El miedo es libre, especialmente cuando el enemigo es invisible. La nube radiactiva que escapó de la central japonesa de Fukushima puede llegar hoy mismo a las costas de California y ni la insistencia de que no conlleva peligro para la salud ha podido evitar que se desatara el pánico.
El titular lo dio una agencia de Naciones Unidas, Comprehensive Test Ban Treaty Organization, que ayer situaba la trayectoria de la nube tóxica en las islas Aleutianas (Alaska). Su velocidad dependerá de los vientos y cambios meteorológicos. De hecho, en 2006 la radiactividad procedente de unas pruebas nucleares de Corea del Norte tardó dos semanas en alcanzar Estados Unidos, pero como entonces los medios de comunicación no le dedicaron tanta atención se evitó el pánico.
«Las bases físicas y científicas indican claramente que no puede haber riesgo para la salud ni en California ni en Hawai ni en ningún otro territorio estadounidense», insistió ayer Gregory Jaczko, presidente de la Comisión de Regulación Nuclear. Jazcko no es precisamente de los que se toman la radiactividad a la ligera. Por consejo suyo el presidente Barack Obama ordenó el miércoles la evacuación de cualquier estadounidense residentes a ochenta kilómetros a la redonda de Fukushima, cuando el Gobierno japonés solo lo ha recomendado para los que vivan a 37 kilómetros y que permanecieran en casa con las ventanas cerradas herméticamente.
Aviones para la evacuación
Estados Unidos también ha «urgido» a todos sus ciudadanos en Japón a abandonar el país, pero la evacuación es voluntaria. Para asistir a los aproximadamente seiscientos miembros del cuerpo diplomático y otros organismos federales que desean marcharse de Tokio, Yokohama y Nagoya se han fletado aviones, pero si se diese la necesidad de evacuación obligatoria harían falta barcos para sacar a unas 20.000 personas. La VII Flota tendría que abandonar temporalmente la asistencia que está proporcionando a las autoridades niponas en un momento crítico.
El Pentágono requiere que sus hombres ingieran pastillas antirradiación antes de partir a cada misión. De acuerdo con su ejemplo, millones de californianos se han lanzado a las farmacias en busca de yodo potásico, unas pastillas que engañan a las glándulas tiroideas para que no absorban radiación nuclear. Compañía por compañía, era fácil rastrear ayer el pánico. Anbex Inc. dijo haber vendido los 10.000 paquetes de catorce tabletas que tenía almacenados.