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Octubre en Poniente

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Octubre en Poniente

10.10.10 - 02:34 -
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Uno de los mejores sonetos de la lengua castellana se llama 'Octubre', de Juan Ramón Jiménez. Un amigo, profesor de literatura en un instituto de Gijón, me comenta a propósito del poema, que Juan Ramón sabría mucho de poesía, pero muy poco de agricultura, porque octubre no es, como dice el poeta, mes de siembra, sino de recolección, de estudio y de trabajo para preparar el refugio invernal.
-La primera estrofa del soneto, me dice no sin cierto retintín el amigo profesor, puede ser rigurosamente cierta, porque a Juan Ramón le gustaba la posición horizontal: «Estaba echado yo en la tierra, enfrente/ del infinito campo de Castilla, / que el otoño envolvía en la amarilla/ dulzura de su claro sol poniente». Pero luego, lo del arado que habría surcos para la semilla «partida honradamente» y donde el poeta quiso arrancarse el corazón y echarlo «pleno de su sentir alto y profundo... a ver si con romperlo y con sembrarlo, /la primavera le mostraba al mundo / el árbol puro del amor eterno» es pura fantasía, porque en octubre, concluye mi amigo, las siembras son muy escasas. Un poco de fabes, algo de verdura y para de contar.
No dudo que las siembras serán escasas, pero «haberlas haylas». Hace unos días pasaba por una lluviosa Castilla -es curioso, pero en Asturias hacía un sol de justicia - con los campos abiertos por el arado.
-«¿Qué están sembrando en octubre?», pregunté a un lugareño.
-«Pues qué va a ser. Trigo».
Juan Ramón tenía razón. Octubre es mes de siembra... y otras cosas. En unas pinturas medievales de San Isidoro de León en el que se representan los doce meses del año y sus afanes agrícolas y ganadero, frente a la recolección de la vendimia en septiembre y la matanza del gochu en noviembre, octubre se describe como un mes de transición. Todavía no hace muchos años -yo los viví como alumno y como profesor, no hablo, por tanto de la prehistoria-, octubre, y muy concretamente el día después del Pilar, era la fecha en la que se empezaban los cursos de bachillerato. Paradójicamente, aunque se empezaba tarde se llegaba antes. Aquel bachillerato de octubre no era peor que este que exige que a principios de septiembre el profesorado esté al pie del cañón.
Octubre también es el mes de los últimos baños en las playas de Gijón. Como bañista, yo pertenezco, por cercanía, a la cofradía de San Lorenzo. De hecho, aunque de niño me llegué a bañar en la que entonces se llamaba 'Playa de Pando', en el Fomento, las playas de Poniente fueron nuevas hasta que empecé a ir a Talasoponiente. Desde 'talaso' hay una puerta que accede directamente a la playa.
La semana pasada picaba el sol en Gijón. Se anunciaba sobre Asturias «la tormenta perfecta» que, hasta ahora no se ha producido y que tal vez perjudicó las expectativas del rentable puente del Pilar. El jueves, en San Lorenzo el mar estaba bravío; en Poniente, no solo calmado y sereno, sino también la temperatura de las aguas era cálidamente anormal para esta época del año. Cuando me estaba bañando pensé que el paisaje de Poniente, lo que antes era El Natahoyo y el comienzo de La Calzada, es una cosa extraña. Irreconocible desde el recuerdo, impersonal desde la realidad actual, y, sin embargo, tiene un extraño encanto oculto al que por una concepción urbanística llena de prejuicios, no se termina de perfilar. Poniente en octubre, visto desde el mar, es un clarísimo paseo marítimo que hasta un mediocre urbanista acierta a trazar.
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