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Un viaje mitológico con música y teatro

Cultura

Un viaje mitológico con música y teatro

19.06.11 - 02:37 -
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Todo empezó con un paseo. El paseante, Miguel Rodríguez Acebedo, acababa de aterrizar en el Jardín Botánico de Gijón curtido en mil batallas teatrales, musicales y deportivas (fue durante años director del Teatro Jovellanos) y, de pronto, por decirlo de forma poética, vio la luz. Vio que aquel lugar tan fantástico podía ser un escenario único, cambiante, especial. Mágico en definitiva. Vio el espectáculo. «Se me vino a la cabeza», recuerda hoy. Y habla después de cómo contactó con el músico Ramón Prada para hablar de la idea y después con Carmen Gallo, la directora de Factoría Norte. «Ella enseguida me pilló la idea y entró al trapo», asegura. Todo esto sucedió en 2004. Y aquella primera vez fue posiblemente la más difícil. «La idea era que no queríamos una actuación teatral, sino que la gente diese un paseo y echase a volar la imaginación en ese paraíso de los personajes mitológicos». La güestia, los trasgos, los trasnos, las xanas se instalaron en Gijón. Y la idea gustó tanto que se quedaron. Gustó tanto que desde la primera edición hasta la que aún no ha comenzado siempre se han agotado las entradas. Es más, el público anticipa al máximo la compra para no perderse el show. «Yo calculo que lo habrán visto unas 50.000 personas», detalla Rodríguez Acebedo. Y es que es posiblemente uno de los shows hechos en Asturias más vistos jamás. Claro que no es uno. Las Noches Mágicas, contando la que está por arrancar, son ocho. Con la mitología como elemento común, con personajes que transitan siempre los verdes paisajes, con la música de Prada, pero con diferencias. Con muchas diferencias de un año a otro.
«Fue un trabajo muy bonito de ver nacer», rememora Carmen Gallo. Y luego explica las razones. En primer lugar, porque el jardín en aquellos momentos aún estaba en fase de creación de espacios. No había iluminación nocturna y se fue instalando conforme se hacían los ensayos. Se creó una especie de familia en torno a las Noches Mágicas. No hay que olvidar que fue en verano cuando se estrenó el proyecto y en abril cuando se inauguró. Hay otros motivos para Gallo: «El jardín es un espacio vivo, el primer año lo diseñamos para unos lugares pero luego esos espacios ya no han sido utilizados, porque las plantas, los árboles, van creciendo». No es, pues, un escenario al uso ni fácil de manejar. Pero precisamente eso lo hace misterioso. «Desaparecían unos espacios, pero sin embargo ibas apreciando otros que podían pasar inadvertidos».
El inmenso escenario más que un hándicap ha sido el gran aliado de los actores metidos en la piel de trasgos y xanas. Al final, el lugar es tan protagonista como todo lo demás. Porque hay más. «El espectáculo es una mezcla, la base es la mitología asturiana, pero también están la música, los textos sobre los distintos personales...», indica Gallo. En ese cóctel debía tener un papel fundamental la caracterización de los personajes. «Queríamos que se asemejaran a la tradición, pero también investigamos con las posibilidades que nos daban las máscaras y el vestuario para trabajar con texturas que no fueran las cotidianas».
En toda esa parte de ponerle rostro a los seres mitológicos trabajó la Escuela de Tecnología del Espectáculo que entonces existía en Avilés. «En ese momento la dirigía yo. Tenía una idea más o menos clara y Nuria Trabanco fue quien se encargó de hacer las máscaras y Manuela Caso, la parte más visual de los personajes, el resto de la caracterización fue cosa de Marisela Gredilla», detalla Gallo.
Aquel primer año participaban entre actores y bailarines once personas. Luego la cosa fue cambiando. «El año pasado, por ejemplo, eran 21. Depende mucho de la propuesta, en 2010 el espectáculo nacía desde el inicio, en la puerta de entrada donde el público se encontraba con azafatos que en realidad eran gente nuestra que hacían el recorrido. Este año, sin embargo, van a ser menos».
Y es que el espectáculo es tan vivo como el propio jardín. «Hemos tenido pantallas de agua, lo hemos hecho en la pradera, hemos hecho recorridos y paradas, hemos tenido personajes que no interactuaban nada con el público, otros que sí...». En aquella primera edición todas las voces eran en off, después los actores también tomaron la palabra. Esas voces que llevan siete años escuchándose cada verano tienen nombres y apellidos. Son las de Manuel Pizarro y Martina Bueno. Ellos leen los textos de Carmen Gallo para presentar a los personajes mitológicos.
La música tiene otra firma. La de Ramón Prada. «Se hizo sobre la base de la 'Noche celta'». Eso fue solo el principio. La banda sonora de las Noches Mágicas' también ha crecido y evolucionado. Luego incorporó fragmentos de 'Keltikhe' y compuso temas propios para los diferentes personajes. «La verdad es que con él se trabaja maravillosamente bien. Yo le paso los textos con los que estoy trabajando, hacemos una primera puesta en común para ver hacia dónde queremos que vaya y cuando ya está a punto, grabamos», explica Carmen Gallo. En el camino, generosidad por ambas partes para fusionar música y actuación. Este año hay una nueva incorporación musical. Juanjo Palacios se ha encargado de poner música a algunos de los personajes.
Es una evolución basada en la fidelidad. «De las primeras Noches Mágicas queda la base, la música de Prada, parte del vestuario, aunque ha habido que rehacer cosas -por ejemplo, si el trasgu inicialmente no hablaba y requería una máscara completa, si habla, entonces necesita media máscara- quedan algunos actores, como Olga Cuervo y Ernesto González e incluso las voces en off de Martina Bueno y Manuel Pizarro siguen siendo la base».
Nadie piensa en el final. Cuando aún no ha empezado la edición número ocho ya está en la cabeza de todos cómo sorprender con la número nueve. «Una vez que ya cerramos el verano, empezamos a pensar y diseñar la manera de ofrecer cosas diferentes», explica Carmen Gallo. El público manda. Y cuando muchos son habituales que repiten año tras año hay que buscar nuevas vías y sorprender con otros guiños.
¿Y si hubiera que elegir una noche entre tantas? Miguel Rodríguez Acebedo lo tiene muy claro: «Probablemente la primera, se vio plasmado lo que yo había soñado, vi que era real».
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