Un grito y el oído providencial de un vecino permitieron ayer a la Policía Local frustrar un intento de secuestro en el número 7 de la avenida de Llano Ponte y arrestar a sus dos presuntos autores, un langreano, O. G. L. de 23 años, y un guineano residente en Oviedo, DF. O. T., de 28. Los dos tienen antecedentes por delitos contra la propiedad y, tras prestar declaración ante la Policía, permanecían ayer detenidos a la espera de pasar a disposición judicial, presumiblemente hoy.
Los hechos, que al cierre de esta edición continuaban siendo investigados por los agentes, son confusos. Hacia las 17.40 horas, relataron fuentes policiales, un vecino del número 7 de la calle Llano Ponte (Pumarín) oyó un fuerte ruido procedente de un piso contiguo. Alertado, escuchó poco después una serie de fuertes gritos y llamó a la Policía Local.
La proximidad de varias unidades permitió que entre el aviso y la llegada de los agentes a la puerta de la vivienda de la que procedían los gritos (el 3ºA del bloque) apenas mediasen unos pocos minutos. Desde el interior de la vivienda, los agentes no escucharon ningún sonido. Ni las personas que, presumiblemente, se encontraban en su interior respondieron a sus llamadas.
Sospechando que la persona que había gritado pidiendo ayuda, podía no estar en condiciones de responder, los agentes localizaron a un familiar de la inquilina y franquearon la entrada del piso.
Dentro sorprendieron, según informó el Cuerpo Nacional de Policía, a los dos individuos, que tenían inmovilizada a una joven y procedieron a su detención y a liberar a la víctima, de la que no ha trascendido su identidad, aunque testigos, apuntaron que es de nacionalidad rumana. La joven fue trasladada al Hospital Central para ser atendida y reconocida.
«No es lo que parece»
Fuentes policiales, relataron que O. G. L. protestaba por su detención exclamando: «No es lo que parece, no es lo que parece». Lo que parecía, y lo que denunció la joven inquilina del piso, es que los dos varones habían intentado retenerla -los agentes recogieron cinta americana en el piso, con la que presuntamente inmovilizaron a la joven- y amenazarla para mantener relaciones sexuales, después de que ella misma les abriese la puerta, explicaron fuentes policiales.
En el edificio, con seis apartamentos por planta, los vecinos no querían hablar. Menos, con las cámaras de la televisión delante. El bloque «ya tiene mala fama», resumió un testigo.