Buscarán ese objetivo que se une al puramente lúdico una combinación de vídeos, proyecciones e instalaciones interactivas creadas especialmente para esta muestra, que saludará al visitante con una reinterpretación de la 'La gallina ciega' de Goya. Será en la primera escala, que Saura titula 'De la luz a la oscuridad'. En ella el visitante-viajero experimentará la ausencia de luz dentro de una sala iluminada tenuemente, en cuyas paredes se proyectan varias escenas y cuadros de diferentes maestros, sobre todo del de Fuentedotos, hasta que la pantalla se funde en negro y la imagen es sustituida por la música. La luz regresa poco a poco y una niña se retira la venda de los ojos. «Indagamos aquí sobre el efecto de la oscuridad y la violencia», explica el autor en su proyecto. Observada la ausencia de luz, cabe explicar por qué podemos apreciarla. Por eso para la siguiente parada del viaje, Saura ha creado un ojo gigante.
En realidad es la reproducción de una gran maqueta del siglo XIX, con sus partes fisiológicas bien a la vista. En esta segunda zona, la participación del visitante es posible sobre otra maqueta de ojos que miran en todas direcciones. Cierra la escala una serie fotográfica de miradas maquilladas, suspendida en el aire que pretende reunir costumbres estéticas de diferentes culturas. Además habrá tres plasmas con imágenes de animales y vocación de mostrar que hay otros ojos en la naturaleza «que, en muchas ocasiones, perciben de un modo muy distinto al nuestro». La tercera parada se enfrenta a más miradas, pero ahora son mecánicas. No podía faltar aquí una cámara oscura que explique el proceso de visión y para alimentar el elemento lúdico, un fotomatón, donde cada cual podrá hacer una foto que luego será proyectada desposeída de su color. Intención: «Que el visitante compruebe las diferencias entre la percepción del ojo y el registro fotográfico». Después del juego, espera al espectador una exposición de algunas piezas de la colección del cineasta, poseedor de un importante fondo de cámaras fotográficas que pertenecieron a grandes maestros, como Cartier Bresson o Man Ray. Y a su lado, un gran fotosaurio (fotografía pintada por el propio Saura), tributo a esos maestros. Para rematar la tercera fase se han seleccionado diversas proyecciones que narran el paso de la fotografía al cine, y una instalación basada en piezas de Muybridge, Marey y Mc Laren. «El ojo mecánico es una copia del ojo biológico», dice Saura en la cuarta estación y lo hace para explicar la naturaleza del órgano humano y su equivalencia en una cámara de fotos. Vuelve aquí la fisiología de la visión. Un audiovisual creado para la causa explicará como llega la luz al ojo y cómo se produce el proceso de la visión.
Otro hará lo propio con ese proceso en una cámara fotográfica. En la quinta escala regresa el juego. Titulada 'La luz y el reflejo' encerrará en un laberinto de espejos, una imagen de 'Las meninas', la obra que mejor ha jugado con el misterio de los reflejos de la historia de la pintura. Varias citas literarias y la proyección de las principales secuencias de películas en las que los espejos son parte de la trama, cierran esta invitación a sumar lenguajes y reflexiones, que Saura plasmó, como el resto del proyecto, en una serie de dibujos, algunos de los cuales acompañan estas líneas. El fuego, que protagoniza la sexta fase del viaje, también fue a parar a su libreta de bocetos. Su espacio ilustrará «la luz que emana de la tierra o que fabrica el hombre». Y con el fuego, recreado con tela y viento, las sombras. Las chinescas. de Lotte Renninger y las pictóricas, de Giorgio de Chirico, que permitirán observar «cómo la luz cambia y las sombras se alargan». Una experiencia que el visitante podrá prolongar en un teatrillo, en el que se le invitará a manipular marionetas. Las pantallas de plasma tendrán aquí, como en todo el recorrido, parte de protagonismo. Dos de ellas enfrentarán el fuego de la naturaleza con el que produce el hombre, en un montaje paralelo que ha de coincidir con la alegoría de Prometeo recibiendo el fuego de los dioses. Le tocará luego el turno al fuego absoluto. La estrella más luminosa de todas entrará en escena y será recibida como un amanecer. Una proyección del sol visto desde la tierra, «la luz reflejada en el agua, filtrándose entre los árboles».
Estas idílicas imágenes se combinarán con iconos del sol de las diferentes culturas, varios girasoles mecánicos, que giran buscando una fuente de luz, y un terrario con mariposas que al recibir un haz eléctrico, vuelan. «Es decir», apunta Saura, «la luz como fuente de vida y, a su vez, la célula fotoeléctrica como fuente para producir energía cinética». Además, una proyección central sobre la lámpara de la cúpula mostrará imágenes del Centro Astrofísico de Canarias y algunas piezas de la NASA. El espectáculo se podrá ver desde una tumbona con unos cascos incorporados «donde se escuchará el tremendo ruido del universo». La exposición, concebida como una película, con sus luces y sus sombras, su historia, principio y fin, trata de mantener un singular idilio con la arquitectura de Niemeyer. De su importancia da cuenta otro apartado, el octavo, que narra cómo la luz esculpe los espacios con la misma eficacia que el propio arquitecto. Y es que la luz irrumpe en todo.
También conforma el color, al que se dedica la siguiente parada, con un pequeño tablao donde el público bailará, dejándose bañar por luces que alteran la percepción. «La idea es mostrar como la iluminación se utiliza escenográficamente para sugerir emociones y ambientes». El viaje concluye en la planta cero, pero sigue en la primera planta con dos apartados más, 'La luz en la pintura', con una proyección sobre el lateral de la cúpula de 10 obras maestras en las que destacan el tratamiento de la iluminación, y 'La luz vista por la infancia', donde se mostrará la relación entre los niños y el tema de la exposición. Esta última parada se resolverá con tres elementos: una proyección de detalles de dibujos de niños, un mural con los que los pequeños vayan creandose, a partir de la visita y un espacio donde podrán dibujar lo que quieran y colgarlo en el tablero magnético. Así será el final del trayecto de la noche absoluta al sol definitivo.






