Fue como una exposición antológica de un gran artista. Bueno de dos. A ellos les gusta definir así su paseo por todos los escenarios de verano, vamos, su gira. Fangoria ha vuelto y, aunque saque trabajo nuevo con título largo larguísimo al estilo de género negro nórdico, 'El paso trascendental del vodevil a la astracanada', lo cierto es que el concierto de ayer fue, eso, un repaso. Una mirada a los éxitos de Alaska y Nacho Canut, hoy Fangoria, denominadores comunes de otras cosechas como Dinarama o Pegamoides. Por eso sonaron sus temas más conocidos. Más que eso, las bandas sonoras de toda una generación, que además por tradición oral, como dice Olvido Gara, han ido pasando de unos a otros hasta llegar a los jóvenes de hoy. Los que más aguantaron el ritmo, los anfitriones. Ni un momento de descanso dieron al respetable Alaska y Nacho Canut. Y es que no es que el directo les de alas, es que las tienen. Alaska, de hecho, salió con unas negras y sus bailarines con alas rojas. Gijón, en realidad, les da alas, por algo dice ella, de ascendencia asturiana, que esta ciudad le ha dado algunos de sus mejores directos.
La puesta en escena, sin duda atrevida, con un sabor 'kitsch' de «cutre revista española», mezclado con su idea de directo, «muy pervertida», aunque moderada para esta ocasión, «para que los no fans no se aburran», explicó Alaska en una rueda de prensa que ofreció horas antes del concierto.
Mezclan las canciones en bloques, ya que ante la duda, el dúo es «salomónico, vamos por el medio». Se lanzaron con 'Mira la vida pasar', después 'Un hombre de verdad', de Alaska y Dinamara, y siguieron la noche 'Bailando'.
Dicen haber aprovechado uno de sus mejores momentos (su anterior álbum fue número uno) para echar la vista atrás y demostrar que «no hay ningún problema con esas canciones». Se lo plantean como si los temas fuesen nuevos, como una versión de Camela, Bowie o McNamara. «No teníamos la idea de hacer un 'cover' o destrozarlas llevándolas a un sitio distinto», dijo la cantante.
Anoche, la explanada de Poniente fue escenario abierto y cálido de un guateque ochentero, mezclado con botellón marinero. A uno y a otro se sumaron, cada cual según su edad y según los gustos. Y de fondo, subiendo hasta las estrellas, los acordes de '¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?', 'Perlas ensangrentadas', 'Ni tú ni nadie'. ¿Hace falta decir más? Todos las cantaron con ellos, todos fueron invitados de primera porque las letras eran propias. Y así surgió una fiesta que se prolongó más allá del cierre de este rotativo.
Desempolvaron viejos temas y le puserion el sello Fangoria, que es pop y electrónica y también es la actitud punk y deslenguada de aquellos ochenta. Con la salvedad de que no están todos los que estaban y la manera de sonar es la que lleva prodigando Fangoria desde hace ya veintidós años.
Anoche volvió a lograrse esa comunión entre el público y esta música que quiere trascender el vodevil para hacerse astracán. Sobre el escenario sigue Fangoria encendiendo la mecha, a pesar de que, no se enfaden los aludidos, el tiempo ha pasado para todos. Pero, ¿a quién le importa?