Sobre el tejado de la iglesia católica de Werden, en Alemania, puede verse una escultura de piedra en forma de cordero. Esta imagen tiene tras de sí una curiosa historia: un obrero estaba trabajando en la reparación de aquel tejado cuando de repente se rompió la cuerda de seguridad y se precipitó sobre la nave de la iglesia en reconstrucción que estaba llena de grandes bloques de piedras. Pero entre dos de esas piedras se encontraba un cordero comiendo hierba. El trabajador cayó sobre el cordero ocasionándole la muerte, pero al mismo tiempo salvando su propia vida. En agradecimiento a ese inocente cordero, el obrero costeó la construcción de esa estatua sobre el tejado. Esta sencilla historia puede ilustrarnos el sentido que deberíamos darle a la expresión referida a Jesús como «cordero de Dios» que se repite en las lecturas de este domingo.
La imagen del cordero está muy presente en nuestra Biblia: Abraham ofreció un cordero en lugar de su hijo Isaac; los israelitas comen un cordero en la fiesta de la Pascua, en recuerdo de su liberación de Egipto de las manos del Faraón; Isaías presenta esa figura enigmática del siervo de Yahvé llevado al sacrificio como 'cordero al matadero'. En el libro del Apocalipsis aparece esa imagen repetida hasta 27 veces. Por otra parte, el Evangelio de San Juan hace coincidir la muerte de Jesús en la cruz con el momento en que eran sacrificados los corderos en el templo, en la gran celebración de la Pascua. ¿Qué significa esa imagen de «el cordero de Dios que quita el pecado del mundo»? ¿Qué significado puede tener para nuestra vida cristiana? En primer lugar, es importante subrayar que la formulación del Juan el Bautista que repite nuestra liturgia es 'quitar' y, no solo 'perdonar'. Jesús no es sólo alguien que nos ofrece el perdón, sino que por su Espíritu y su fuerza es alguien que nos ofrece la posibilidad de «ir quitando el pecado del mundo, la injusticia y el mal que se apodera de los hombres».
El mal, el pecado, es algo que va minando lentamente nuestro ser, algo que va afectando a lo más profundo del ser humano hasta llegar a deshumanizarlo. Jesús se nos presenta en el comienzo del evangelio como el «que quita el pecado del mundo», el que nos marca un camino, el que vive una verdad que es la vida para el hombre y así nos lo enseña. Por eso llamar a Jesús «cordero de Dios» es llamarlo «camino, verdad y vida», un proyecto de vida que trae consigo la redención de todas las cosas y su entroncamiento en los planes de Dios.