La terminal granelera de El Musel (EBHISA), empresa mixta con participación mayoritaria de la Autoridad Portuaria de Gijón, tendría que pagar unos 10 millones de euros para absorber a Oligsa, compañía auxiliar que realiza labores de almacenamiento, manipulación y distribución de las mercancías que EBHISA no puede acoger en sus propias instalaciones, según pudo saber EL COMERCIO de fuentes próximas a la negociación abierta.
Al parecer, parte de la inversión en maquinaria realizada por Oligsa está sin liquidar, aunque la mayor parte de la cantidad citada correspondería a las tasas derivadas de la concesión.
No sería la primera vez que la Autoridad Portuaria de Gijón rescatase una concesión antes de su final. Unas veces, con el objetivo de reutilizar los terrenos liberados y favorecer de paso los intereses de la empresa afectada, caso de Naval Gijón en el contradique de los muelles de La Osa. Otras veces, por el fracaso del proyecto que se iba a desarrollar, como ocurrió con las centrales de fabricación de biodiésel que no llegaron a prosperar.
Las cosas serían distintas con Oligsa, ya que no se trataría de renunciar a la concesión, sino de traspasarla a EBHISA, junto con la gestión y el personal.
La terminal granelera de El Musel, debido a la reducción de su actividad, no necesita en este momento los 160.000 metros cuadrados de Oligsa, y mucho menos contraer nuevas obligaciones económicas tras tres ejercicios consecutivos con pérdidas, pero una mínima confianza en el futuro obliga a no perder terreno para el movimiento de graneles. Una cosa es que las circunstancias impidan dar el salto al nuevo muelle de la ampliación y otra muy distinta reducir las posibilidades de la terminal, que sería la consecuencia de evitar el rescate de Oligsa mediante absorción.
Empresa pública
Una terminal deficitaria no es tan atractiva para la iniciativa privada como lo era cuando hubo que acometer la construcción del tercer pórtico o cuando se diseñó la ampliación. Al fin y al cabo, la propuesta de absorción de Oligsa no deja de ser una desinversión privada en el tráfico granelero a la espera de mejores tiempos. Pero una cosa es que las cosas ya estuvieron mejor y otra que el tráfico de graneles sólidos de El Musel, puerto que lidera ese tipo de mercancía en España, no pueda tentar aún a las empresas con una terminal adecuadamente dimensionada a las circunstancias.
Por tanto, el nuevo Gobierno regional no tendrá sólo que decidir a corto plazo sobre la absorción de Oligsa, sino también, eso sí, con menos prisa, sobre la privatización de la propia EBHISA.
Fuentes sindicales consultadas por este periódico indicaron que tarde o temprano el puerto acabará «haciendo caja», pero también que no parece el mejor momento para lograr una buena oferta de los inversores.
La ley obliga a las autoridades portuarias a enajenar sus acciones en empresas que presten servicios portuarios, pero no si falta concurrencia privada y el servicio es necesario, cosa que no ofrece duda.