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Enormes, rudos y hermosos, los all blacks de Nueva Zelanda exportan su religión del rugby a todo el planeta

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Enormes, rudos y hermosos, los all blacks de Nueva Zelanda exportan su religión del rugby a todo el planeta

09.09.11 - 02:41 -
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Sacan la lengua hasta tocarse la barbilla, gritan como posesos y hacen el gesto universal de rebanar el gaznate del enemigo con un objeto cortante. Visten de negro y lucen cuerpos tatuados con filigranas polinesias. Son enormes, rudos, bronceados y hermosos. Son los all blacks, los embajadores deportivos de Nueva Zelanda, uno de los mejores equipos de rugby del mundo. Esta misma mañana, sobre el césped del Ellis Park de Auckland (en la isla norte), quince de estos gigantones que luchan por controlar los caprichosos botes de un balón ovalado, disputan el encuentro inaugural de la Copa del Mundo de Rugby 2011, un evento que, durante mes y medio, centrará las miradas de ese mundo paralelo hecho de humildad, sufrimiento, honor y lealtad conocido como Ovalia.
En esa ceremonia amedrentadora y de autoafirmación conocida como 'haka' con la que los neozelandeses intimidan y muestran respeto a sus contrincantes antes del inicio de cada encuentro se concentra el orgullo de todo un país, un pequeño país en el otro lado del mundo, que ha hecho del rugby, de la vela y de las ovejas merinas su razón para existir.
La danza es idéntica a la que empleaban los aborígenes maoríes antes de entrar en combate. Es más, el Ka Mate adoptado por los all blacks en 1905 (aunque entonces la danza se pareciera más a un número de las alegres chicas de Colsada que a otra cosa), fue compuesto hace siglos por un jefe de la tribu de los Ngati Toa. Sus descendientes se hicieron con los derechos en 2009 y amenazaron con una batalla jurídica ante los tribunales hasta que la federación neozelandesa, la NZRU, llegó a un acuerdo con ellos para mantener la tradición. Los maoríes constituyen un 15% de la población y su peso en el equipo es crucial: en ocasiones a ellos compete la dirección del 'haka', un baile que los críos aprenden desde alevines, pero que tiene en los aborígenes a sus intérpretes más aplicados. Inolvidable la interpretación estos últimos años del talonador Keven Mealamu, (1,81 y 106 kilos), all black 1.026 de la historia de Nueva Zelanda, quien parecía querer devorar a los contrarios tras su mirada de orate.
«Ka mate, ka hora»
El verso más repetido (mientras los jugadores se golpean violentamente muslos y antebrazos) es «ka mate, ka ora». Es la muerte, es la vida. Porque de eso y no de otra cosa se trata en Nueva Zelanda cuando hablamos de rugby. Desde que David Kirk alzara la primera Copa del Mundo, en 1987, en estas mismas tierras de los antípodas, Nueva Zelanda ha convertido la reconquista del trofeo Webb Ellis en asunto de Estado. Australia la ganó en 1994 y 1999, Inglaterra, en 2003 y Sudáfrica, en 1995 y 2007.
Será curioso ver cómo lo hacen. Sobre el campo, los neozelandeses bailarán el 'haka' frente a otro combinado polinesio, Tonga. Los tonganos (como Fidji y Samoa) poseen su propia danza guerrera tradicional, el 'sipi tau'. Hace cuatro años, en Francia, el duelo gestual y gutural entre ambos combinados antes de comenzar el encuentro puso la piel de gallina a millones de telespectadores que asistieron a una ceremonia única en el mundo. Dos rugientes y musculadas mareas retándose en un duelo a vida o muerte sobre el campo enmarcado por los dos altos postes.
Hoy, la escena podría repetirse pese a que el capitán tongano, Finau Maka, ha declarado ya que preferiría que cada XV bailara por separado. A Tonga, sorteado como equipo A, le corresponderá empezar primero. Cosas de aprovechar la cuota de pantalla para publicidad, supongo. ¡Claro que si hasta Inglaterra ha cambiado su inmaculada camiseta blanca por otra negra por cosas de su espónsor... !
No obstante, el rugby de 2011 mima esos símbolos y preserva esas señas de identidad para tratar de hacerse un hueco en la memoria sentimental de los aficionados tras haberse entregado con armas y bagajes al profesionalismo más aberrante.
Muchas cosas han cambiado en el mundo del rugby desde que, en 1987, el capitán all black David Kirk levantara la primera y única Copa del Mundo ganada por Nueva Zelanda. El propio Kirk es un reflejo de lo que ha sucedido en el mundo del balón ovalado. Con 26 años, el medio de melée, uno de los mejores de todos los tiempos, según recuerda el argentino Jorge Búsico en su imprescindible blog periodismo-rugby, abandonó su carrera deportiva para estudiar Medicina y se especializó en cirugía en Oxford. Hoy su imagen, y la del resto de all blacks, promocionan todo tipo de productos: desde calzoncillos hasta líneas aéreas, y saluda a los 85.000 visitantes que, se espera, lleguen al otro lado del mundo durante el torneo.
Cosas de Richie McCaw
El actual capitán neozelandés, el gigante Richie McCaw (1,87 metros, 106 kilos, 51 victorias como capitán en 58 tests match), proviene de otro mundo. Es un superprofesional. Una leyenda viviente en este país de 4,4 millones de habitantes y 45 millones de ovejas que espera ingresar en sus arcas 417 millones de euros con este Mundial. Es tercera línea, juega con el 7 a la espalda, tiene 98 caps (internacionalidades) y posee un récord asombroso: 222 placajes en la serie de partidos de la Super 14, una marca de dureza que le ha otorgado unos galones sin parangón en Ovalia. McCaw es descendiente de escoceses asentados en Oamaru. Su abuelo, J. H. 'Jim' McCaw, fue piloto voluntario neozelandés en la RAF durante la II Guerra Mundial. Volaba en el escuadrón 486 y regresó de misiones de las que volvieron muy pocos. El capitán de los all blacks aprendió a volar en planeador con él y a mantener las distancias en esos hoscos combates de delanteras en que se aplica Richie con su nariz sangrante y sus orejas de coliflor. McCaw juega su último Mundial, pero seguirá viviendo del rugby. Cobra 550.000 euros al año y es un héroe nacional.
En 1995, cuando el profesionalismo desembarcó en el rugby de la mano de las franquicias y los derechos televisivos, se acabaron muchas cosas: empezaron los cambios tácticos, se alargaron los descansos (los equipos empezaron a retirarse a vestuarios), cambiaron camisetas y pantalones (antes se usaban con cuellos y bolsillos), se admitieron saltos ayudados en las touches o saques de banda, hubo rueda de fichajes, los jugadores crecieron hasta convertirse en gigantes... Se creó el Tri Nations (que pronto serán cuatro con la inclusión de Argentina), El V Naciones se engrosó con Italia, llegó el Super Rugby, los circuitos de Seven, el próximo olimpismo del rugby a 7 en Londres y una Copa del Mundo que nutre las arcas de la International Rugby Board. Algunos nostálgicos bienhumorados sostienen que el rugby de 2011 no es más que un cruce entre sumo y juego de bolos. Y no les falta razón, la verdad.
Hoy se descorre el telón de una nueva edición en Nueva Zelanda que enfrentará a las 20 mejores selecciones del mundo. Los anfitriones, tras las recientes derrotas (18-5) frente a los springboks sudafricanos y ante los wallabies de Australia (25-20) en el Tri Nations, no las tienen todas consigo. No es la primera vez. Este equipo ganador, el de Kirpatrick y Lomu, se deshace en las grandes citas.
«El vestuario olía a muerte». La frase la pronunció el talonador neozelandés Anton Oliver, un tipo sin cejas a fuerza de cabezazos, tras la derrota de los all blacks (20-18) en el estadio del Milenium de Cardiff frente al XV francés, en 2007. Entonces también eran los grandes favoritos. En 1999, Francia les apeó de su camino hacia la Copa Webb Ellis al derrotarles por 43 a 31 en un inolvidable partido jugado en Twickenham. En aquella ocasión, los all blacks hasta crearon una nueva canción guerrera, el Kapa O Pango, más sangrienta que la habitual. Pero no sirvió de nada. Los guerreros del otro mundo tienen una cuenta pendiente. Y se la quieren cobrar.
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Titulares y reservas del equipo neozelandés de rugby interpretan el 'haka', la danza guerrera maorí, antes del inicio de un encuentro. :: LUCA BRUNO/AP

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El XV de Nueva Zelanda intimida al rival con su 'haka'. :: PETER MORRISON/AP

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El tres cuartos neozelandés Ma'a Nonu frota su nariz con un jefe tribal en una ceremonia de saludo conocida como hongi. Debajo, recepción a los all blacks. :: CHRISTOPHE ENA/ AP Y STEFAN WERMUTH/REUTERS

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Richie McCaw, flanker (número 7) y capitán de Nueva Zelanda, es un ídolo en su país y un auténtico héroe nacional. :: WILLIAM WEST/AFP

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