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Encuentro con 'El discípulo'

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Encuentro con 'El discípulo'

05.11.10 - 02:33 -
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Oviedo. Plaza de La Catedral. 9.00 p.m. Llevo rato leyendo el libro 'Un pistoletazo en medio de un concierto' de Belén Gopegui como si el tiempo no importara. «Los escritores y las escritoras hemos llegado a olvidar algo tan sencillo como esto, que la literatura no existe sólo para contar pequeñas o grandes obsesiones, la desconfianza, la muerte, 'la primavera de mi oscuridad', sino también, al mismo tiempo, lo que nos dignifica, 'el color conmovido de un mundo que no duerme'». Con esa idea la escritora concluyó su conferencia en la Universidad de California en 2006. Cierro el libro, me levanto del asiento y ordenador en mano camino el casco antiguo. Es la hora de la cita con Emilio Barrachina, el Café Oriental está cerca.
Emilio es un director español que acaba de ganar, con su película 'El discípulo', tres premios (mejor película, mejor producción y mejor actor protagonista) en los International Filmmaker. Esto se celebró anoche (28 de octubre) en Kent, Inglaterra. Emilio Barrachina es un creador de esos que tienen una idea y luego buscan el medio para darle forma y compartirla. Sus ideas nos han llegado en poseía, novela, periodismo, documental y cine. Me detengo en el número 8 de la calle Jovellanos. El Café Oriental es un local diseñado para quienes buscamos la vida serena (introspección compartida). Los dueños dicen que «el café dispone de una tranquilidad (y amplitud) desusada en estos tiempos». Todo un lujo existencial para la gente que se detiene a observar la carrera del sin sentido del desarrollismo. Contemplo los contrastes que en equilibrio forman la decoración del lugar (artesanados de madera, escayolas talladas a mano, una gran palmera central, gente que conversa a voz calmada y gente que dicta sus pensamientos en internet). Sabía qué pasaría, entre 'El discípulo', el Café Oriental y mi ordenador, hoy jugaré a escuchar distintas realidades (mías y ajenas). Suena un funk que pega duro en la piel (y despierta sensibilidades); comienza el asunto.
Me siento, pido un té Roibos (arbusto africano) con canela y conecto la máquina. Ahí está Emilio; lo saludo, me saluda. Él escribe que está en «la localidad de Rramsgate, en el condado de Kent, tomándose una buena cerveza caliente inglesa, con lluvia en el exterior y frente al mar. Las ventanas están llenas de salitre. El pub es más que típico, con algunos seguidores de fútbol viendo un partido del Arsenal en una esquina y un perro muy parecido a Pancho, el de la lotería, oliendo el suelo». En eso detengo la lectura porque caigo en cuenta de que uno a veces lee el mensaje del otro como si el pensamiento fuese un intérprete de la tercera persona del singular. Tomo un trago de té y leo lo que escribe Emilio intentando ser fiel a su voz. «Curiosamente el poco personal que hay en el pub es muy respetuoso y hasta los goles los cantan en voz baja» (gool, pienso). Bienaventurados tus oídos y los del resto de clientes porque podrán estar atentos a que la vida es algo más que fútbol, le escribo. Amén, responde. Dime Emilio, ¿cómo te sientes con ese premio? «Bien, cenando un pescado con patatas, plato muy típico de la zona» (Buen provecho). ¿Qué cuenta 'El discípulo'? 'El discípulo' no es más que una visión personal de lo que pudo ser la existencia de un Jesús histórico y que poco tiene que ver con el Cristo de la Fe que posteriormente fue creado por Pablo de Tarso, los evangelistas y los primeros padres de la Iglesia. Es una película muy sencilla, muy descarnada, cuya fuente es 'El testamento de Orfeo' de Jean Cocteau, rodada en 1959. En ese sentido es una película atípica, a contracorrriente del cine comercial que se produce hoy en día». Me alegra escuchar (digo, leer) que por estos días un creador no se deje atropellar por el simplismo. ¿Por qué el flamenco como banda sonora? «El flamenco es la voz interior de Jesús. Nada más trágico que el flamenco. Jean Cocteau ya mezclaba flamenco con música clásica» (flamenco, funk, un pub en Kent, un café en Oviedo). Emilio describe el mundo que transita en la calle: «Varias personas regresan del trabajo y, provistas de botas de agua, en vez de ir por la carretera atraviesan el arenal dando la sensación de ir caminando sobre las aguas». (Pienso en una idea que siempre me hace comparar el universo con un rostro: millones de ojos en coherencia con un todo). ¿Qué significa haber ganado con 'El discípulo' el International Filmmaker? (Yo tomo un trago, pausa, imagino que él hace lo mismo). «Significa en primer lugar un reconocimiento a la idea, un premio a toda la gente que hemos defendido este proyecto y, en consecuencia, una recompensa intrínseca al riesgo. Creo que el premio demuestra que merece la pena hacer apuestas y correr riesgos si verdaderamente se cree en el proyecto. Por otra parte también demuestras que tan evangélica frase como 'Nadie es profeta en su tierra' se sigue cumpliendo a rajatabla». Tú que vienes del documental, ¿qué ventajas ofrece este formato para tu mirada artística? (No puedo evitar desviar la mirada hacia una chica que con frenesí escribe y escribe. ¿Estará también ella entrevistando a Emilio?). « 'El discípulo' tiene un pie en el documental y un pie en la ficción. Es la estética que hemos elegido porque le daba mayor verosimilitud a la película. Yo creo que el documental también tiene un lenguaje y unos valores estéticos y narrativos propios. Las nuevas tecnologías permiten experimentar con la forma y el estilo del documental», (Me llega un olor a pescado y pido uno) ¡Con patatas por favor! (La chica sigue escribiendo a ritmo veloz. Vuelvo a Emilio). La pretendida uniformidad del conocimiento ha traído como consecuencia el creciente exhibicionismo de la ignorancia. ¿Fracasó la ilustración? «Pienso que la Ilustración ya de por sí fue un fracaso. Cuando tuvieron la oportunidad de crear muchas libertades (alguna se logró no obstante), en vez de avanzar hacia la libertad se avanzó hacia los absolutismos más tremendos. Y esa semilla del absolutismo es la que sigue viva, incluso en las modernas democracias. Hemos pasado en nuestra historia de la dictadura religiosa a la dictadura política y actualmente a la dictadura económica. Pero no nos equivoquemos, las tres siguen dadas de la mano y son las patas de la mesa que sostiene la sociedad actual». Yo te digo que la estupidez nos está arrebatando el siglo XXI, ¿qué me dices tú? «Yo estoy en desacuerdo. No nos la está arrebatando. Ya nos la ha arrebatado. Siento mucho que haya una generación entera de jóvenes que va a ser muy poco aprovechada. Siento mucho que no hayamos sido capaces de formar a toda una generación de gente que no va a tener demasiadas posibilidades. Siento mucho que hayamos sido tan ingenuos de pensar que nuestra felicidad estaba en la fila de un banco y en la televisión o en un cuarto de hora de fama. Ahora vamos a estar muchos años recogiendo juguetes rotos. Sin embargo, las élites económicas sí han educado a su descendencia, como lo han hecho siempre, y esto no va a llevarnos más que a otra época de intransigencia, extremismos y esclavitud laboral e intelectual. De todas formas yo soy un optimista empedernido y siempre he pensado que la Cultura (con C mayúscula) será guardada por unos cuantos y en todos esos actos de creación estará el futuro». Toma un trago de cerveza Emilio, por favor, yo tomaré un poco de té. ¡A tu salud! Si te parece, por ahora, quiero quedarme con esa idea de que la Cultura en mayúscula será guardada por unos cuantos para recordar la estupidez de este tiempo como la alcabala que nos pusieron quienes manipulan los hilos de la historia. Y algo habrá que hacer con ese recuerdo, ¿no te parece hermano?
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