El pasado domingo, convocados por los sindicatos de los trabajadores, se manifestaban por las calles de Oviedo unos miles de personas. Se celebraba el Día Internacional del Trabajo, antaño conocido como día internacional de los trabajadores, que tal como van las cosas de la economía y sus aledaños, podría terminar siendo en un futuro no muy lejano el día internacional del paro o para mayor exactitud y desgracia de todos nosotros, el día de los parados. Como avanzaba el eslogan de la manifestación en pancartas y manifiestos: «plan de choque urgente para frenar el paro».
Esta fiesta del movimiento obrero del primero de mayo, se estableció por el Congreso Obrero Socialista en Paris el año 1889 como una fiesta fundamentalmente reivindicativa, y nació como un homenaje a los «mártires de Chicago», aquellos ejemplares obreros que fueron ajusticiados por su incansable lucha para establecer la jornada laboral de ocho horas, lucha que cristalizó en la histórica huelga del «primero de mayo» del año 1886.
Desde aquellos años decimonónicos en plena expansión de un incipiente desarrollo industrial, hasta nuestros días, mucho ha cambiado el entramado laboral en todo el mundo occidental y sobremanera en España. Desde el inicio de la crisis económica del año 2007 conocida como crisis de las «subprime», el alcance de la crisis está minando día a día, mes a mes y año a año, las economías europeas y occidentales, pero su efecto más devastador se está produciendo en Grecia, Irlanda y Portugal, y singularmente en España por la galopante e imparable pérdida de empleo que afecta directamente a nuestros trabajadores.
La situación del parado en nuestro país es desoladora. Las personas que se ven atrapadas en esta red no le ven salida, no le ven fin, pues por mucho que las autoridades nos traten de convencer de una inminente recuperación económica o de los tan manidos brotes verdes, la tragedia del parado es que los subsidios tienen fecha de caducidad y la resistencia económica de la persona y de la familia tiene su límite.
Las cifras de destrucción de empleo eran inimaginables hace unos años, hoy se estiman en 4.910.200 las personas paradas en España y en 86100 la de demandantes de empleo en Asturias. La situación y futuro laboral de nuestros jóvenes mejor no cuantificarla, simplemente es desalentadora, como dice la Real Academia Española de la Lengua «decaimiento del ánimo, desfallecimiento de las fuerzas».
En una sociedad moderna, amparada por estados democráticos de derecho, con una presuntuosa economía del bienestar, ningún ciudadano puede ser libre, si el derecho al trabajo es simplemente un principio legal que no se pude hacer realidad. Y paradójicamente, en estos momentos, todo indica que los efectos de las políticas económicas están haciendo más ricos a los pocos muy ricos, pues en este planeta nunca se concentró tanta riqueza en tan pocas manos, ya sean estas humanas o societarias.