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El 'botellón', un problema importante de salud

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El 'botellón', un problema importante de salud

El consumo de bebidas alcohólicas viene motivado por la nueva forma de relacionarse que tienen los jóvenes de ahora y que va a ser difícil de eliminar

13.09.11 - 02:39 -
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Pocas veces, creo, hemos visto en los distintos medios de comunicación un titular de este tipo para referirnos a los jóvenes que se reúnen los fines de semana para comunicarse y relacionarse utilizando como medio de unión el consumo, generalmente excesivo, de alcohol. Y es que parece que el problema es sólo de orden público al reunirse habitualmente en zonas habitadas y al ocasionar ruido, acumulación de suciedad, destrozos de materiales públicos, etcétera. Siendo éste el problema (importante, sin duda) que ven los ciudadanos y los políticos, no es de extrañar que las medidas estén enfocadas a intentar alejar o alojar a nuestros jóvenes en lugares donde no molesten o a buscar dificultar la compra de bebidas alcohólicas.
Pero este es un problema complejo que tiene que implicar a todos los que, de una u otra manera, están relacionados con el consumo de alcohol en los jóvenes: los vendedores de bebidas alcohólicas, que deben ser conscientes del problema que pueden ocasionar con la venta de bebidas a jóvenes, cuyo consumo en exceso les puede llevar, en ocasiones, a hacer peligrar sus vidas. Aunque sabemos que la compra de bebidas está prohibida a menores de 16 años, también sabemos que es difícil que la Policía, o quienes se encarguen de cumplir esta ley, consigan 'pillar' el momento de la venta ilegal. En este sentido, poco se puede conseguir aumentado la edad legal para la compra de alcohol a los 18 años. El lugar preferido por los jóvenes, por su precio más barato, para la compra de bebidas alcohólicas son las tiendas o supermercados, donde me imagino que no hay un interés de venta que incite a saltarse a la torera esta ley, como puede suceder con algunos bares, donde incluso las preparan en el formato más frecuente de consumo: 'las litronas'. Los jóvenes, cuyo poder adquisitivo es más bien bajo, buscan los lugares más baratos y fáciles de venta para ellos. La Policía tiene que ser la encargada de que se respete la ley en la venta de alcohol, pero poco puede hacer ante los jóvenes que lo consumen, puesto que dicho consumo no está prohibido. Sí pueden, como creo que hace la Policía Local de Gijón, pedir la identificación de los jóvenes que ven consumiendo alcohol, y si son menores, dar aviso a sus padres, que al final serían los responsables de evitar que este tipo de conductas se repitan. Los medios de comunicación son también importantes dando a conocer a todos los ciudadanos el problema, pero no sólo desde un punto de vista de orden público, sino poniendo más énfasis en lo perjudicial que es este consumo. Los jóvenes responsables, a los cuales también se les puede y debe implicar. Ellos manejan el lenguaje y las redes de comunicación más habituales para comunicarse entre ellos, cuya eficacia hemos visto en los últimos meses, por tanto, es importante implicarlos para reconducir a los jóvenes hacia unas conductas más sanas.
Por supuesto, existe más gente involucrada, como los padres, los profesores, quienes publicitan estos productos... Es muy importante modificar la imagen social del consumo, como se ha hecho, por ejemplo, con el tabaco. Desde nuestro punto de vista (el de la Sociedad de Enfermería de Atención Primaria de Asturias), debemos hablar de la parte importante que nos corresponde: la prevención del consumo de alcohol. Para nosotros, también es un asunto difícil porque nos encontramos con varios factores en contra. Por una parte, el consumo de alcohol no está mal visto en nuestra sociedad e, incluso, en ocasiones, es recomendado en los nuevos consejos nutricionistas saludables: un «consumo moderado» del mismo... Hay que llegar a un consenso entre consumidor y profesionales de la salud sobre qué cantidad es considerada «consumo moderado».
Otro problema con el que nos encontramos es cómo llegar a esos jóvenes. Las revisiones de salud infantiles terminan cuando los niños/as cumplen los 14 años. A partir de ese momento, los perdemos como usuarios cuando precisamente necesitan más orientación relativa al comienzo de relaciones sexuales, el contacto con todo tipo de drogas, una mayor predisposición a caer en problemas relacionados con su imagen corporal, anticoncepción, etcétera. Parece que, a pesar de los años, de los avances en la ciencia, de mejorar los sistemas de comunicación y demás, seguimos encontrándonos con los mismos problemas: embarazos no deseados, sexualidad peligrosa, anorexia y ahora, y motivo de éste articulo, consumo excesivo de alcohol.
Este consumo viene motivado además por una nueva forma de relacionarse, que tiene lugar en nuestros tiempos y que va a ser difícil de eliminar. Todos sabemos, cuando somos jóvenes, que es importante formar parte de un grupo de amigos con los que salir y relacionarnos, pero, para formar parte de ese grupo, es necesario 'jugar' a su juego, de forma que si no lo sigues, quedas excluido de ese grupo. Éste se reúne y compra las bebidas con las que comparten esas reuniones y que lleva a muchos de ellos a no saber que deben tener cuidado, puesto que su consumo excesivo les puede ocasionar problemas de salud, no solo a largo plazo (cortos para su edad), sino más inmediatos, como comas etílicos, pancreatitis fulminantes, accidentes graves de coche o moto... Es fácil ver, cuando se pasea por una zona de 'botellón', a chicos y chicas en estado de embriaguez importante.
Desde los servicios sanitarios de Atención Primaria tenemos que empezar a tomarnos muy en serio el consumo de alcohol, como lo hicimos en su día con el tabaco, diseñar estrategias y programas preventivos y ver cómo podemos llegar a esos jóvenes. Puesto que no es frecuente que acudan a nuestras consultas, deberíamos buscar cómo llegar a ellos sin que nos vean como represores de una conducta que ellos consideran buena. En SEAPA creemos que es necesario incluir estos asuntos de forma más decidida en el curriculum escolar como parte de la educación sanitaria imprescindible que los adolescentes deben recibir. Asimismo, se deberían implementar programas educativos a las familias para prevenir éste y otros consumos nocivos y buscar, junto a entidades ciudadanas, alternativas de ocio y estrategias de promoción de la salud. A pesar de ser difícil, debemos intentarlo y hacerlo sumando esfuerzos de todos los que, de una u otra forma, estamos implicados en ello.
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:: GASPAR MEANA



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