9.45 de la mañana. Les quedaban apenas veinte kilómetros para llegar a la base Ruy González de Clavijo de Qala i Nao y terminar la misión. El convoy español -compuesto por tres vehículos Lince y cuatro REG-31- regresaba ayer de realizar una patrulla de reconocimiento por la ruta Lithium cuando al desviarse para inspeccionar las aldeas cercanas de Aceska y Kalan-Khana, un artefacto explosivo improvisado (IED, por sus siglas en inglés) estalló al paso del primer vehículo. La detonación acabó con la vida del sargento Manuel Argudín Perrino, de 34 años, natural de Gijón, y de la soldado Niyireth Pineda Marín, colombiana, de 31 años, e hirió a los otros tres ocupantes que inmediatamente fueron evacuados al hospital de la OTAN en Bala Murghab.
Se trata de los también soldados Jhony Alirio Herrera, de 28 años, colombiano, que tiene fracturas en las piernas y en un brazo; el canario Rubén Velázquez Herrera, de 20, que sufre diversas contusiones, y el cabo gallego Roi Villa Souto, de 26 años, con fracturas en las piernas. Los tres están fuera de peligro.
Los talibanes de Badghis han necesitado 16 meses para causar las primeras bajas españolas con un IED, aunque la semana pasada estuvieron muy cerca de su objetivo. Cuatro soldados y un traductor fueron heridos, dos de ellos resultaron mutilados, al estallar un artefacto al paso de su vehículo cerca de la base de Ludina, pero ayer el blindaje del Lince que abría el convoy español no fue suficiente.
Desde que el 1 de febrero del pasado año un IED acabara con la vida del soldado John Felipe Romero, de 21 años, e hiriera a los otros seis ocupantes, los nuevos vehículos blindados desplegados por España habían podido con los ataques insurgentes. Romero viajaba en un antiguo BMR, pero el sargento Argudin y la soldado Pineda lo hacían en uno de los nuevos Lince que esta vez no pudo con la cantidad de explosivo utilizada por el enemigo que podría ser «incluso superior» a los veinte kilos, en palabras de la ministra de Defensa, Carme Chacón.
Chacón, que compareció en rueda de prensa antes de partir hacia Afganistán para repatriar los cadáveres, afirmó que la misión que cumplen las fuerzas armadas en el país centroasiático es «la más dura, compleja y arriesgada» de las que ha realizado España. La ministra insistió en que la retirada definitiva de tropas se producirá en 2014 y reconoció que la etapa que resta «no será menos dura ni arriesgada».
Técnicas terroristas
Con el paso de los años los talibanes han ido mejorando su técnica y adecuando la cantidad de explosivo a los vehículos de las tropas extranjeras y aunque hay más seguridad para los soldados no paran de producirse bajas. «Lo más común es un plato a presión, aquí no hay temporizadores así que lo activa la propia víctima o el terrorista», aseguraban a este medio expertos en explosivos de la OTAN consultados en un viaje reciente a Herat. Las fuerzas internacionales desarrollan su trabajo en lo que se denomina «ambiente IED» y la insurgencia ha demostrado saber ir avanzando conforme van mejorando las medidas de protección y blindaje de los vehículos extranjeros. «La única forma de lucha es lograr que no lo coloquen y para eso es fundamental el trabajo de inteligencia, cortarles el suministro, detener a los expertos. porque una vez colocada ellos cuentan con el factor sorpresa y nosotros sólo podemos apelar a la suerte», señalaban los expertos consultados.
El contingente español va ganando protagonismo en la misión de Isaf (Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de Afganistán) desde que se produjo el aumento de efectivos en 2009 y su papel en el oeste ha recibido el elogio en varias ocasiones del general Petraeus que llegó a decir que «España marca la diferencia» por su «habilidad para establecer comunicación y consultar con los líderes locales». Ese protagonismo se plasma sobre el terreno con decididos movimientos a vanguardia a zonas donde hay cada vez mayor presencia insurgente con el objetivo de crear «burbujas de seguridad», según terminología militar, que permitan extender la gobernabilidad a zonas donde antes nunca había llegado el mensaje de Kabul. Y este avance provoca la respuesta de una insurgencia que hasta ahora operaba cómodamente en el interior de los valles.
España avanza por dos rutas diferentes hacia el objetivo final marcado por la OTAN que es el valle del Murghab, al norte de la provincia. Por un lado, militares y la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo (Aecid) van de la mano en este ascenso al norte a través de la ruta Lithium, aún incompleta y donde se han producido los últimos dos ataques, que es un camino alternativo a la carretera principal del país, conocida como Ring Road (vía circular). La base de Ludina se encuentra en este camino y es también objetivo de hostigamientos por parte del enemigo.
Además de la Lithium, España tiene presencia en una base avanzada en la aldea de Muqur, punto clave para dar comienzo a las obras de la Ring Road, y desde hace tres meses se inició la construcción de una nueva base avanzada en esta misma ruta en Darre i Bum, otro foco clave de la insurgencia donde el día 21 se registraron dos ataques con armas ligeras contra una patrulla española.
Dos rutas
En las dos rutas hacia el norte unidades del Ejército Nacional Afgano están presentes en cada operación ya que todos los movimientos deben ser combinados, según marca la nueva estrategia de la OTAN que busca dotar de «una cara afgana» al proceso. Poco a poco se va produciendo el despliegue del kandak (batallón) afgano patrocinado por España y que será el que a partir de 2014 asuma el control total de la seguridad sobre el terreno.
El distrito de Muqur -por donde discurre el tramo de la ruta Lithium donde fue el ataque mortal- es uno de los puntos negros de la provincia que está bajo responsabilidad española y lo más preocupante es que se encuentra realmente a las puertas de Qala i Nao, localidad donde se asienta la principal base. Se trata de un distrito sobre el que la ONU alertó a finales de 2008 y lo incluyó en su lista de «oscilantes» en los que «resulta necesario un esfuerzo extra para evitar que la insurgencia se hará con el poder absoluto».
Muqur saltó a los medios en octubre de 2009 cuando un líder insurgente local, el mulá Abdul Mannan, aseguró tener en su poder los restos de uno de los aviones no tripulados españoles destinados a la vigilancia y reconocimiento del terreno antes del paso de convoyes. Los talibanes se hicieron con un Mini UAV Raven con el que España perdió el contacto en el transcurso de una patrulla. Este mismo mulá reivindicó también el atentado que costó la vida al soldado Romero en febrero de 2010 y alertó de que disponía de «expertos para la colocación de explosivos.