La reciente firma del convenio entre el Ayuntamiento de Avilés y el Ministerio de Fomento para la rehabilitación del Palacio de Fernández Balsera permitirá que el emblemático edificio se acerque a su centenario en perfecto estado de conservación.
«Ya en 1995, el edificio fue rehabilitado. En esa ocasión, los trabajos se centraron en su estructura, con los forjados muy deteriorados», recuerda el historiador local Alberto del Río. Ahora, los 244.303 euros ayudarán a recuperar las fachadas, reparar sus cubiertas y restaurar elementos de carpintería exterior dañados por el paso del tiempo.
El origen del edificio se remonta a principios del siglo XX, aunque la fecha no se puede datar con exactitud. «Los daños en el archivo municipal por el bombardeo de la aviación franquista durante la Guerra Civil nos impiden tener la fecha exacta. Hay dos teorías, que apuntan que la construcción se hizo en 1920 ó en 1923-24», comenta Alberto del Río.
El edificio se encuentra actualmente catalogado como Bien de Interés Cultural y Del Río subraya que esta obra ejecutada por el arquitecto Fernando Palacios «es la joya del modernismo en Avilés. Es un edificio que siempre ha impresionado por su belleza, exterior e interior».
Del Río explica como la cesión de los terrenos comprendidos entre la calle de Cabruñana y la actual plaza de Álvarez Acebal, a la sazón plaza de San Francisco, por Julia de la Riva para abrir una calle que permitiese la unión entre ambas lugares facilitó que el empresario Victoriano Fernández Balsera adquiriese los terrenos comprendidos a ambos lados de la calle.
«Victoriano Fernández Balsera era un hombre de extracción humilde, que se hizo rico trabajando, contaba con un gran sentido comercial y emprendedor. La neutralidad de España durante la Primera Guerra Mundial permitió que incrementarse su riqueza comerciando», resume Alberto del Río.
El palacio es una muestra del ascenso en el entramado social de Fernández-Balsera. Su construcción responde a los cánones estéticos más avanzados del momento. Además, construyó en la acera contraria viviendas para el servicio, una huerta muy amplia y un jardín «versallesco» al lado de su palacio, describe Alberto del Río. Parte de ese espacio lo ocupa el actual parque de Cabruñana. Se encontraba cerrado por la verja que aún existe en la esquina de la calle de Cabruñana con Julia de la Riva. En la parte más próxima al edificio se ve lo poco que queda de parterres de ese jardín.
«Los gobiernos democráticos presididos por Manuel Ponga adquirieron el Palacio como sede del Conservatorio municipal. La operación fue muy polémica porque para reducir el coste económico se permitió construir en los jardines y se perdió la mayor parte de ellos», comenta Del Río.
El Ayuntamiento recibió el edificio en perfecto estado, si bien la propiedad conservó obras de arte y elementos de adorno y personales de la vivienda. Otro de los aciertos fue respetar la distribución interior original del Palacio, a pesar del esfuerzo para toda la plantilla del Conservatorio, concluye el historiador.