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'The End', por Mariano Martín Gordillo

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'The End', por Mariano Martín Gordillo

15.11.11 - 02:36 -
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El domingo pasado he visto la última película en el Niemeyer. Desde hace algún tiempo anoto los títulos de las que veo, por eso sé que, con ésta, son cuarenta las películas que he visto allí. A modo de letanía u oración fúnebre las recordaré al final de este escrito en el orden en que las he disfrutado desde el 7 de junio hasta el 13 de noviembre, en que se cerró el cine del Niemeyer.
Desde que tengo memoria conservo recuerdos de películas vistas en cines. El primero, el de la tarde de un domingo que, con cuatro o cinco años, me llevaron unas chicas mayores (de doce o trece) a ver una película de Raphael en el pequeño cine del barrio en que nací. A comienzos de los ochenta aprendí los nombres de muchos directores europeos en los ciclos de la Casa de la Cultura de la calle Bances Candamo. De hecho, el golpe del 23F lo tengo asociado con Godard porque aquel lunes la Alianza Francesa proyectaba allí una película suya. El verano de las oposiciones es, para mi, el tiempo en que descubrí los Alphaville y disfruté con los estrenos o las reposiciones de las maravillosas películas en versión original (La noche del cazador, Atraco perfecto, Senderos de gloria.) que ocuparon tantas tardes de aquel julio del ochenta y seis. Desde entonces es rara la vez que voy a Madrid y no me paso por la calle Martín de los Heros o que estoy en Barcelona y no me acerco a la calle Verdi. Son costumbres que he llevado también a mis viajes a La Habana, Montevideo o Buenos Aires. Creo que las ciudades cobran vida al verlas en el cine, pero también que sus cines muestran algo de la vida que tienen las ciudades.
Aquí me encantan las noches del Marta (mi querido cine de Avilés), las tardes de los jueves en la Casa de la Cultura o los atracones de cada noviembre en el festival de Gijón. Y ha sido un regalo maravilloso que estos placeres se hayan multiplicado con las proyecciones diarias en versión original (a tres euros unas veces, gratis otras) que tanto nos han hecho disfrutar a tantos en el Niemeyer. Para mi, la sala de cine más bonita del mundo.
Por eso no olvidaré nunca a quienes han hecho posible lo que hemos vivido en estos cinco meses. Pero tampoco olvidaré nunca a quienes ahora truncan este sueño. Ni tampoco a los equidistantes y neutrales que tanto bien les hacen a los que hacen el mal. Lo bueno de la vida se lo debemos a quienes con ilusión hacen las cosas, no a quienes con rencor las destruyen.
No sé qué pasará a partir de ahora con el Niemeyer, pero sé que desde el martes ya no podré ver en su cine una nueva vieja película cada día. De alguna manera, contrariando a Tavernier, hoy termina todo.
Rashomon de Akira Kurosawa, Io Don Giovanni de Carlos Saura, Trono de sangre de Akira Kurosawa, El séptimo sello de Ingmar Bergman, Ocho y medio de Federico Fellini, Los cuatrocientos golpes de François Truffaut, Amarcord de Federico Fellini, Goya en Burdeos de Carlos Saura, Cortometrajes de Lotte Reiniger, La noche oscura de Carlos Saura, Metrópolis de Fritz Lang, Ciudadano Kane de Orson Welles, Toro salvaje de Martin Scorsese, Rebelde sin causa de Nicholas Ray, Maami de Tunde Kelani, El cartero siempre llama dos veces de Bob Rafelson, Looking for Richard de Al Pacino, Titus de Julieta Taymor, Senderos de gloria de Stanley Kubrick, Ricardo III de Laurence Olivier, Fresas salvajes de Ingmar Bergman, La caja de música de Constantin Costa-Gavras, Martha Marcy May Marlene de Sean Durkin, Margin Call de J. C. Chandor, American Beauty de Sam Mendes, Ladrón de bicicletas de Vitorio de Sica, El discreto encanto de la burguesía de Luis Buñuel, El ángel exterminador de Luis Buñuel, El tambor de hojalata de Volker Schlöndorff, El joven Törless de Volker Schlöndorff, El honor perdido de Katharina Blum de Volker Schlöndorff, Frances de Graeme Clifford, José y Pilar de Miguel Gonçalves Mendes, La gran ilusión de Jean Renoir, All that jazz de Bob Fosse, El limpiabotas de Vittorio de Sica, Lula, el hijo de Brasil de Fabio Barreto, La samba que vive en mi de Georgia Guerra-Peixe, Woody & Stock de Otto Guerra, Hotel Atlántico de Suzana Amaral.
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