Ya en la propia película Pilar del Río aparece como es en las distancias cortas: vehemente y convencida, guerrera y decidida. En 'José y Pilar', el documental de Miguel Gonçalves que retrata su vida cotidiana con José Saramago en sus últimos años, el realizador deja de lado buena parte de la carga literaria para centrarse en la emocional, en la vida diaria del autor y de su esposa y traductora. Ella se enciende en muchos momentos; mientras que en otros se la ve pasar los brazos sobre los hombros de Saramago y besarle la frente. Debate y rebate, durante la entrevista, con energía, llega a levantar la voz. Pero al despedirse esboza una sonrisa amable.
-¿Dónde la situamos con respecto a Saramago? ¿Al lado, encima, detrás...?
-Al lado, por supuesto. Aunque intelectualmente él estuviera a años luz.
-Además de su esposa, fue su traductora. ¿Cómo es trabajar tan cerca de la fuente?
-Hay que procurar no dejarse llevar por la musicalidad, por la armonía de la creación de quien tienes al lado para que salga un buen texto. Pero es una suerte.
-Por otro lado, en el documental la vemos ejerciendo de barrera de contención, de alguna forma, de su marido. ¿Cómo se lidia con esa esfera de la literatura, la de tener a un primer ministro inaugurando una exposición sobre Saramago?
-O a una presidenta de Finlandia guardando cola para que le firmara un libro... En una ocasión estábamos en México con Joaquín Sabina, Miguel Ríos y Manuel Vázquez Montalbán. Y decíamos que sí, que formábamos una especie de cordón de seguridad en torno a él. Y sí, yo estaba allí para controlar la agenda y que su vida transcurriera por cauces normales.
-En otro momento, la vemos defender que no le callarán, que no dejará de escribir. Eso tampoco puede ser grato.
-Hay quien decía que ya que Saramago había escrito su libro, ya que había ganado el Nobel y que había obtenido el honor, la gloria y el dinero para qué iba a seguir escribiendo. Pues no solo lo hizo, sino que terminó 'Caín'. Jamás he conocido una persona tan joven y activa como él. Pero es que hay que trabajar. Ahora me indigna: ¿jóvenes sin futuro? ¿No tenéis futuro? ¡Hacéoslo! Todo lo que hay que decir sobre esto ya está en el 'Ensayo sobre la lucidez'. Pero claro, como leer cuesta esfuerzo... ¿Dónde estaban los que ahora se quejan cuando los problemas no les tocaban a ellos, sino a África? ¿Qué hacemos por mejorar el mundo? Ahí me quedo con una frase: «El otro es como yo y tiene derecho a decir 'yo'».
-Bueno, ante una pregunta sobre la escritura de Saramago ha acabado saltando contra el 15M, entiendo. Saramago dice en el documental que se enfrenta a la actualidad porque, como escritor, es además ciudadano. ¿Por eso salta usted ahora?
-Salto porque estoy viva, porque tengo experiencia en la vida. Salto por los saltos que no se dan todos los días. No siento compasión por los europeos blancos y rubios. Me preocupa por qué no salta la gente. ¿Dónde está la gente? ¿Quieren cambiar el mundo con los instrumentos de ayer?
-Hecho el repaso al estado de las cosas ¿qué propone?
-No es cuestión de proponer. Sencillamente digo que todo el trabajo que no se hace, nadie lo hace. Todo aquello que no sea levantarse por la mañana, preguntarse «¿Qué puedo hacer hoy por el mundo?» y acostarse agotado por haberlo hecho es baladí.
-¿Dónde encaja la cultura en este panorama?
-La cultura es pensamiento y lucidez. Una sociedad de pan y circo, por el contrario, se deja manipular. Y nuestros políticos son la viva imagen de lo que es una sociedad: en Asturias, es Francisco Álvarez-Cascos. Es el preferido de los asturianos. Yo, mañana [por hoy] estaré en el Centro Niemeyer reivindicando que es patrimonio de España. No sé cuánta gente estará allí.
-Ya que estamos: ¿qué va a pasar en España el mes que viene?
-Lo que los españoles digan. Pero mira por la ventana: ¿cuántos coches de los que pasan por aquí abajo están pagados? ¿Cuántos pisos de ahí enfrente están pagados? Al final, votarán para conservar lo que puedan. En Portugal, donde estoy nacionalizada, se celebraron elecciones en junio. Desde entonces los funcionarios se han quedado sin paga extra y ha habido recortes en pensiones y enseñanza.
-¿Dónde sitúa el legado de Saramago?
-El legado de Saramago es su obra. Esa obra está en la experiencia de cada lector, que por suerte son muy buenos. Quien quiera dilapidar a Saramago quiere dilapidar a la sociedad. Otros preferirán un partido de fútbol.
-¿El fútbol también es malo?
-Un partido de fútbol es un entretenimiento. Dieciséis a la semana son una alienación. Aunque quizás sean lo mejor que le puede pasar a una persona machacada, que no tiene nada.