Postergada y olvidada durante décadas, la figura de Melquíades Álvarez vive ahora un periodo dulce. El presidente del Principado, Francisco Álvarez-Cascos, apostó por la recuperación de su memoria política, se declaró seguidor del reformismo de Melquíades y su partido, Foro Asturias, ha decidido acoger con entusiasmo la antorcha de sus ideas liberales. Nueva luz sobre la carrera de un político que discurrió por uno de los periodos más convulsos de la historia de España, que estuvo llena de éxitos y de incomprensiones y que acabó trágicamente con el fusilamiento del político gijonés en una cárcel madrileña durante la madrugada del 22 de agosto de 1936, hace ahora 75 años.
El pensamiento de Melquíades Álvarez se mantiene intacto y casi virgen. Algunos estudiosos y familiares del político han profundizado en su obra y la editorial Nobel, con el apoyo económico de la Universidad de Oviedo y de la Caja Rural, publicó hace unos años sus discursos parlamentarios, pero una muestra del olvido al que ha sido sometido es lo difícil que resulta conseguir un ejemplar de esa obra en su ciudad natal.
Los seguidores de Melquíades Álvarez aseguran que, aunque no se haya reconocido, sus ideas reformistas forman parte de la base de la Constitución española de 1978. Creen que muchos años después de su concepción, el pensamiento del gijonés ha quedado recogido en la Carta Magna. Otros ponen en duda, sin embargo, que el 'melquiadismo' sea lo más recomendable para regenerar la política actual y hablan de «oportunismo». El historiador David Ruiz, por ejemplo, calificó de «contradictorio» el pensamiento de Melquíades.
Francisco Álvarez-Cascos ya lo había anunciado durante la campaña electoral de los últimos comicios, pero en su discurso de toma de posesión como jefe del Ejecutivo habló expresamente del fundador del Partido Reformista y le situó como uno de sus predecesores políticos. Ahora se empieza a hablar más del relevante hombre de Estado que tras su ejecución en la cárcel Modelo de Madrid sufrió el olvido durante décadas, tanto por parte del grupo de los ganadores como de los perdedores de la Guerra Civil.
Melquíades Álvarez fundó el partido reformista en abril de 1912 con el apoyo de importantes empresarios asturianos, pero también de intelectuales y políticos como José Ortega y Gasset, Manuel Azaña, Galdós, Pérez de Ayala o Américo Castro. Trataban de romper la dicotomía existente entre los partidos dinásticos que ostentaban el poder con Alfonso XIII y la oposición republicana, pero fracasaron en su intento de abrir una tercera vía en la política española. La pregunta que se hace mucha gente ahora es si las ideas reformistas de Melquíades tienen cabida en la política actual, donde los partidos tradicionales, con escasa democracia interna, empiezan a notar síntomas de agotamiento.
En lo que se refiere al Principado, el profesor José Girón Garrote no tiene duda sobre la necesidad de la tercera vía y los resultados de las últimas elecciones municipales y autonómicas le dan toda la razón. Cree especialmente que Asturias «necesita un proyecto reformista que cierre el ciclo de las infraestructuras iniciadas en la transición democrática, todavía pendientes de encaje en el mapa español y europeo». Girón estima que «existe una meridiana vinculación entre el reformismo innovador, regeneracionista y europeista, fundado por Melquíades Álvarez hace casi un siglo, y el actual reformismo, de matriz melquiadista e igualmente innovador, modernizador e integrador defendido e impulsado por Francisco Álvarez-Cascos».
También el procurador y estudioso de la obra del fundador del Partido Reformista, Manuel Álvarez Buylla, bisnieto del político gijonés, opina que las ideas de Melquiades tienen en la actualidad plena vigencia. No sólo eso, sino que, según señaló, «son la base de nuestro sistema democrático». Para Álvarez Buylla, Foro Asturias «ha tenido el gran acierto de abrir una tercera vía que llevará a la regeneración política porque los grandes partidos han perdido pie sobre las cosas que les exigen los ciudadanos». Asegura también que «esta tercera vía es seguro que se va a abrir camino también a nivel nacional».
Misterios sobre su muerte
Melquíades Álvarez y González-Posada nació en Gijón en 1864 y su familia se trasladó poco después a Oviedo para explotar una pequeña pensión. En la Universidad, plagada entonces de ideas liberales y krausistas próximas a la Institución Libre de Enseñanza, el joven Melquíades empezó a estudiar la carrera de Derecho. Se graduó en 1883 y en 1889 logró la cátedra de Derecho Romano. Sus primeros pasos en política los realizó de la mano del partido Liberal y Progresista. En el año 1898 salió elegido como diputado por Asturias, representando al grupo demócrata liberal asturiano. En el año 1901 se convirtió en uno de los 16 diputados republicanos y el 12 de junio de ese año pronunció su primer discurso ante la Cámara Baja. En 1907 volvió a renovar su escaño republicano y al año siguiente, junto a Canalejas y Romanones y otros políticos relevantes fundó el Bloque Liberal. A principios de 1912 sus encontronazos políticos con los partidos dinásticos y con las fuerzas republicanas le llevaron a fundar su propia formación: el Partido Reformista. Su detención y muerte aún hoy están rodeadas de misterio. Tras el estallido de la Guerra Civil, el escultor Sebastián Miranda, amigo de Melquíades, le ofreció refugio en su casa de Madrid, pero el político y jurista optó por aceptar su detención y en la cárcel fue asesinado unos días después por milicianos izquierdistas tras una pantomima de juicio.
Su figura quedó olvidada desde entonces y en ese proceso incluye Álvarez Buylla el capítulo de la creación y desaparición de la Fundación Melquíades Álvarez a cargo del Partido Popular. Para el biznieto del político gijonés, «la Fundación no fue capaz ni de publicar los discursos parlamentarios de Melquíades y, a cambio, sí publicó los discursos de Ovidio Sánchez. Qué gran contrasentido».