Pisa esta tierra Leonard Cohen. Ya ha recibido su galardón. Ya han escrito de él todos los periódicos y hablado todas la radios. Lógico. Lo merece. Yo no voy a ser menos. Toca y quiero. Esta es la versión más bloggera, barata y egocéntrica de un encuentro. Bueno, de cuatro encuentros.
Me atrevo a decir que Leonard Cohen ha sido una de las figuras más importantes de mi vida. Siempre digo que mi forma de estar en el mundo le debe mucho a tres poetas: Bruce Springsteen, Leonard Cohen y Bob Dylan. Estudié Literatura en la Universidad de Oviedo con la música de los tres y por su culpa. Ellos me llevaron a la poesía. Porque leer, en mi caso, siempre vino detrás de escuchar. Sentarme a traducir sus letras me hizo traducirles a ellos y traducirme a mí mismo.
Mi primer trabajo en la carrera fue sobre Lorca. Y fue por culpa del 'Take this waltz' por lo que elegí al granadino. Un canadiense descubriéndome «mi literatura». Ya ven.
A Cohen lo descubrí solo y precoz. Cuando tenía 12 años iba de campamento a aprender inglés a un pueblo de Cáceres. Ya ven, inglés en Cáceres. Los sábados había un mercadillo en donde se vendía fruta, calzoncillos, chatarra y casetes. Un día, con dos amigos, compramos varias cintas. Estuvimos largo tiempo mirando y el gitano nos impelió a llevarnos una cada uno. Una era de Dire Straits, otra de Whitney Houston y la otra era el 'I'm your man'. El gitano me dio la del hombre del plátano. Mis amigos se rieron. Un gitano dándome a un canadiense. Yo era de aquella un niño pegado a unos cascos.
Con 16 años nos fuimos con el instituto de semana blanca a Candanchú. 45 adolescentes en un mismo hotel. Chicos y chicas con las hormonas hirviendo. Yo leía 'El extranjero' de Camus en la habitación y escuchaba 'The Partisan'. Desertaba de la realidad que quería abrazarme. Ya ven, era gilipollas. Ahora no lo haría.
A los 21 tocaba en un grupo. Un 14 de agosto, el día de los fuegos, tocamos junto al grupo de mi amigo Igor Paskual -al que leen ustedes en este mismo periódico- en Panes. De madrugada volvimos en coche a Gijón; yo quería ver a una chica que me gustaba. Escuchaba 'There is a war'. Un guerra entre hombres y mujeres. La chica en cuestión no miró para mí. Ella tenía una larga lista de petirrojos caídos a sus pies.
Para bien o para mal, Cohen me ha marcado: introspectivo, riguroso y solemne como el Antiguo Testamento, obsesivo.
Y sin estar del todo seguro, creo que, a pesar de todo, debo de agradecérselo a aquel gitano.
¿Qué hubiese pasado si hubiese cogido la cinta de Whitney Houston?
Quizás ahora no viviría para la música y hubiese conquistado Manhattan, pero me alegro de ser un pájaro sobre un cable.