Treinta años viendo pasar la vida encima de una Vespa no es algo de lo que puedan presumir muchos. Joaquín Sordo Somohano se bajó definitivamente de su moto, con la que repartía el correo en cuatro pueblos del concejo de Llanes, hace ahora cinco años. Ahora, el Club Vespa de Llanes ha decidido nombrarle socio de honor de la agrupación, un premio que «me hace mucha ilusión», comenta el galardonado, y que espera recibir «rodeado de mi familia».
Joaquín nació en la localidad de San Roque del Acebal. «Nunca me moví de aquí. En este pueblo nacieron y se criaron mis cinco hijos», explica. Tanto él como su mujer, Trinidad, dedicaron buena parte de su vida a repartir las cartas de los vecinos de San Roque, La Galguera, Soberrón y Andrín sobre dos ruedas. «Mis hijos tenían motos de montaña, pero querían coge la mía cuando eran pequeños. Yo no les dejaba, les decía que era intocable, un elemento más de mi trabajo».
Al duro trabajo diario de repartir el correo, este llanisco le sumaba además la labor que desempeñaba en una fábrica de La Pereda, donde también permaneció durante más de treinta años. «Por eso mi mujer tenía que ayudarme a repartir. Estábamos casi todo el día camino de la estación, para recoger las cartas que llegaban en tren, y luego eran necesaria una media de seis horas y media de trabajo diarias», detalla Joaquín, quien asegura haber hecho durante todo ese tiempo «entre 25 y 30 kilómetros diarios». Por este motivo, por sus manos han pasado, desde que tuviera la primera Vespa en 1965, cinco motos diferentes. «El mal estado de las carreteras, los baches, el arranca y para de los repartos... todo contribuía a que las motos se estropearan más rápido», relata. Las cinco tienen un denominador común, «siempre elegí Vespas, son las más cómodas para un trabajo como el que yo hacía». La última de ellas, una TX 150 de color gris, la guarda con afecto. «Fueron muchas las horas en moto, todas las mojaduras fueron para mí cuando llovía, y sólo en una ocasión me caí de ella. Tengo muchos recuerdos».
Por este apego a la Vespa, el club llanisco le entregará, el próximo día 5 de diciembre, su carnet de socio de honor y, seguramente, le reiterará su invitación para ser uno más en alguna de sus rutas que el colectivo realiza periodicamente. «Ya me invitaron más veces pero no me animé. Si algún día hacen una por aquí cerca y hace buen tiempo iré», asegura. Éste es el segundo año que la agrupación motera entrega esta distinción. La primera galardonada fue María Teresa Llaca y los siguientes en recibir el premio eran, el año pasado, los hermanos José Luis y Francisco Rozas.