Concentra estos días Asturias una de las ofertas culturales más potentes de todo el país, ofreciendo la posibilidad de viajar el pasado más glorioso del arte español, contemplando las marcas de quien puso en la historia del arte y el mundo las pinceladas más extraordinarias del siglo XVIII, el maestro Francisco de Goya, y en el mismo espacio contemplar las huellas recientes de algunos de los creadores que componen el cuadro del presente pictórico desde este Norte. Arte del pasado, incluso del más lejano, el prehistórico, del presente y casi del futuro se citan en el Principado.
Gijón, donde más ofertas se suman, en el Palacio Revillagigedo, el Museo Casa Natal de Jovellanos, el Barjola, Laboral Centro de Arte y Creación Industrial y el Centro de cultura Antiguo Instituto; Avilés, con la magnífica exposición que abrió el viernes Carlos Saura en el Centro Óscar Niemeyer, y Oviedo, con nuevas incorporaciones en el aún de reformas, pero abierto al público, Museo de Bellas Artes de Asturias, el recién recuperado Museo Arqueológico y la sala del Banco Herrero, que entró en la agenda de actividades reseñables también hace sólo unos días. Se unen a estas ineludibles promesas de regocijo intelectual y de entretenimiento los contenidos del Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo, que inaugurado el pasado 15 de marzo, ha superado ya los 8.000 visitantes.
El viaje por el tiempo y el espacio del arte y la historia se puede empezar por cualquiera de las ciudades, los museos, centros culturales o salas. Sin embargo, en homenaje al hombre que fue modelo de cuanto tuvo de bueno la Ilustración española, la primera de las paradas podría ser la exposición que conmemora el bicentenario de su muerte.
Repartida en dos sedes, 'La luz de Jovellanos', que así se titula la exposición en homenaje al gijonés, reúne 256 piezas, entre las que la joya de la corona es un Goya. El retrato que hizo de don Gaspar para conmemorar su nombramiento de ministro y que es, según los expertos, más que una representación de sus rasgos, toda una biografía psicológica de su persona. Junto a ese cuadro se exhiben otros dos del maestro aragonés (retrato de Meléndez Valdés y otro del propio Jovellanos). Planos antiguos, cartas manuscritas, primeras ediciones, estandartes y casi una docena de interpretaciones de sus gestos, a manos de artistas de varias generaciones, desde Teresa Mengs a Pelayo Ortega, pasando por Piñole o Evaristo Valle, conforman esta muestra, que es todo un repaso por el siglo XVIII, pero también un acercamiento a la gestión de las libertades en las que vive la sociedad contemporánea. Paradas obligadas, además de en los mentados cuadros de Goya, en algunos documentos singulares, como el borrador de la Ley de Reforma Agraria, con notas manuscritas de Jovellanos, o el acta de defunción del prohombre, en noviembre de 1811.
A pocos metros de las dos sedes de Jovellanos, el Museo de Juan Barjola, requiere otra parada. Una exposición de arte contemporáneo asturiano, que es selección de los fondos del Bellas Artes regional, presente un interesante recorrido por los intereses de los artistas nacidos en las décadas de los años 60, 70 y 80. No hay una sola disciplina del arte ajena a esta cita. Pintura, escultura, instalaciones, performances y fotografía dan cuerpo a la muestra, que prolonga la colección del principal museo asturiano en Gijón, y ocupa la totalidad del equipamiento en el complejo arquitectónico de la Trinidad.
En Gijón las posibilidades son inabarcables. La serie de equipamientos dedicada a recuperar el pasado, como la Casa de Veranes, las Termas Romanas, la Torre del Reloj o el parque arqueológico de la Campa Torres (que estos días presenta 'El último viaje. Los ajuares funerarios de La Olmeda') ofrecen sus colecciones permanentes. También apuesta por sus fondos históricos, no ya de un pasado tan lejano, sino de uno que supera los 60 años, el Museo Evaristo Valle, en Somió. En sus instalaciones, además de rendir tributo a quien le da nombre, estos días se muestra una colección de esculturas y pinturas de Javier del Río, al que se recuerda con una exposición conmemorativa del aniversario de su muerte, hace siete años.
En el mayor centro de arte contemporáneo de Asturias, Laboral, conviven estos días varias exposiciones. La última abierta el viernes, 'Move con Asia', una revisión del panorama del videoarte asiático desde los años sesenta. Pero el epicentro real de su agenda está en 'Noches eléctricas', una selección de obra traída directamente de las colecciones del Museo Nacional Georges Pompidou, que se abre con dos grabados del Museo del Louvre y también rinde tributo al videoarte, pero va mucho más lejos, con algunas de las instalaciones más bellas expuestas en Asturias en los últimos años. Firmas que ya son leyenda de la creación contemporáneas como las de Brion Gysin, Ange Leccia, Ana Mendieta y Yoko Ono, entre otros, permiten un paseo, que es puro entretenimiento, y sigue el principio de los fuegos artificiales, alternando instalaciones con proyecciones. Las imágenes en movimiento se presentan en pantallas de distintos formatos que cuelgan, a diferentes alturas, en el espacio.
Otra de las grandes citas, ya no de la Semana Santa, sino del año, es la exposición que el cineasta, fotógrafo, escritor y pintor ha desplegado en el Niemeyer, de Avilés. En su sala de la cúpula, estrenada precisamente por él, expone Carlos Saura los pilares de su obsesión pasión por la luz. Es toda una lección sobre la importancia de ésta en nuestras vidas, narrada a modo de travesía iniciática por la que se guía al visitante, a través de once paradas que concilian espíritu lúdico con reflexión científico-filosófica. Once paradas para aprender, comprobar y divertirse, pues, la mayoría de los elementos expositivos permiten una interacción, que no sólo facilita el conocimiento, sino el ocio. Desde una caverna en la que se advierte primero la angustia de las tinieblas y luego la aparición de la luz, hasta un teatrillo de sombras chinescas, o un laberinto de espejos, que escupe citas literarias, el espectador podrá conocer el proceso por el que la mirada se nutre de realidad y lo parecido que es éste proceso en el interior de una cámara fotográfica. Y por si esto fuera poco, Saura suma a la causa una selección de obras pictóricas en las que el tratamiento de la iluminación hace de la obra una pieza de arte.
Parada ahora en Oviedo. En su casco antiguo, donde la exposición de belleza ante los ojos es permanente, aguarda al amante del arte la principal pinacoteca asturiana. Actualmente inmersa en una obras de ampliación, permite sin embargo, admirar algunas de sus piezas más importantes, pese a que en estos días nutre dos exposiciones (la de Jovellanos y la del Barjola). Como novedad se puede acudir a la sala del siglo XVIII para enfrentar los sentidos a un cuadro que fue creado para convertir sus pinceladas en tapíz y representa el quehacer artístico del siglo de Goya. Se trata de 'la cocina', de Ramón Bayeu, hermano de la esposa del maestro, a cuya influencia debe una parte notable del cuadro, por lo que es importante fijar la atención en los fogones.
Parada obligada merece también en Oviedo la exposición, inaugurada el viernes, que analiza la concepción del paisaje en veinte artistas contemporáneos. Es una selección de la colección Banco Sabadell, en la que destacan dos asturianos, Galano y Fontela.