Los fumadores de marihuana quieren disfrutar de las propiedades lúdicas y terapéuticas del cannabis del mismo modo que los aficionados al vino se acodan en las barras de una taberna. Reclaman su espacio dentro de la legalidad.
Un ejemplo de ello es la nueva asociación Llerbastur, que ayer fue presentada en la Casa de Cultura de Avilés dentro de la campaña que han iniciado sus promotores para dar a conocer sus objetivos por toda Asturias. Entre sus principales propuestas destaca la posible apertura de un club privado en el que consumir marihuana de acuerdo con el actual marco legal.
«Ya hay un club de este tipo funcionando bien en Paracuellos del Jarama, en Madrid», explicaba ayer Manuel Faustino Fernández 'Pichi', tesorero de la asociación. A medio camino entre un 'coffee shop' holandés y una sociedad gastronómica vasca, plantean que en el club se podría disfrutar de comida, bebida y marihuana con total tranquilidad, absolutamente dentro de la legalidad. «Desde luego no se puede hacer lo mismo en una asociación con diez miembros que con 150, por lo que la decisión final siempre será de los que integremos el colectivo», añadió Fernández. Por ahora, la entidad ya está legalmente establecida con sus objetivos y fines registrados por la administración del Principado. A partir de este momento, es cuando comienza el proceso para decidir el alcance de sus actividades.
En el acto de ayer en la Casa de Cultura se encontraba Juan Pedro Valbuena, presidente de la asociación Asgaya, el otro colectivo de consumidores de cannabis existentes en Asturias y que recientemente ha sido objeto de una operación policial que ha arrasado con la que iba a ser su primera cosecha de marihuana.
Sin ánimo de lucro
«Es lo de siempre. Te intervienen una primera vez, en el juicio sales absuelto porque tu cultivo es legal, y luego, por lo general, ya te dejan en paz», comenta Valbuena acerca de una legislación que permite el cultivo para consumo privado. «Se hace una estimación de consumo. Pongamos que de setecientos gramos al año por socio, y eso es lo que cultivas», explicaba Valbuena. Lo que no puede haber, son excedentes para una futura venta con ánimo de lucro «porque eso ya sí sería ilegal».
Al final, reconocía Fernández, se trata de aprovechar los resquicios que permite la ley para consumir un producto que, confían en Llerbastur, acabará teniendo en España una regulación similar a la de otras sustancias como el alcohol o el tabaco. No en vano, clubes como los dos citados, «lo que permiten a una serie de consumidores es salir del mercado negro». «En el club, además, sabemos lo que fumamos», añade Fernández, con cuya asociación se puede contactar a través del grupo en Facebook Club Llerbastur.