se puede estar totalmente seguro acerca de la posición de un argumento, pues cuanto con más exactitud se conozca el mismo, con menos precisión puede conocerse el contrario. O lo que es lo mismo, que cada cosa son dos cosas. Por lo menos.
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