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Erice en cuerpo y alma

Cultura

Erice en cuerpo y alma

El cineasta habló en Gijón de su trayectoria en una charla en la que aseguró que «cuando hago una película no quiero reflejar una verdad, voy al encuentro de lo que desconozco»

25.11.10 - 02:21 -
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Víctor Erice (Carranza, Vizcaya, 1940) es un genio. Su caso es equiparable en el cine al de Juan Rulfo en la literatura: ha dirigido sólo tres largometrajes -'El espíritu de la colmena' (1973), 'El Sur' (1983) y 'El sol del membrillo' (1992)- y los tres son obras maestras. Desde que empezó su carrera, se ha venido labrando una fama de hombre reservado, taciturno e inaccesible que le ha acompañado en sus éxitos y fracasos. Por eso sorprendió tanto que, de pronto, apareciese en Gijón. Y aunque, fiel a su estilo, rechazó conceder entrevistas, resultó aún más llamativo que se prestara a participar en un coloquio con el público asistente a la proyección de 'Víctor Erice: París-Madrid, allers-retours', el documental donde Alain Bergala repasa su vida y su obra.
Ante cientos de personas, en una sala llena a rebosar, el cineasta (él mismo dijo que prefiere ese término al de 'director') habló de los orígenes de 'El espíritu de la colmena' («esa película se hizo porque yo tenía una cierta intención de entrar en la industria: había un distribuidor interesado en un filme sobre Frankenstein y escribí un guión que se desestimó por cuestiones presupuestarias; pensé que, ya que no podía hacer un 'Frankenstein' al uso, haría uno para pobres»), de la insatisfacción que le produjo esa joya que es 'El Sur' («soy un espectador imposible de esa película porque no pude rodar el guión completo: me supuso una frustración, pero no quise transmitirla porque las películas, una vez acabadas, pertenecen al espectador») o de la delicadeza del membrillero que Antonio López pintó ante su cámara («en las noches lluviosas me desvelaba pensando que quizás el agua terminaría destrozando la planta y en ese caso yo sólo iba a poder filmar mi derrota»). Pero también tuvo tiempo de dar una señora lección de Teoría del Cine y resumir en palabras claras y concisas su poética: «El cine es un medio de conocimiento. Cuando hago una película no quiero reflejar una verdad, sino que voy en busca de algo que desconozco al empezar».
Hubo mucho más. Erice habló de las películas norteamericanas de su infancia, y de cómo con 13 años vio 'El ladrón de bicicletas', de De Sica, y descubrió que «el cine también podía hablar de las cosas que ocurrían a mi alrededor». Un hallazgo que se completó con la llegada de la 'nouvelle vague' («'Los 400 golpes' fue la primera película que me empujó a escribir sobre cine») y los filmes de Bardem y Berlanga («ninguno de los dos fue una figura paterna, porque la única figura paterna que pudo tener mi generación era la de Luis Buñuel, tan lejana y remota que sólo empezamos a conocerlo bien cuando regresó a España para rodar 'Viridiana'»). Y todo eso dio pie a hablar de las fuentes más profundas de su cine: «Las generaciones que sufren una gran guerra arrastran un sentimiento de orfandad importante, porque las guerras dejan un sentimiento de orfandad muy fuerte. La generación que salió de la guerra civil, además, tenía prohibido contar su propia historia, y eso es algo gravísimo».
La 'nouvelle vague'
Las genealogías no tardaron en dar paso a las afinidades: «La generación de la 'nouvelle vague' y la mía fueron las primeras que sintieron encima la conciencia de la historia», dijo antes de valorar que «el cine revela la tradicional división entre materia y espíritu quizás mejor que cualquier otra disciplina artística, por combinar en un mismo plano arte e industria, y esta contradicción es también, a mi modo de ver, la fuente de su vitalidad». Entre medias, habló del paso del tiempo y desveló que uno de sus últimos rodajes (para la serie 'Ten Minutes Older') «tuvo lugar en Asturias, en la zona de Llanes, porque estaba buscando unos campesinos que supieran segar como yo había visto segar en mi infancia». Fiel a esa divisa bressoniana que asevera que «en el cine no hay que buscar imágenes bellas, sino imágenes necesarias», se encuentra sumido ahora -al margen de la videocorrespondencia que mantiene con Abbas Kiarostami- en el rodaje de un proyecto que pretende homenajear a los que él considera filmes fundacionales de la historia del séptimo arte. Erice, más él mismo que nunca, abandonó la sala entre aplausos después de protagonizar el que sin duda fue el acto cultural más importante del año en Gijón, una ciudad que tuvo la suerte de encontrarse cara a cara con una leyenda viva del cine.
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Víctor Erice, a su llegada a la sala en la que participó en un encuentro con el público. :: P. CITOULA



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