En la ciencia está un futuro mejor. Eso al menos cree el secretario de Estado de Investigación, Felipe Pétriz, que ayer estuvo en Oviedo para asistir a la entrega del I Premio de Biomedicina Aplicada Valdés-Salas. A su juicio, la nueva Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación, jugará un «papel fundamental en la salida de la crisis». Esta norma servirá para impulsar la transferencia de conocimientos entre la comunidad científica y las empresas, que es precisamente lo que se premió ayer en Oviedo en las figuras del investigador Joan Gil Santano y la empresa Advacell, cuya vicepresidenta ejecutiva, Clara Campás, recogió el galardón.
Pétriz señaló que no ha existido una conexión entre ciencia y empresa, lo que tradicionalmente ha supuesto un lastre en el desarrollo de la producción científica española. La ciencia del futuro exige enfocar en esa dirección: «Debe aplicar visión, dedicación y compromiso para que España tenga un futuro más brillante que el presente que está viviendo».
Pétriz miró al futuro con optimismo y apostando por evitar que nos regodeemos en errores pasados. Y los dos premiados miraron al frente con la misma perspectiva y con la alegría por recibir una distinción que demuestra que pueden existir buenas relaciones entre investigación y empresa. De esta forma, si no se puede vencer al cáncer, sí se podrá lograr que esa enfermedad «deje de ser en muchos casos mortal». Lo dijo ayer Joan Gil (Girona, 1958), el investigador que ha dirigido el equipo que lleva años trabajando en el estudio de fármacos capaces de inducir la muerte de células tumorales. Lo ha hecho en el ámbito de la leucemia linfocítica crónica, la más común en España y la misma cuyo genoma acaba de descifrar un equipo de investigación español liderado por Carlos López Otín.
El caso es que su estudio de las moléculas implicadas en la supervivencia de las células tumorales se ha convertido ya en tres patentes de compuestos antitumorales. Uno de ellos es la molécula Acadesina para el tratamiento de esas leucemias. Y es ahí donde entra en juego Advacell, una 'spin off' nacida en la Universidad de Barcelona hace una década. Clara Campás, la subdirectora ejecutiva, explicaba ayer el origen de esta compañía que ha invertido dinero y esfuerzos para poner en marcha el ensayo clínico con ese fármaco. Los resultados no pueden ser mejores. Clara Campás confesaba lo emocionante que resulta recibir noticias de los pacientes en los que la medicina funciona. Ella, además, tiene doble razón para emocionarse. Porque si bien ahora está en la parte empresarial, su doctorado en Farmacia lo hizo junto a Joan Gil y con él investigó la forma de plantarle cara a la leucemia.
Ese fármaco que ya tiene premio y fruto del esfuerzo conjunto de muchas personas -de ellas, de las que ayer no estaban en Oviedo pero han estado años ahí- se acordaban ambos premiados. Ellos han conseguido el triple objetivo planteado y al que se refería Clara Campás: «Es un fármaco muy seguro, se puede administrar de forma bien tolerada por los pacientes y es eficaz». Esa eficacia debe testarse aún más. Entre otras razones, porque el medicamento ha demostrado ser activo con este tipo de leucemia y linfomas de células B, pero lo es también con otro tipo de cánceres hematológicos. Por eso es tan importante continuar con los ensayos clínicos antes de que la aprobación del fármaco llegue, para la leucemia más común, en 2014 y 2015. La segunda y tercera líneas de tratamiento estarán listas previsiblemente en 2018 o 2019.
Hay motivos para el optimismo. Porque además el genoma de esa leucemia linfocítica crónica acaba de ser desvelado por el equipo de Carlos López Otín, que ayer asistió al acto de entrega del premio. «Ha sido un hallazgo fantástico», aseguró Joan Gil. A su propio trabajo y en el de otros muchos investigadores afectará un descubrimiento «importantísimo» que aportará tratamientos mejores. «El futuro de la lucha el cáncer, como todos los investigadores, lo veo con esperanza», señaló Gil, quien incidió en la importancia de los tratamientos individualizados.
Estaba feliz Gil. «Es el primer premio en mi vida cienfítica», confesó contento y sabedor de que este tipo de galardones, que distinguen la unión de ciencia y empresa, son fundamentales para mejorar las cosas. Eso sí, el galardón es para él «una responsabilidad» que marcará el trabajo futuro de este doctor por la Universidad de Barcelona.
Igualmente satisfecha estaba Clara Campás, quien destacó que si bien las empresas van en busca de beneficios, también deben implicarse en el retorno de los beneficios obtenidos hacia las universidades que lo generan. Eso busca Advacell, una empresa biotecnológica ubicada en Barcelona que trabaja en el desarrollo de fármacos para enfermedades como la esclerosis múltiple y la eritrodisestesia palmar plantar.