Entre el magnífico retrato de Meléndez Valdés, realizado por Goya, y el de Francisco Saavedra, de autor anónimo. Entre el amigo con el que compartió versos y el político, que fue ministro de Gracia y Justicia como él y, con el que dicen, coincidió en un intendo de ser envenenado. Abrazado por ambos ofrece su goyesco gesto Jovellanos. Pensativo que «no triste, que acababa de cargarse a Godoy», apunta frente a él Manuel Álvarez-Valdés. El historiador es uno de los que defiende la conjura para matar al prócer, a la que ha llegado escrudriñando las secuelas de una comida con la reina María Luisa y el secretario de Carlos IV, que estuvo detrás de su arresto y destierro. Es decir, el mentado Godoy, que, retratado por Carnicero, también está en la muestra a pocos metros del prócer y justo enfrente de Campomanes, representado por Bayeu, en una copia de un cuadro de Mengs. A Godoy y a la Reina, unidos como amantes por la leyenda, otorga Álvarez-Valdés la «autoría intelectual» del envenenamiento de Jovellanos «acometido con sales de plomo».
Lo aseguraba ayer, en el recorrido inaugural de la exposición 'La luz de Jovellanos', que abre hoy sus puertas en el Palacio Revillagigedo y el Museo de Gijón Casa Natal con el mayor homenaje levantado al ilustrado, pero también a quienes, con él y como él, sentaron las bases de la sociedad contemporánea. Y es que todo el arsenal informativo que arrojan las 256 piezas expuestas, entre pinturas, documentos, libros y objetos del siglo XVIII, no habla sólo del gran intelectual gijonés, aunque él es su epicentro iconográfico y científico.
«'La luz de Jovellanos' permite recuperar también el legado de todos los que de forma anónima lucharon por la libertad, la igualdad y la justicia», como advirtió Charo Rodríguez, presidenta de Acción Cultural Española, responsable de parte de la organización y de su producción ejecutiva, que acudió a la inauguración oficial, al lado de las principales autoridades asturianas, dejándose guiar como ellas por los comisarios de la muestra y también por algunos de los miembros del equipo científico. A Álvarez-Valdés, uno de sus 11 integrantes, le correspondió relatar el apartado familiar de Jovellanos. En él, además de sus hermanos, Josefa y Pachín, el propio don Gaspar acude a la cita en varias versiones. Las dos de Goya, la del Prado y la del Bellas Artes de Asturias, -situado éste entre la Condesa de Montijo, de Andrés de la Calleja, y José Antonio Sampil, de Ángel Pérez Díaz-, y uno más, que se atribuye a la hija de Mengs, Ana Teresa, que le retrata «con manguito» y sin peluca.
Tras las marcas de los amigos y los enemigos, el palacio se adentra en las del hombre de leyes y lo hace con un manto de la orden de Alcántara, a la que Jovellanos pertenecía y, cuyo ingreso celebra el primer retrato que le hizo Goya. Al de Fuendetodos pertenece una cuarta pieza de la muestra, un pequeño grabado, prestado por la Biblioteca Nacional, de la serie de los Caprichos. Titulado 'No hubo remedio', encabeza en la galería una de las muchas vitrinas, que cargadas de primeras ediciones, manuscritos y antiguos ejemplares de periódicos, como EL COMERCIO, ofrecen información, no sólo del siglo XVIII, sino de las consecuencias del pensamiento jovellanista y cómo éste ha llegado a nuestros días.
Ya en el primer piso, superada la Guerra de la Independencia, vistos para entonces uniformes, planos, banderas y otros muchos retratos del prócer (de Piñole, Pelayo Ortega, Evaristo Valle, incluso otro atribuido a Goya y de autor desconocido, así como esculturas de Cristóbal Ramón Tello, Ángel Monasterio y Manuel Fuxá Leal) una de esas vitrinas informa de su fallecimiento en noviembre de 1811 y de cómo y con qué admiración fue contada tal noticia, no sólo en aquella España todavía dividida, sino fuera de ella. Se recuperan también, bajo elogiosas frases sobre Jovellanos, de Marx y de Clarín (hay varias del ilustrado por toda la muestra), las primeras biografías sobre su vida, «en las que es claro cómo las dos Españas se arrogan sus virtudes», según la historiadora Elena de Lorenzo. También se pueden leer varios poemas conmemorativos, algunos inéditos, en los que se habla del ilustrado «como un dios, un padre de la luz».
«La luz de la Ilustración no tiene un movimiento tan rápido como el sol», dejó escrito Jovellanos y recuerda esta exposición, colocando cada uno de los pasos del largo camino en las diversas salas del palacio, que dan cobijo también, por ejemplo, al momento en que se firman las Cortes de Cádiz, representado en la pintura de José Casado de Alisai, que preside una de las pequeñas estancias. La misma en las que se exhibe, bajo cristal, el Informe sobre la Junta Central, en una primera edición que habita normalmente en la Biblioteca de la Universidad de Oviedo, a la que pertenecen muchos de los viejos volúmenes expuestos.
En la segunda planta tienen cabida el Jovellanos que habla de la descentralización de la cultura, pero también de las ciencias útiles para el progreso, a las que han puesto en esta muestra todo su conocimiento Inmaculada Urzainqui y Álvaro Ruiz de la Peña. El Jovellanos que se preocupa por el progreso de Gijón, que se exhibe en todo su esplendor en torno a una maqueta de 2003, espejo de la ciudad del XVIII, a la que puso ayer verbo Ramón Alvargonzález, recordando cómo Jovellanos propone aumentar la población, la industria y el comercio (propuesta que aparece en libro de actas manuscrito).
En la sala contigua, se exponen las enseñanzas del Jovellanos economista y entre ellas el documento por el que fue apresado y trasladado al castillo de Bellver, el 'Informe sobre la Ley Agraria'. «Su mayor obra», en palabras de Joaquín Ocampo, que se muestra aquí, además, en borrador con notas del propio Jovellanos. En este ámbito que cierra el recorrido el visitante puede también acceder al documento en el que el polígrafo de Gijón, que nuevamente aparece retratado, precisamente con el Informe de la Ley Agraria en su mano (obra que se atribuyó erróneamente a Goya), expresa cuáles son «los medios para promover la felicidad de Asturias».
Un buen punto y final para una exposición que cuenta dos siglos de historia y que no acaba en palacio. Sigue en el museo que fue casa de Jovellanos, donde, además de algunos de los óleos que atesoró en su afán coleccionista, el retrato de Suárez Llanos y algunos enseres, se ha dispuesto su gabinete al completo.