Por detrás unas cuentas extraordinariamente saneadas y por delante, una contabilidad de los costes de cada centro, cada titulación y cada actividad de la Universidad de Oviedo. En ese punto se encuentra este profesor de Hacienda Pública que está gestionando el último de los ejercicios presupuestarios que pasarán por sus manos. El siguiente, el del próximo año, lo elaborará Santiago Álvarez, pero ya no será él quien lo ejecute. Otro equipo, similar o distinto, cerrará las cuentas y manejará los resultados. De momento, él juega con un superavit de 3,5 millones de euros. Aunque, temeroso de la interpretación popular de los términos económicos, prefiere que se llame remanente.
-El Consejo Social de la Universidad le aprobó las cuentas de 2010 con 3,5 millones de remanente.
-Y por asentimiento, sin ningún problema. En los últimos años no le damos disgustos al Principado, sino más bien al revés, pero prefiero que hablemos de remanente más que de superávit, porque luego se crea una pequeña polémica en la que la gente olvida que estamos hablando de un margen de maniobra para financiar obras que, en otro caso, con lo exiguo del presupuesto en infraestructuras, no podríamos acometer.
-¿Y van a dedicar los 3,5 millones a facultades y escuelas?
-El remanente de este año es de 100.000 euros menos que el año pasado y, en cambio, vamos a destinar al presupuesto más que en 2010, que lo fortalecimos con 1.400 euros. En esta ocasión, debido a que hemos sufrido una restricción mayor, de 11 millones sobre el presupuesto anterior, vamos a incorporar a este ejercicio dos millones que nos van a permitir hacer obras en distintos centros para adaptar aulas y espacios a Bolonia. Y una parte se va a destinar a informática para poner en marcha la contabilidad de costes diseñada por el Ministerio de Educación.
-Ya el año pasado destinaron el remanente a infraestructuras, ¿es su máxima prioridad?
-El remanente se genera fundamentalmente por ingresos extraordinarios, concretamente por la devolución del IVA, y no podemos dedicar ingresos extraordinarios a financiar gastos ordinarios, porque cuando desaparece ese ingreso sigues teniendo el gasto al ejercicio siguiente. Es el caso del profesorado. No podemos dedicar esos dos millones a contratar profesorado, que sería otra de nuestras necesidades, porque al profesor hay que seguir pagándole después de esa inyección extraordinaria. Y cuando desaparezcan los fondos ¿qué hacemos, despedir al profesor contratado?
-¿Y es para seguir esto del IVA?
-No. Las devoluciones de IVA que se dieron en estos dos últimos años se acabaron, con lo cual el margen de maniobra a partir de este ejercicio se está estrechando. Evidentemente tenemos ese colchón de 3,5 millones de euros para las necesidades que puedan surgir en este año e intentaremos terminarlo en términos, cuanto menos, equilibrados y, si es posible, con algún remanente para poder gastar en el ejercicio siguiente. Seguimos hablando de una financiación restringida.
-Pero por fin van a poner en marcha la contabilidad de costes, lo que va a permitir conocer cuánto cuesta cada titulación, cada centro, cada alumno y cada profesor.
-Efectivamente, era uno de los compromisos que habíamos adquirido en el ámbito de la transparencia en la gestión, ámbito en el que yo creo que hemos avanzado algo, bastante, creo, a través del control de gastos plurianuales, que nos permite tener controlados todos los proyectos con financiación a varios ejercicios de forma individual desde 2010.
-Pero ustedes anunciaron que se pondrían con ello el primer año de mandato, y tuvo que venir el Ministerio de Educación, tres años después, a implantar el modelo.
-Es cierto que nosotros siempre tuvimos ese objetivo, pero como el ministerio estaba desarrollando una metodología común para todas las universidades, lo dejamos aparcado hasta que lo hiciera, no tenía sentido diseñar un modelo que podía chocar con el que implantaría Educación. No obstante, creo que es un avance muy importante, que debería llevarse a otras áreas del sector público, no solo las universidades. El ministerio ha generado un modelo adaptado a la realidad universitaria y ahora estamos en la fase de adaptarlo a las necesidades de cada Universidad. Esperamos tenerlo en funcionamiento para el año que viene.
Ganar en transparencia
-¿Qué se persigue, un mayor control o sólo conocimiento?
-Ganamos dos cosas. Una, información interna que te permite saber cuánto cuestan tus actividades y las medidas que se deben tomar para ser más eficientes, reducir costes e identificar las ineficiencias de la gestión. Y otra, ganar en transparencia, porque así la sociedad puede saber lo que cuesta de verdad lo que haces, más allá de realizar cálculos aproximados sobre si estos son los ingresos y estos los alumnos, cuánto cuesta el alumno promedio. Te permite discriminar entre los distintos centros, pero también entre los departamentos y conocer el coste del profesorado. Lo digo porque a veces surgen reticencias sobre si lo que quieres es saber cuáles son las carreras que no son rentables. No se trata de eso, de buscar una rentabilidad económica, sino de saber cuál es el coste real de las actividades.
-Pero puede ser una tentación para el Principado. ¿Quizá será un arma de doble filo?
-Eso no lo sé. Pero lo que sí sé es que no se trata de buscar una rentabilidad, porque todos tenemos que asumir que hay actividades que tenemos que prestar y que en esas no cabe el término eficiencia o ineficiencia, sino que se prestan por una cuestión social o política. Y hay otros costes en los que la institución puede hacer cosas por mejorar. Ahí es donde tenemos que trabajar. Otra cosa que queremos presentar el mes que viene es una nueva memoria de la Universidad, pero de responsabilidad social institucional, en la que se recojan nuestras actuaciones en materia social, de igualdad, de sostenibilidad... Es un esfuerzo de transparencia, una memoria más dirigida si cabe a la sociedad que a la comunidad universitaria. Todo el mundo sabe lo que hacemos en docencia, pero nuestra función social pasa mucho más desapercibida.