Las amplias biografías publicadas estos días consecuentes del fallecimiento del periodista gijonés afincado en Madrid Mauro Muñiz Rodríguez me llevan a escribir sobre el Mauro que yo he conocido, cuando siendo unos guajes madrugábamos para ir marcando el campo de juego al unísono que la marea iba dejando arena sobre la playa de San Lorenzo. Mauro jugaba en El Garcilaso y mi hermano Gonzalo y un servidor en El Parque, equipo del entonces Parque Infantil y ahora llamado Plaza de Europa. Más tarde, ya con botas y en terreno de hierba, numerosas veces nos enfrentamos en el campo de La Florida y en el de Viesques, Mauro defendiendo al San Lorenzo y nosotros, al San José. Mauro Muñiz era un extremo clásico, rápido, hábil y escurridizo, un tipo de jugador y una demarcación que se echa de menos en el fútbol actual. Años más tarde volvimos a encontrarnos siendo él ya un profesional del periodismo y yo un modesto colaborador del diario EL COMERCIO, de la calle Corrida y Santa Lucía. Su vida de periodista y su obra literaria ha sido amplia, profesional y sobre todo auténtica, en defensa de los valores que siempre fueron su 'santo y seña'. Mauro decía que quiso ser periodista desde que su abuelo le daba dos reales para ir a comprar el periódico y aprovechaba el recorrido desde el kiosco a casa para ojear lo que su abuela llamaba 'el mentidero'.
Después de leer varios de sus libros y artículos, creo que en la obra de Mauro Muñiz hay un denominador común, que es la 'coña marinera' que sin duda alguna absorbió de Arturo Arias (padre) y la seriedad y concreción de Francisco Carantoña, sin olvidar sus raíces de areneru gijonudo y playu hasta la médula, como lo demostró aquel 29 de junio del año 2003, en que durante la cena del Ateneo Jovellanos para la entrega del 'II Premio Ludi de Poesía', Mauro manifestó haber descubierto en el rocas de la playa de San Lorenzo una piedra especial llamada 'Gijonita', con poderes mágicos y extraterrestres.
Qué duda cabe que con la marcha de Mauro Muñiz se nos va un gran gijonés y un gran amigo, amén de un consagrado escritor que brilló con luz propia en el complicado mundo periodístico de la capital de la nación. Era ese rival de juventud y luego amigo para siempre, del que ahora nos damos cuenta de que resulta insustituible. En el más allá, Mauro Muñiz podrá escribir libremente y seguro que tarde o temprano volveremos a jugar algún partido de fútbol, aunque en esa ocasión ya será en el mismo equipo y con idénticos colores para toda la eternidad. Mauro, somos muchos los que en este Gijón del alma te echaremos de menos. Por muchos motivos pero, sobre todo, por la autenticidad de tu vida y obra. Descansa en paz.