Uno de los deportes que más sufre la crisis es el ciclismo. Encontrar patrocinadores es casi un milagro. A esta situación se suman los casos de dopaje surgidos en los últimos años, que han perjudicado su imagen. Pero aún así se resiste en Asturias, pese a que sólo cuatro corredores tienen asegurado hoy seguir en profesionales (Samuel Sánchez, Carlos Barredo, Benjamín Noval y Dani Navarro). En nuestra región funcionan once escuelas de ciclismo, que forman a unos 125 niños entre los 5 y los 14 años.
Son los motores del ciclismo asturiano, sobre todo si se echa la vista atrás. «Antes estábamos a tope, te juntabas con 40 ó 50 niños en la categoría de escuela y ahora tienes que estar rogando», lamenta Celso Fernández, de la Escuela de Colloto.
Esta entidad es una de las primeras que se fundaron en la región. Se disputa con la de Las Mestas el privilegio de ser la más antigua, pero eso es lo de menos. Para los responsables de la formación de las futuras estrellas del ciclismo astur es la disminución del número de niños que quieran practicar este deporte. «El problema reside -señala Fernández- en buena parte, en los padres. Son muchos los que se muestran reacios a que se apunten, porque ven el ciclismo como un deporte un poco arriesgado». La carretera es peligrosa para unos inexpertos chavales y las instalaciones al aire libre, donde se ven obligados a entrenar, no reúnen las mejores condiciones. «La mayoría de los días -dice el presidente de la Territorial, José Luis Junquera- hay que suspender el entrenamiento en La Morgal por la lluvia». Por ello, lleva años pidiendo un velódromo, cubierto y con luz: «Sólo nos falta ir de rodillas a Covadonga», dice, entre risas.
Pese a todo, la afición al ciclismo sigue siendo importante en Asturias, pese a «que vivimos en una sociedad acomodada», afirma Junquera. No obstante, tampoco trata de echar balones fuera: «Escuelas de ciclismo hay muy poquitas, realmente hay equipos de ciclismo con niños. Si tienes una escuela tienes que procurar mostrar a los niños todo lo que pueden hacer con la bicicleta. Cuando te centras en competir, limitas mucho al niño a inscribirse a una escuela de ciclismo». Una opinión que comparte Jesús Rodrigo, de la Escuela de Las Mestas. «Actualmente, los chavales tienen de todo. Tienen móvil, tienen videoconsola. Por eso cuesta, sobre todo a partir de los 14 años, que salgan a entrenar por carretera», explica.
Entonces, ¿cómo fomentar el interés de los chavales por este deporte? El presidente de la Federación asturiana cree que tiene la respuesta. «El ciclocross, por ejemplo, es una disciplina que engancha mucho a los niños, a quienes les encanta mojarse y ensuciarse de barro».
Junquera, quien se muestra optimista, asegura que, aunque la etapa actual es delicada, pronto pasará y algunas escuelas que ahora atraviesan un bache recuperarán el ritmo .
Femenina, en Occidente
Donde sí resurge con fuerza es en el Occidente asturiano. Hace ya dos años bajo las órdenes de Joaquín Bustelo, se creó gracias a la insistencia de un grupo de niñas, la sección de ciclismo del Club de Vela de Castropol.
A diferencia del resto de escuelas, es gratuita. El material del que disponen los chavales ha sido cedido por los vecinos. «Aquí nadie vive de los resultados, tenemos las cosas claras. Sólo queremos aportar todo lo que podamos a los chavales». El club castropolense cuenta con quince corredores de entre 5 y 16 años, aunque la plantilla, según Joaquín Bustelo, aún no está cerrada. «La razón de no contar con más niños se debe a la dificultad de los desplazamientos hacia el centro de la región. Además, acabamos de empezar y no podemos abarcar mucho», pero por otra parte no se queja, «porque el 75% de los que corren son niñas».
En Gijón también crece el número de féminas. «Cada vez son más las que se apuntan y el porcentaje de niños y de niñas se iguala», dice África Raposo, directora deportiva de la Escuela Coque Uría, la única mujer que ejerce como técnico en Asturias. Tiene 21 años y, debido a los estudios, se vio obligada a bajarse de la bici. Una situación que se repite, asegura con pena, en muchos casos. Confiesa que el paso a la élite es duro y que muchas chicas, ante la falta de apoyo, dejan aparcada la bicicleta para centrarse en los estudios «Si eres niña tienes que llamar mucho la atención para que se fijen en ti», se queja África Raposo. De los 14 niños que corren en esta escuela gijonesa, tres son chicas.
Campeonas en Siero
«En Asturias tenemos buenas ciclistas», confirma. Una de ellas es la cadete Alicia González Blanco. A sus 16 años es la actual campeona de España de ciclocross, en BTT, de contrarreloj individual y de velocidad olímpica en la pista, un palmarés que nada tiene que envidiar al de los grandes.
A Sara Cuetos, un año mayor que ella, tampoco le va nada mal: se llevó el bronce en juvenil en el Nacional de ciclocross. Ambas pertenecen a la Escuela de Viella, dirigida por Carlos González, 'Cali'. Es la que cuenta con más chicas inscritas y la única que tiene un equipo propio de féminas que compite a nivel nacional. Por este motivo, y para participar en igualdad de condiciones, mujeres contra mujeres, no tienen más remedio que viajar al País Vasco o a Madrid.
En Siero, como en el resto de concejos, también han notado esa falta de motivación. En este momento hay 25 inscritos, que pagan una cuota anual de 150 euros. «Hace dos años -apunta 'Cali'- no se cobraba nada a los chavales, pero solo el material que recibían de manera gratuita costaba al club 250 euros por alumno». No es la única escuela que exige una pequeña cuota. En el caso de la de Colloto la cifra es de 160 euros. A estas alturas, unos 20 chicos se han inscrito. «La ventaja», señala su responsable, Celso Fernández, es que el corredor que se apunta podrá dar el salto a cadetes, juveniles y más tarde competir en una categoría superior, como es la élite sub 23. En ella, el equipo ovetense se encuentra entre los diez mejores de España. «De aquí salieron buenos ciclistas y espero que sigan saliendo, como el oro olímpico de Samuel Sánchez», detalla Fernández.
Menos recorrido tiene la primera y, hasta el momento, la única escuela del Oriente asturiano. Hace un año se puso en marcha bajo las órdenes del actual campeón de Asturias de BTT, José Luis Blanco, y en apenas 365 días ha multiplicado el número de niños. El éxito se debe al vacío que existía en materia de ciclismo esta zona de Asturias.
Once medallas
Tanto trabajo tiene su recompensa. En septiembre, el presidente de la Federación de Ciclismo del Principado regresaba a casa en compañía de un grupo de chicos cadetes que venían de correr en el Campeonato de España de Pista de Tafalla. Pero no llegaron solos, traían consigo once medallas.
«La disciplina de pista era prácticamente una desconocida desde la época de Alperi y con estos chavales vuelve a tener presencia a nivel nacional, cuando llevamos dos años escasos trabajando con los niños en esta modalidad», recalca Junquera.