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Deliciosa y mordaz

La versión teatral de 'La guerra de los Rose' con Carlos Sobera y Mar Regueras llenó el viernes el Teatro de la Laboral

24.04.11 - 02:02 -
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La versión teatral de 'La guerra de los Rose', con interpretación espléndida de Carlos Sobera y Mar Regueras, llenó el Teatro de la Laboral de un público que la aplaudió calurosamente.
Había que deshacer dos prejuicios para sentarse el pasado viernes en el patio de butacas del Teatro de la Laboral (por cierto, ocupado en más de tres cuartas partes, casi lleno). Es decir, que para disfrutar plenamente de la versión dramatúrgica de 'La guerra de los Rose', que en principio fue novela de Warren Adler y posteriormente película realizada por Danny DeVito, con Michael Douglas y Kathleen Turner sacándose la piel a tiras, era conveniente estrenar mirada.
El primero de los prejuicios a subsanar trataba precisamente de la memoria fílmica, que pudiera llevar a comparaciones indeseables. El segundo, la participación en uno de los papeles protagonistas de Carlos Sobera, acostumbrados los (tele)espectadores a ver su figura en diferente registro.
Bien, pues no hubo mayor dificultad para rectificar el punto de vista de tales prevenciones. Y ello porque la obra adaptada y asimismo dirigida por Garbi Losada, que reproduce con bastante fidelidad el guion cinematográfico, se distancia en el modo de enfocar la peripecia divorcista que ocupa el centro de la función, echándole mucho humor y rebajando los excesos melodramáticos. Y en segunda instancia, porque la naturalidad y solvencia interpretativa de Carlos Sobera -que tiene casi tantas tablas como platós- logró desde el primer instante encarnar a un personaje creíble, muy verosímil en su rol de marido en crisis, bien que apelando a una cierta composición de sesgo cómico, a veces en las cercanías del gesto de escuela mímica. Siempre hilarante y ganando en intensidad y tensión a medida que avanzaba el desarrollo de los acontecimientos.
Sin duda, el trabajo de Garbi Losada ha debido tener gran influencia en esas modulaciones, que por otro lado nos han descubierto a quienes todavía estábamos en el limbo o no conocíamos suficientemente su carrera profesional, a una Mar Regueras deslumbrante, llena de recursos expresivos y físicos, excelentísima actriz y acróbata probablemente con muchas horas de ballet -como exigen algunos cuadros de la representación-, soberbia en cada momento y espléndida en las réplicas. Mucho más que la admirable subinspectora Lola Écija, de la serie televisiva 'El comisario'. Una pena que frecuente tan poco la tarima teatral, a la que no volvía desde el año 2000, con 'Top dogs'.
En general, el elenco estuvo a gran altura, quizá circunstancialmente sin suficiente proyección de voz, sólo en momentos contados.
La escenografía lució de un modo clásico, con jardín al fondo y auxiliada por una gran agilidad en las transiciones, estableciendo cursos paralelos de la acción. Y deparó la sorpresa final -que habrá exigido mucha imaginación creativa- de llevar a escena la famosa secuencia de la lámpara, que si no brinda el vértigo de la gran pantalla, ocasionó algún que otro grito del público por su inteligente argucia y originalidad.
Una obra deliciosa y mordaz, que sin ánimos de trascendencia, también habla de la frontera entre el amor y el odio. Se aplaudió calurosamente.
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Mar Regueras y Carlos Sobera en escena. :: E. C.



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