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Da Vinci llena el Evaristo Valle

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Da Vinci llena el Evaristo Valle

28.02.11 - 02:13 -
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Leonardo da Vinci llega al Evaristo Valle. Su legado ingeniero, las luces que volcó a modo de singulares artefactos en sus códices y que nunca vio más allá del papel han tomado forma en tres dimensiones y se preparan para llenar la sala de exposiciones del museo. El artífice de este viaje en el tiempo, del siglo XV al presente, y en la materia, de los planos a la realidad, es Carlos Gancedo. Un constructor retirado, que también fue relojero y orfebre de azabache, que adora el arte y colecciona amigos artistas, que tuvo un abuelo carpintero, inventor y artesano y al que la curiosidad y la inquietud por todos los mecanismos de la vida le obligan a emprender constantes aventuras. La última es esta colección de artefactos, que el propio Leonardo atesoraba como sus «secretos» -así lo dejó escrito-, y que tiene de singular la fidelidad con la que se ha creado. Es, asegura, su autor, «la única en el mundo que responde a las intenciones reales de Leonardo», algo que tenía su lógica a principios del siglo XX, cuando con motivo de la Exposición Universal de Milán de 1939 se construyó la primera serie, llena de errores de forma. «Entonces no había medios para interpretar los trazos», dice, «pero hoy con toda la tecnología parece mentira que las reproducciones que hay por el mundo sean tan poco honestas con los bocetos». Y en este punto recuerda aquella que se exhibió en 2008 en el Palacio Revillagigedo.
Fue, en respuesta a esa realidad que le sorprendía, por lo que un buen día de hace 4 años se puso a escudriñar los códices de quien dio nombre y significado al Renacimeinto. No sólo el Atlántico, el más famoso e importante. Gancedo fijó su atención en las líneas de todos los que recogen el quehacer intelectual y científico de Da Vinci (el Arundel y el Windsor). En 2007 empieza construir sus artefactos, los ingenios que ahora podrán contemplarse en el Evaristo Valle. Todos son a escala, menos uno, el carro autopropulsado, que pudiera ser el precedente del automóvil y probablemente fue pensado para un teatro del Quattrocento y está hecho a tamaño natural. Hoy todavía llama la atención por su capacidad para moverse solo sin que un motor le impulse.
El secreto del trabajo de este peculiar constructor leonardino para captar la esencia de quien está considerado «creador de la moderna ilustración científica» es ir más allá de los dibujos, interpretar las líneas que están bajo las que aparecen en primer plano y dejarse llevar por la lógica matemática del genio. Así nació, por ejemplo, el 'puente autoportante', uno de los proyecto bélicos de los que se tiene cuenta por una carta de Leonardo a uno de sus mecenas, el duque de Milán Ludovico Sforza, y que Carlos Gancedo reprodujo para que «la gente pueda literalmente convertise en constructor y tocar su legado», ya que el puente está diseñado para ser desmontado y montado en el acto. Se trata de un modelo ligero que se mantiene en pie gracias a la técnica de encastrar los elementos, sin una sola punta, realizado con traviesas de madera, cruzadas longitudinalmente. «Fue creado para ser desarmado y portado, para salvar ríos pequeños o irregularidades del terreno que el ejército en cuestión se fuera encontrando por el camino».
Fueron muchos los proyectos para la guerra que ideó Leonardo, que como la historia cuenta se dedicó a profundizar en el saber total, convencido, además, de que si el hombre conociera las leyes de la resistencia del aire podría seguir el curso de las aves. De esa creencia nacen algunos apuntes que para muchos son el claro precursor del helicóptero. De ellos rescata Gancedo el 'Tornillo aéreo'. Ideado en 1489, pretendía una ascensión en el espacio portando, al menos, a una persona, aunque en su interior había sitio para cuatro, que en sus pensamientos unirían fuerzas para propulsarlo, provocando giros. De intentar vencer el espacio aéreo nació un paracaídas por el que no parece que hubieran pasado 500 años.
Entre las piezas más singulares que ahora irán a la exposición está el 'Carro falcado', una máquina para matar, que hubiera sido aplaudida en aquellas frecuentes guerras del Renacimiento, compuesta por cuatro guadañas con una única misión, cortar cabezas. Pero aunque en la mayoría de los artefactos hay un componente bélico acentuado, en esta selección que ha tomado vida propia hay también miradas pacíficas. Leonardo también miró al mar, para el que creó una especie de submarino de uso individual, y una 'Draga'. Planificada sobre papel a principios del XVI (1513-1514), se compone de dos barcazas unidas por una gran rueda de palas, destinada a sanear los pantanos del sur de Roma.
Lejos de toda contienda se sitúa también el 'Tambor mecánico', una de las piezas que provoca más admiración en Gancedo. «En ella ideó un sistema de programación de melodías, parecido al de la pianola, pero lo mejor es que en las líneas de su boceto hace varias proposiciones».
Todas tienen cuerpo de maderas, de aquellas que su moldeador admira casi tanto como al genio que ha inspirado infinidad de libros y leyendas.
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Carlos Gancedo con el 'Tornillo aéreo' de Leonardo, que quedará expuesto en el Evaristo Valle. :: PAÑEDA



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