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A la escuela con los pies descalzos

GIJÓN

A la escuela con los pies descalzos

20.08.11 - 02:42 -
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Lo primero que llama la atención al traspasar la puerta del chalet de 600 metros cuadrados repartidos en tres plantas y reconvertido en el nuevo colegio Andolina en Cefontes, Cabueñes, tras el Botánico, es que hay que descalzarse. «Los niños están más cómodos y, además, suelen venir con los zapatos embarrados de estar por fuera, así que es más mucho limpio».
Justo después, uno se encuentra con Kel, un pequeño de cuatro años y ojos dulces y enormes que cuenta anécdotas sobre su abuelo, tumbado en una colchoneta. «Estaba un poco agobiado con tantas actividades y ha decidido descansar un rato», explica Gloria Suárez, una de las «acompañantes» de los pequeños de este nuevo centro educativo.
Esa es la tercera sorpresa: que en esta escuela no hay maestros, sino que el equipo docente, que estará integrado por cinco profesionales, se dedicará «a acompañar a los pequeños en su aprendizaje, en su búsqueda». Por eso si a Kel le apetece descansar, descansará. «Y, si te apetece pintar, que estamos pintando un cocodrilo precioso, también puedes pintar», le recuerda Gloria Suárez.
Es lo que Nuria Carvajal, una de las madres que estuvo en la génesis de la cooperativa que sostiene esta escuela privada, mixta y laica gracias a un desembolso inicial de 3.500 euros por cooperativista, denomina «pedagogía activa», un innovador modelo educativo que no lo es tanto: «Lleva funcionando con éxito en otras comunidades autónomas y otros países más de 30 años». Un método en el que «no hay exámenes, deberes ni clases magistrales», sino que «se respeta el ritmo de aprendizaje de cada alumno y se está en permanente contacto con las familias, que deben tomar decisiones sobre cómo será la educación que quieren para sus hijos, y en el que no sólo se presta atención a lo académico, sino también a lo emocional».
De momento, a este proyecto homologado por la Consejería de Educación, que «ha supuesto un enorme esfuerzo, pero que al mismo tiempo es muy ilusionante», se han adherido ya 40 cooperativistas y el próximo 12 de septiembre Andolina abrirá sus puertas con, al menos, 35 alumnos de entre 3 y 8 años, porque aún quedan plazas libres. O lo que es lo mismo: dos unidades de Infantil y una de Primaria con una ratio máxima de 15 alumnos por profesor. Aunque la idea es completar este ciclo y prolongar la formación hasta los 12 años.
Como experiencia previa y mientras concluye la rehabilitación del chalet que han alquilado por 25 años, en Andolina se desarrolla este mes el campamento 'El sonido de la Tierra', en el que «los pequeños viajan a través del mundo, aprendiendo de diferentes culturas y la visión que tienen de la Tierra y de cómo cuidarla».
Huerto y mesa de agua
El contacto con la Naturaleza ocupa un lugar fundamental en esta escuela, al igual que los idiomas y el arte, «fomentar su creatividad». Y, por eso, en la finca de 3.000 metros cuadrados que rodea al colegio habrá columpios, una mesa de agua «donde puedan experimentar con el líquido», un arenero y un huerto, otra marca de la casa.
De hecho, una de las comisiones en las que se han dividido los padres de la cooperativa, la de alimentación, se encargará de que los pequeños coman productos ecológicos, como se puede comprobar en la cocina.
«Hoy, a la hora del almuerzo, han probado el pan que han amasado ellos mismos», cuenta Carvajal, que reconoce que Andolina es «el colegio al que a todo niño le gustaría ir» y que no tiene miedo a que sus hijos Marina y Mateo sufran cuando tengan que incorporarse a un centro tradicional.
«Aquí se enseñan los contenidos que fija el currículum, pero también aprenden a ser flexibles, a tener capacidad de adaptación, que es lo que luego te pide el mercado laboral, mientras que la escuela convencional no deja que te salgas de su camino, lo que es una contradicción», apunta desde una de las dos aulas de Infantil, en las que la división tampoco es convencional: hay una dedicada a la psicomotricidad, al movimiento, y «otra para los que quieran estar más tranquilos». Todas, con muebles adaptados a los pequeños, el eje de este tipo de educación. «En ellas, cada día se desarrollará un taller y los niños decidirán si quieren asistir o no, además de proponer otros. Andolina significa golondrina en asturiano, que tiene que ver con salir del nido y volar libres».
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