Donativos, comidas con concejales, regalos a las hijas de algún funcionario. Durante los últimos años Víctor Manuel Muñiz y Alfonso Carlos Sánchez, responsables de Igrafo y Almacenes Pumarín S.A. (APSA) respectivamente, han coordinado esfuerzos para tejerse una red de amistades capaz de colocarles en una posición privilegiada de cara a una licitación clave: los contratos para suministrar el mobiliario del nuevo Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). El sumario del 'caso Renedo' retrata en este sentido una retahíla de gestiones y favores al límite de la ley.
Cabe matizar que el retraso que arrastra la ejecución del complejo sanitario afecta a estas gestiones. A día de hoy el Principado todavía no ha convocado públicamente los concursos de mobiliario. Por otra parte, resulta lógico, hasta cierto punto, que las empresas se interesen por el encargo. Especialmente en un contexto en el que la contratación pública anda de capa caída y los empresarios, como desvelan en sus conversaciones, a duras penas logran mantener a su plantilla. Igrafo es la más apurada, dado que pasó de percibir 8,6 millones del Principado en 2007, a 3,2 millones en 2009.
Sobre el papel, los dos empresarios imputados son competidores pero las intervenciones telefónicas demuestran que tienen una relación «de confianza» entre sí. El 4 de noviembre pasado, el de APSA llama a Igrafo y pide que le pongan con Muñiz, para explicarle que «era bueno que tomaran un café para hablar el tema del HUCA». El empresario ovetense responde que «cuando toco algo, que últimamente no toco nada, porque es que no mueven nada, pero en este caso hablo por los dos, ¿eh?».
Sánchez recaba información privilegiada a través de una tal Verónica, mujer que los agentes creen que puede ser una arquitecta próxima a la administración. El 10 de noviembre ésta informa al empresario que «estuvo reunida con Chema Gancedo y con otro hombre que se llama Jesús que debe ser la persona que más decide en la adjudicación de los proyectos». Gancedo es el secretario general técnico de la Consejería de Salud y, a partir de ese momento, una de las personas a la que Sánchez trata de aproximarse por distintos medios. El 30 del mismo mes, el de Pumarín admite a un amigo que «me interesaría acercarme a Chema», a lo que su interlocutor se compromete a arreglar una comida con el funcionario.
Verónica es un contacto clave. Dos días más tarde habla con el empresario, quien le ruega que convenza a un tal Jesús, arquitecto del HUCA, para comer juntos. La mujer se compromete a intentarlo. «Alfonso le vuelve a preguntar por el proyecto del HUCA, que una parte es de mueble homologado a la que ellos se presentan y le pregunta si la otra parte es mucho dinero el mueble a medida. Verónica le dice que es de dos millones y medio en lotes de 300.000 euros». La mujer precisa que algunos de esos lotes son de mobiliario muy específico, pero a otros sí puede presentarse. El empresario anuncia que lo intentará con la empresa Aldisa, algo que aprueba Verónica porque «igual hay que dividirlo entre Aldisa y otro». El motivo es que «Chema quiere repartir en bloques (...) para no pasar de 300.000 euros... y el que tiene la última palabra es Gispasa, Chema Gancedo, que son los que contratan».
Las escuchas intervenidas sugieren que Sánchez tiene infiltrados a algunos empleados públicos especialmente interesados en favorecerle. Es el caso de una tal Veva, relacionada con el hospital. Esta mujer le indica el 27 de noviembre que ha estado averiguando cómo se hacen las contrataciones en su departamento. «Me he enterado porque el aparejador de aquí es muy amigo mío, entonces ellos para obras menores invitan (...) Entonces yo le dije al aparejador, bueno, pues a partir de ahora ten en cuenta a Almacenes Pumarín, pero claro no es como Almacenes Pumarín me imagino». El empresario indica que no, «que es TTC». Luego la mujer matiza que en el viejo hospital sólo se contratan «remiendos», lo que le parece estupendo al empresario porque «nosotros nos dedicamos a lo pequeñito del día a día». Veva se compromete a hacer «todo lo que pueda, y a ver si por ahí se puede rascar algo».
El mismo día Sánchez contacta con 'Lili', al que se ha identificado como el secretario general del PSOE de Mieres, Balbino Dosantos. Entre otros favores, el de Pumarín le indica que Juan Ortiz «lleva el tema del HUCA y está muy vinculado, en esta legislatura empezó de subgerente del HUCA pero debió tener algún problema con Tini y lo quitaron». Sánchez explica que Ortiz está interesado en hablar con 'Lili' para «contarte alguna cosa, pero contigo solo». Las atenciones que el empresario prodiga a Ortiz son frecuentes y entre ellas está facilitarle entradas para el fútbol.
No es un hecho aislado. Los empresarios invierten bien en ganarse adeptos. El 3 de diciembre, Sánchez confía a un tal Juan que estuvo en una exposición de cuadros y ha reservado uno «aunque no sabe si ponerlo en casa o en la empresa». El colaborador le ofrece una solución: «Inflamos un poco los costes de la parte tal y lo donas al hospital que le va a venir bien y se sube tanto». Juan le indica que «yo quiero que seas muy millonario y que te vaya muy bien» a lo que Alfonso responde que «a ver cómo va esta legislatura, a lo mejor la próxima cambia».
Quien también se muestra activo es Víctor Muñiz. En julio, un contacto que tiene en una empresa de Madrid le informa de que ha empezado a tratar con el gerente del Clínico de Madrid quien, a su vez, «tiene relación con un tal Mario». Por el contenido de la escucha, los agentes deducen que Mario es alguien relacionado con el HUCA, posiblemente Mario González, el gerente del hospital. El contacto madrileño pregunta «si es interesante que quede con los dos a comer para hablar del asunto».
El empresario le reconoce su interés en la gestión pero advierte de que «si llegan a algún acuerdo, que no aparezca su nombre, porque le puede perjudicar para cuando se produzca el reparto». «Se entiende que el reparto de concursos en un futuro para el hospital», deducen los agentes.