Al arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes (Madrid, 1955), le da gloria «jugar con el lenguaje». Lo que para el prelado no es más que un divertimento semántico propio de un apasionado comunicador, para otros es un tirar la piedra y esconder la mano que se recrudece en capilla electoral. Lo cierto es que sus cartas pastorales de los jueves casi nunca defraudan. Y todavía promete más.
-¿Qué le dice la grey a su pastor?, ¿qué se respira en Asturias?
-Hay una preocupación real por la crisis. No se ve una salida tan clara como pretenden decirnos. La gente te habla desde su realidad de estar meses sin cobrar. Incluso el subsidio del paro. Cosas que afectan a familias enteras. Al humor y a la esperanza de la gente. Y a la convivencia, que se hace difícil. Esto me comentan. Familias que no pueden pagar la farmacia o la cuenta que tienen en las tiendas de comestibles. No son familias que llevan mal prescindir de lujos, sino la vida cotidiana más elemental. En esto, Cáritas hace una labor preciosa.
-Recientemente, rompió una lanza a favor de Cáritas y, de paso, arremetió contra las ONGs no católicas.
-Esta noticia sale en abril y la carta pastoral en la que yo hablaba de esto era de enero. A veces, mis declaraciones no son polémicas, sino que pueden ser polemizadas. Y yo me sentí ante una declaración polemizada. Era una carta sobre Haití, de cómo tantas ayudas prometidas finalmente no llegaron. Uno se pregunta: ¿Entonces, quién se ha quedado con el dinero? Yo decía que hay organizaciones como Cáritas y tantas asociaciones católicas con las que la ayuda siempre llega. De estas me fío completamente. Del resto, depende de cuál. En principio, presumes la honestidad de todas las ONGs. Luego hemos sabido de algunas que no lo son tanto.
-Se interpretó como una llamada a marcar la cruz en favor de la Iglesia en la declaración de la renta.
-Nada que ver. Primero, porque la carta estaba escrita en enero. Y, segundo, porque yo no entraba en esa cuestión. Ahí se ve la intencionalidad de algún medio de comunicación y de algún partido que está alrededor.
-¿Mantiene la Iglesia asturiana alguna posición de cara a los comicios del 22-M?
-Sí. ¿Qué te parece?
-Perfecto. ¿Me la cuenta?
-Era una broma. Para provocarte. Y lo he conseguido. No tenemos más posición que la que habitualmente nos caracteriza cuando llegan este tipo de citas electorales. No hay un partido católico y, por lo tanto, la Iglesia no se reconoce en ninguna de las siglas.
-No lo parece.
-Lo que hacemos es una invitación respetuosa a nuestra gente cristiana y a quien quiera escucharnos para hablar de valores que, para nosotros, deberían ser irrenunciables.
-¿Por ejemplo?
-La vida en todas sus fases. No vaya a ser que estemos diciendo sí a la vida del no nacido y la del nacido no nos importe tanto. Y que nos traigan al pairo su paro, su indignidad, su falta de dignidad. Porque, a veces, a nosotros nos dicen que no respetamos el desenlace último de la personas. Nosotros lo que no queremos es darle a la tecla para que esa persona deje de molestarnos. Tampoco queremos eternizar a un vegetal. Y, cuando no hay una posibilidad de vida razonable, se hace una valoración moral y ética de acuerdo con la familia y con el individuo. No somos nosotros los que decidimos. La muerte la decide la vida.
-Un ataque directo al PSOE.
-Detrás de unas elecciones hay unos partidos. Y, en ellos, hay maneras de entender la vida, de legislarla, de priorizarla. Pero repito: no hay ningún partido con el que nos encontremos del todo. Ni ninguno con el que nos desencontremos del todo.
-¿Tampoco es un claro marcaje su carta pastoral criticando la intervención española en Libia?
-A mí me gusta jugar con el lenguaje. También por mi deformación profesional de ser profesor universitario y por la formación que tengo. Pero jamás pondré el nombre de nadie. Ni de personas ni de partidos. Pero me gusta tener la ironía inteligente de decirlo todo sin señalar a nadie. Puedo comprender que algunos puedan desesperarse, pero, cuando hablaba de la ceja, hablaba del sí a la paz. Hay quien a una guerra le dice no y con otra se hace el longuis. Los de la ceja dijeron no a una guerra. Estamos esperando que se manifiesten también contra esta. Tiene su mordiente, pero no estaba yo mandando un mensajito para las próximas elecciones.
-Una intervención militar que ha sido prorrogada por el Congreso.
-No es algo que yo pueda comentar.
-¿Alguna recomendación para los feligreses aún en duda?
-Escribiré una carta los días antes de los comicios para recordarles los valores irrenunciables para nosotros. Hablamos de la familia, de la libertad, de la paz, de la convivencia y del respeto. Dependiendo de quiénes hayan sido más o menos defensores de estos valores, podremos decidir quiénes están más próximos a lo que nosotros esperamos de una gestión política.
-¿Puede valorar a los candidatos a la Presidencia del Principado?
-Lo haré con la discreción de quien mete su papeleta en la urna.
-¿Los candidatos divorciados son una buena opción?
-No entro en la cuestión personal en cuanto a sus datos biográficos. Les miro por los valores en los que creo. Claro que también se puede calibrar la biografía, el talante, la cultura. Todo cuenta, pero no es lo más esencial.
-¿También si van o no a los plenos?
-Todo cuenta. Aquí lo que está en cuestión es la gestión pública. Y todo eso yo lo valoro emitiendo mi papeleta, que no te pienso contar.
-También es mala suerte que el único cura que se presenta a las elecciones sea asturiano.
-Cuando hablé con él, le advertí de las consecuencias del paso que estaba dando. Él ha mantenido su decisión y no puedo decir que para mí haya sido una cosa agradable, que no lo fue. Pero yo respeto las decisiones y él tiene que respetar las consecuencias.
-¿Llamó la Conferencia Episcopal para poner orden?
-No, no. Es una decisión de un sacerdote, como cuando alguien decide dejar el ministerio. Ahí no entra.
-¿Y en las finanzas de la Iglesia asturiana? ¿Cómo van?
-Discretas. No tenemos un agujero, pero tampoco para seguir adelante con la construcción de parroquias. Tenemos dos que están pidiendo una actuación: la parroquia de San Francisco Javier, en La Tenderina, y la de Santa Olaya, en Gijón. Pero no tenemos unas finanzas tan saneadas. No es así en el caso de los pobres, porque hemos incrementado las aportaciones a través de donativos. Tenemos más recursos que nunca y nos duran menos que nunca en las manos, porque la demanda social es mucha.
-¿La reestructuración de la Diócesis, que pasa de cinco a tres vicarías, persigue ahorrar?
-No es que se ahorre, económicamente hablando. Se ahorra en cuanto a los recursos. Al haber menos sacerdotes tenemos que hacer una redistribución más inteligente, implicando también a los laicos y a los religiosos. No puede ser que los laicos y los religiosos sean mano barata cuando nosotros no tenemos ya con quién.
-¿Las vocaciones siguen siendo su talón de Aquiles?
-Tenemos un Seminario del que estoy muy contento. Es un regalo del cielo poder contar con los once jóvenes que se forman dentro de él y, para el próximo curso, esperamos que entren varios nuevos.
-¿Puede con este pueblo de Dios usted solo o necesita un auxiliar?
-Esto me lo plantearé cuando termine el luto. Uno se queda muy triste cuando hay que decir adiós a un amigo que se va. Entonces, con ese pañuelo de silencio, dices 'ay, ay, ay... Yo solito...' No sé.
-¿Puede o no?
-Asturias, por la superficie que tiene, por su población y por el número de sacerdotes de los que disponemos puede perfectamente contar con un obispo auxiliar. Es más: debe. Ahora bien, no es algo que vaya a pedir al Santo Padre de forma inmediata. No es algo que yo descarte, pero no es una cuestión que ahora tenga entre manos.
-Hasta la llegada de Raúl Berzosa, el auxiliar tenía su residencia en Gijón. ¿Volverá?
-No lo sé. Tendría que valorar todos los factores. Hay pros y hay contras. Evidentemente que Gijón, por su envergadura, por ser una gran ciudad, con tantas parroquias y una población tan numerosa, tiene muchas ventajas. Pero puede tener también alguna desventaja: que no esté aquí, auxiliando al arzobispo diariamente. Mirar el bien del conjunto de la Diócesis es lo que me moverá para tomar una decisión en un sentido o en otro.
-El Sínodo Diocesano entra en su recta final. ¿Ya era hora?
-Ya era hora, sí. Será un buen final y una buena noticia.
-¿Y hora también de que el TSJA acabase con la batalla de los conciertos a favor de los colegios que separan a niños y niñas, vinculados al Opus?
-El que sean del Opus Dei es el dato menos interesante. Puedo entender que, para una determinada posición, el que sean del Opus Dei puede tener un trasfondo de crítica, de alarma, de cautela y de prejuicio. Aquí de lo que se trata es de defender la libertad de unos padres de escoger para sus hijos una educación diferenciada.
-¿Argumentos en su defensa?
-Yo he estudiado fuera de España y lo que tengo que decir es que las sociedades democráticamente más avanzadas están volviendo a la educación diferenciada. Pero no por una cuestión de segregación sexual, sino por el dato científica y psicológicamente fehaciente de que el niño y la niña, en esa franja de edad, tienen maduraciones distintas. Yo creo que es respetable que alguien decida educar a sus hijos de una manera masculina o femenina. Sobre todo, cuando el rendimiento escolar en estos colegios no tiene color con aquellos donde la educación es indiferenciada. Si yo quiero el bien de ese guaje, elegiré el modelo que más le beneficie, donde sea mejor educado integralmente.
-El botellón está en auge. ¿Falla esa educación integral?
-Todos hemos sido jóvenes y hemos compartido una copa con los amigos. Pero ahora el botellón tiene como resultado que la persona se deteriora, que la alegría termina siendo grosera. Entendiendo por botellón alcohol, droga. Más o menos blanda, más o menos dura. Creo que no hemos acertado en el acompañamiento de nuestra generación más joven.
-¿Hay que regularlo?
-Más que un tema de regulación es un tema de educación.
-Volviendo a ella, ¿cómo sigue el conflicto con la consejería por «marginar» a los alumnos que optan por Religión frente a quienes eligen la alternativa?
-Está mal. Tenemos este contencioso que empieza a ser un clásico. Es un derecho que tenemos, que tienen los padres y los alumnos. Está contemplado en los acuerdos Iglesia-Estado. Pero las buenas palabras de la consejería no son suficientes cuando en la praxis no se hace mucho.
-Ustedes no ayudan. ¿Qué me dice de la profesora a la que han echado por estar casada con un divorciado?
-No la echamos. Lo que hemos hecho es no revovar el contrato que se les hace anualmente. La clase de Religión no tiene un contenido neutro como puedan tener las Matemáticas, sino que, por tener un contenido ético y moral, se pide que quien enseña esa asignatura tenga una coherencia de vida. No podemos renovar un contrato de alguien que enseña con los libros lo que no muestra con la vida.
Patrimonio
-Cambio de tercio: nada se mueve en Covadonga.
-Es un tema parado. Que no hemos parado en la Iglesia. No queremos hacer de Covadonga un reducto privadón donde estamos solo nosotros a puerta cerrada. Queremos tener las puertas muy abiertas, pero no que se nos cuelen intereses o condicionantes que hagan de Covadonga un parque temático.
-¿Y el Prerrománico? Merced al convenio con Cultura, les toca fomentar las visitas, pero tal parece que para entrar a los monumentos haga falta ser amigo del cura de turno.
-No me consta. Hay un horario y unas fechas. Y la gente descansa. Como en cualquier otro edificio artístico.
-Paz y bien.
-Paz y bien.