Nacido el 25 de diciembre de 1942, en el barrio granadino del Albaicín, el lugar donde se empezó a forjar su carrera artística, con el eco de los sonidos de sus calles, Enrique Morente se trasladó ya desde muy joven a Madrid y allí fue madurando al lado de grandes maestros como Rafael Romero El Gallina, Pericón de Cádiz, Pepe el Culata y, especialmente, Pepe el de la Matrona, al que rindió en sentido homenaje en un cante por soleares. Extraordinario intérprete de todos los cantes, podía decir, sin incurrir en ninguna exageración, que conocía -como él decía con tono humorístico- los cuarenta y nueve palos y medio del flamenco.
Fue un investigador infatigable. En este aspecto, podría destacarse su 'Homenaje a Don Antonio Chacón', grabado en 1977 con el tocaor Pepe Habichuela. Aparte de las malagueñas, poco o casi nada se conocía de este cantaor jerezano, por lo que, sin duda, tuvo que rastrear sus cantes en discos de pizarra, con las deficiencias de sonido de este tipo de soporte. El resultado fue deslumbrante. Morente fue siempre un hombre inquieto e inconformista, lo que le llevó muy pronto a investigar nuevas líneas en el cante flamenco y a adentrarse en músicas distantes al mismo. Esto, hace años, le acarreó una serie de críticas desfavorables de los puristas del flamenco, que llegaron a escandalizarse con grabaciones como 'Omega', que interpretó con el grupo de Rock Lagartija Nick. Pero, actualmente, hasta sus más acérrimos detractores, han tenido que rendirse ante la magnitud de su arte. Y es que Enrique Morente era, ante todo y sobre todo, un artista sin concesiones, totalmente entregado a la música. Así lo reconoció el Ministerio de Cultura, otorgándole el Premio Nacional de Música en 1994. Nunca te olvidaremos. Descansa en paz, Enrique.




