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«La vida es un duelo constante»

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«La vida es un duelo constante»

21.08.11 - 02:37 -
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La psicóloga Margarita García Rodríguez se ha especializado a lo largo de su carrera en un aspecto que, como ella misma señala, acompaña a los humanos a lo largo de toda su vida: el dolor que provocan las pérdidas y el duelo, ya sea por el fallecimiento de seres queridos, como por un desengaño amoroso o la pérdida de un trabajo. El suyo, su labor, es la de enseñar a sobrellevar ese dolor del mejor modo posible.
-Al final, estamos hablando de algo totalmente natural, por lo que todo el mundo pasa.
-Es cierto, lo pasamos todos, pero es difícil pasarlo. Cuando hablamos de pérdidas por la muerte de un ser querido nos encontramos situaciones de todo tipo, hay dolores enormes como la pérdida de un hijo.
-Siempre se dice que es lo más duro que le puede pasar a uno.
-Es que entra en juego la idea de que es algo antinatural, no se espera ver morir a los hijos de uno y eso te pone en una situación muy difícil. Pero eso también ocurre en pérdidas por determinados tipos de enfermedad, o repentinas o especialmente trágicas. Pero no podemos olvidar pérdidas de otro tipo, como la del empleo, que supone situaciones especialmente duras ahora en tiempo de crisis.
-La crisis, ¿ha cambiado el perfil de quien acude al psicólogo?
-No necesariamente. Aunque sí puede haber más gente que está peor anímicamente, también es cierto que la situación económica lleva a cuidarse mucho más de según qué gastos, y no se busca ayuda profesional. Uno trata de aguantar y sigue arrastrando su problema incluso toda su vida. Hay problemas de todo tipo, y depende mucho del apoyo familiar el poder remontar, pero en otros casos sería bueno que se recurriera a esa ayuda profesional.
-¿Cómo llegan a su consulta? ¿Demasiado tarde, quizás?
-En principio la gente trata de aguantar, aunque hay veces que la propia familia me llama el mismo día del funeral porque determinada persona está fatal, pero la verdad es que se tiene que pasar un tiempo de duelo, a poder ser con los propios recursos de cada uno. Si pasado un tiempo la persona sigue con el mismo sufrimiento, igual necesitaría apoyo de un profesional que analice si el duelo que está viviendo es especialmente complicado por las circunstancias en que se ha producido, o si hay una patología previa.
-¿Hay perfiles más propensos a complicaciones?
-Normalmente la edad influye. Una persona mayor que enviuda después de muchos años de matrimonio suele tenerlo más difícil porque en muchos casos eso supone enfrentarse también a la cercanía de su propia muerte. En el caso de personas que han sido muy dependientes el uno del otro, esa pérdida supone mucho más que perder a un compañero. Cuesta mucho más en estos casos adaptarse a los cambios. A la consulta me han llegado casos de este tipo, que después de diez años de una pérdida no había perdido la tristeza y ello afectada a sus hijos. Todo depende mucho de cada uno y, a la hora de pedir ayuda profesional, tiene que ser uno mismo quien lo quiera.
-Supongo que algunos llegarán con la intención de que 'les quite ese dolor', que les haga dejar de sufrir.
-Sí. Pero es que eso es también lo que promueve la sociedad, que el dolor lo acepta muy mal. Pero lo cierto es que este dolor no se puede quitar, no hay varitas mágicas. Nuestra labor es entonces acompañar a la personas que vive y siente ese dolor para que lo vaya asimilando y entendiendo. En estas situaciones solemos ser muy propensos a dar consejos gratuitos del tipo 'no pienses en ello', 'no llores', si estás en paro 'ponte a trabajar' y si trabajas 'tómate unas vacaciones'. Siempre se tiende a que, al menos, no se note el dolor, cuando lo que importa es precisamente eso, que se hable, que haya alguien ahí cuando se llora. El duelo siempre es difícil y doloroso. Pero mucho más preocupante es cuando no se siente dolor, ahí sí que pueden saltar las alarmas de que hay algo patológico.
-¿Y al contrario?, ¿hay duelos patológicos porque el dolor sea extremo?
-Hay personas que acaban totalmente destrozadas. Pero lo que ocurre a veces es que a ese dolor se añaden patologías previas que se complican y que pueden requerir entonces más tiempo. De todos modos, todo depende de la personas y por eso los psicólogos debemos adaptar nuestra labor en función de la personalidad del paciente.
-¿Puede alguien llegar a insensibilizarse de tanto dolor que ha sufrido?
-No. Hay que pensar que la vida es un duelo constante. El primero es ya en el nacimiento, que hay una pérdida, y luego al pasar de la infancia a la adolescencia y a la madurez. Están los desengaños amorosos, ir dándote cuenta de que la vida no es tan bonita como aparentaba. Nunca llegamos a curarnos de espanto. Se puede intentar que no nos duela, pero lo cierto es que es en esos momentos difíciles, donde crecemos como personas. Hay que entender que eludir el dolor, los problemas, nos impide crecer como personas.
-Pero un gran trauma, ¿no puede convertir en menudencias lo que a otros provoca dolor?
-Es cierto que en casos trágicos tu vida cambia y tú mismo cambias. Tus esquemas acerca de lo que es la vida y la muerte cambian. Yo trabajo mucho con grupos porque eso permite que la persona se sienta más arropada, porque es muy frecuente que tengan una sensación de vacío. Pero es cierto que lo que es difícil para mí, puede ser más fácil para otros. Hay casos, por ejemplo, de pérdidas importantes, como la de un padre o una madre en la infancia. A veces eso no se supera e influye en las futuras relaciones de pareja. No sólo no se supera, sino que se acumula, y llega un momento que la persona se desborda y sale todo el dolor acumulado.
-En esos casos recomendará que previamente se acuda a un psicólogo, ¿no?
-Sí, pero la verdad es que aquí, y especialmente en Asturias, hay demasiado prejuicios a la hora de acudir al psicólogo. Cuando se lo planteo a alguien siempre me preguntan: '¿pero tan mal me ves?'. O se piensan que les estoy diciendo que están locos. La verdad es que cuesta mucho pedir ayuda profesional y se tiende a aguantar. Se tiene la idea de que pedir ayuda es ser débil, cuando la verdadera fortaleza pienso que está en saber pedir ayuda. Además, todos acabamos necesitándola.
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Margarita García Rodríguez, en la redacción de LA VOZ. :: SERGIO LÓPEZ



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